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El pasado XXI Salón del Manga de Barcelona contó con muchos invitados, pero entre todos ellos había uno que personalmente esperaba con especial interés. Se trata de Sadae Kasaoka, superviviente de la bomba atómica de Hiroshima.

“A las  ocho y cuarto de la mañana del 6 de agosto de 1945 lanzaron una bomba atómica a la ciudad de Hiroshima, por primera vez en la historia. La bomba estalló en el aire, a unos 600 metros, justo encima de la clínica Shima y aproximadamente a unos 400 metros del actual Museo Memorial de la Paz y del Parque Memorial de la Paz”

Así comenzó la historia de Sadae Kasaoka frente al público que abarrotaba las sillas del escenario del espacio «L’Esperit de Japó», en su mayoría jóvenes visitantes al Salón que nunca han tenido que vivir una guerra más allá de los videojuegos o películas con final feliz. Sin duda lo que Sadae Kasaoka nos contó fue un duro golpe de realidad.

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Quizás si eres muy sensible no deberías de leer a partir de aquí.

Cuando apenas tenía 12 años, cayó sobre su ciudad la terrible bomba Little Boy. La casa que Sadae compartía con sus padres, sus dos hermanos (uno mayor que estaba en Kobe y otro menor que se encontraba también fuera de la ciudad durante esas semanas) y su abuela estaba a algo más de tres kilómetros del punto donde explotó la bomba. En esos momentos Sadae estaba con su abuela en casa, ninguna de las dos murió por la explosión, pero sufrieron heridas en todo el cuerpo por el impacto de los cristales y paredes rotas en la explosión.

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Su padre no tuvo tanta suerte, pues lo encontraron más tarde con todo el cuerpo quemado, pero vivo. Apenas lo podían mover o lavar, pues su piel quemada se desprendía fácilmente dejando el cuerpo en carne viva. En aquel entonces se decía que no se podía dar agua a un quemado, así que por mucho que su padre se la pedía durante los dos días que duró su agonía Sadae no se la dio por miedo a provocarle la muerte. En sus últimos momentos de vida, cuando ella notó que ya se iba de este mundo, corrió a traerle una cerveza, una de las cosas que a su padre más le gustaban, para darle un último placer y que no dejara este mundo de una forma tan triste y cruel. Pero no llego a tiempo y Sadae siempre se sentirá culpable por ello.

Semanas después su hermano mayor, que había venido desde Kobe en cuanto las noticias de la explosión de la bomba llegaron hasta la ciudad, logró encontrar en una lista de víctimas el nombre de su madre. Tan solo había quedado un trozo de tela y un mechón de pelo, por lo que nunca pudieron saber a ciencia cierta que pertenecieron realmente a su madre.

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Posteriormente Sadae se casó con otro de los supervivientes del bombardeo a Hiroshima, pero enfermó de cáncer, provocado por los altos niveles de radiación a los que estuvo expuesto después de la explosión, ya que al igual que su hermano mayor su marido pasó semanas deambulando por la ciudad en busca de su familia. Murió prematuramente dejando de nuevo una nueva generación, la de sus hijos, afectada por las consecuencias de la bomba atómica.

Sadae Kasaoka no contó su historia a nadie hasta los 68 años, cuando su nieto se lo pidió por una tarea del colegio. Al ver que los niños prestaban atención, se interesaban por ello y les servía para aprender el peligro y el error que suponen las armas nucleares decidió seguir contando su experiencia a todo aquel que quisiera escucharla. Ahora ella es una de los «emisarios especiales en pro de un mundo sin armas nucleares» designados por el Gobierno japonés con el fin de transmitir a las nuevas generaciones, nacionales e internacionales, la desastrosa realidad de las armas nucleares.

El discurso de Sadae Kasaoka fue conmovedor, pero muy duro, desgarrador en algunas ocasiones. Especialmente impactante cuando explicó como un día, cuando fue a buscar agua, levantó la vista y vio a un grupo de personas, caminando como zombis por la carretera en busca de un hospital cercano. Tenían las ropas rasgadas y les colgaban de sus brazos y piernas. Pero en realidad no era ropa lo que colgaba de sus extremidades, era su propia carne quemada…

Escuchar a Sadae Kasaoka narrar su experiencia fue duro, sí. No me avergüenzo en confesar que yo era una de esas que estaba en primera fila, inundada en lágrimas, que iban y venían a medida que escuchaba la conmovedora experiencia de esa pequeña niña de 12 años, con voz rotunda y firme en ocasiones, y quebrada por las emociones en otras.

Una vez finalizada la conferencia de Sadae Kasaoka, y aprovechando que al ser jueves no había aún mucha gente en el Salón del Manga, me dirigí a la exposición Mangas Nucleares y allí dejé pasar los minutos entre los textos y fotos de la exposición.

Os dejamos con unas imágenes de la charla de Sadae Kasaoka, de la exposición Mangas nucleares y un pequeño montaje en vídeo que esperamos que os guste.

No permitamos que la tragedia se olvide o se repita, divulguemos su historia a todos aquellos a los que no pudo llegar en este XXI Salón del Manga de Barcelona.