El “oficio” de heoibikuni surgió en el periodo Edo para solucionar el problema de los pedos en la burguesía femenina de la época.

La sociedad japonesa disfrutó en la era Heian (de 794 a 1185) de una explosión cultural en la que las diferentes expresiones artísticas brotaron y se desarrollaron ampliamente en la aristocrácia japonesa mediante la idolatración de la belleza en todas sus formas. Todo ello se fue al traste durante los siguientes años y la imposición de shogunato, un periodo de guerras, auge de la clase guerrera y penurias para el pueblo llano.

Pero durante el periodo Edo (desde 1603 hasta 1868), con el shogunato del clan Tokugawa, Japón volvió a vivir unos años de paz. Y con la paz volvieron a resurgir las artes y los modales refinados de la burguesía, como modelo ejemplar de la belleza humana, que tan importantes fueron en el periodo Heian. Pero claro, hay cosas que por muy refinado que seas ocurren, han ocurrido y ocurrirán siempre, como que un sonoro pedo (sí, sí, PEDO) retumbe con eco en el silencio de una ceremonia del té o de una negociación entre familias con jóvenes casamenteros. Es en esos momentos cuando la heoibikuni (屁負比丘尼) entraba en acción.

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Las heoibikuni acompañaban a las damas de la aristocracia japonesa, a modo de damas de compañía, y pero eran las encargadas de atribuirse los sonoros y pestilentes pedos de su señora, que en su perfecta representación de la belleza femenina, debían de presumir de que hasta sus pedos sonaban como ruiseñores y olían a violetas silvestres. Las heoibikuni eran las cabezas de turco y debían de atribuirse la falta y la humillación de tirarse pedos delante de otras personas, ya fuera frente al futuro esposo de su dama o delante de toda la corte, se dice que más de un matrimonio llegó a buen puerto gracias a la astucia intromisión de una heoibikuni en el momento justo, pues a quién le puede causar buena impresión que en el momento de conocer a su futura esposa esta se tire un pedo.

… ¿A que tu trabajo ya no parece tan malo?