La belleza de la ciudad era, ni más ni menos, la belleza de sus heridas.

Hoy hace 45 años del fallecimiento del escritor Yukio Mishima. Quizás le conocéis o habéis visto de refilón la noticia del aniversario de su muerte en algún periódico o por los rincones de Internet, pero pocos de vosotros sabréis quién fue realmente Yukio Mishima, su obra, su legado y porqué su muerte es una fecha más señalada para recordar que su propio nacimiento… Esto último seguro que le gustaría a este escritor japonés. De hecho, no me avergüenza decir que yo tampoco sabía nada de él hasta que la casualidad llamó a la puerta, como suele ocurrir muchas veces. Casualmente, me enteré de que el próximo 3 de diciembre el escritor y profesor Carlos Rubio dará una conferencia en el ‘Els quatre gats del Serret’  (C/Aragon, 108-BCN) sobre los 45 años de la muerte de Yukio Mishima. En realidad, cuando vi el nombre no me sonó, pero se “guardó automáticamente” en mi memoria para buscar información antes de asistir a la charla… ¡Al menos para ir informada! Pero ayer comencé a ver el mismo nombre por algunas páginas de noticias japonesas que sigo habitualmente por Facebook. Ya era casualidad, ¿no? Así que hoy me he puesto manos a la obra para ver quién era este personaje y porqué se recuerda el día de su muerte.

Resulta que Yukio Mishima era un escritor japonés que nació en 1925 en Tokio. Descendiente de una familia relacionada con el clan samurái de la era Tokugawa (Periodo Edo), fue criado por su abuela. Estudió Derecho y comenzó trabajando como funcionario en el Ministerio de Finanzas japonés, pero en cierto momento lo abandonó todo para dedicarse a la literatura.

200px-Yukio_Mishima_1931Se convirtió en un firme defensor de las costumbres tradicionales de su país, siendo muy crítico con el nuevo giro cultural y social que Japón había adoptado tras la rendición en la Segunda Guerra Mundial y la posterior ocupación por los norteamericanos. Esto supuso toda una humillación para una hombre como Mishima,quien había sido criado bajo los valores tradicionales de Edo para crecer en el Japón de la decadencia y el elogio del patriotismo desmedido. Mishima consideraba que la sociedad estaba perdiendo su esencia, doblegándose ante las nuevas tendencias de occidente. Paradójicamente, Yukio Mishima no solo fue uno de los escritores japoneses más conocidos en occidente durante la época, sino que también estudió, viajó y sus obras mostraban una clara influencia de estilos foráneos.

Profundamente decepcionado con su gente, Mishima fundó un grupo llamado ‘Tate No Kai‘ (sociedad del escudo) y, aunque era un tipo de milicia, no poseía armas, ya que su misión era ser el escudo del emperador, figura a la que seguían venerando. El objetivo que perseguían era volver a convertir al emperador en seña de identidad del pueblo nipón.

Así llegó el 25 de noviembre de 1970, día en el que, acompañado por cuatro compañeros de la milicia, Yukio Mishima visitó el cuartel general de Tokio del Comando Oriental de las Fuerzas de Autodefensa de Japón.  Con la excusa de hacerle una visita entró en el despacho del comandante y le cogió de rehén. Al enterarse de lo sucedido, los soldados se concentraron en el patio, momento que Mishima aprovechó para salir al balcón y pronunciar un discurso que debía de motivarlos para revelarse y unirse a su causa. Pero fracasó estrepitosamente por lo que, entre gritos en contra e insultos, volvió a entrar en el despacho y realizó el Seppuku para que su muerte fuera un ejemplo de su causa.

Discurso de Mishima en el balcón del despacho del comandante en el cuartel general de Tokio del Comando Oriental de las Fuerzas de Autodefensa de Japón

Y así desembocamos en la muerte de Yukio Mishima, una muerte por seppuku, el sacrificio ritual ligado al antiguo código de honor de los samuráis. Mucho más que un suicidio, ese acto representaba las antiguas tradiciones, el honor, la solemnidad, la fidelidad por sus valores, un duro golpe para una sociedad que creía haber dejado esos ideales atrás, pero en la que en el fondo de cada individuo latía aún la herencia del guerrero.

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Si ya de por sí el simbolismo de la muerte de Mishima fue cuidado al detalle, pues sabiendo que iba a morir hasta escribió su último haiku el día anterior*, el marco que creó el escritor, tras dos años de planificación, catapultó su última acción hasta convertirla en toda una leyenda.  El día antes de su muerte envió a su editor el original de su última novela, la cuarta parte de El Mar de la Fertilidad: La Corrupción de un Ángel, algo así como una crónica anunciada de su vida y muerte. La obra quedó así terminada y publicada póstumamente.

Por si todo eso fuera poco, la peor parte para Yukio Mishima llegó en el momento de hacer el seppuku, pues no solo erró en la profundidad del corte, que no fue mortal, sino que, además, el discípula encargado de decapitarle, Masakatsu Morita, falló hasta en tres ocasiones y tuvo que ser otro de sus acompañantes el que por fin le diera el golpe de gracia. Tras semejante agonía, Morita intentó cometer seppuku para seguir a su maestro, pero falló y finalmente sobrevivió. Quizás la muerte de Yukio Mishima reflejó la melancolía y ostracismo que envolvió su vida.

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Así pues, según todo esto que he podido saber en poco más de una tarde (que no es mucho, pero algo es), se puede responder mínimamente al «por qué» del recuerdo hacia este escritor en el día de su muerte. Yukio Mishima fue solo el símbolo de la sociedad dividida entre el peso de la tradición y la imposición de las normas morales occidentales. Una sociedad que en poco tiempo salió de la edad feudal para convertirse en una potencia industrial en la que se imponía el pensamiento patriótico para justificar las guerras y el militarismo con el que el nuevo gobierno hacía frente a esa Era. En pocas décadas el patriotismo se convirtió en humillación tras las bombas de Hiroshima y Nagasaki y la ocupación del enemigo en tierras niponas. ¿Cómo querían que la sociedad afrontara todo esto agachando la cabeza y asintiendo? Yukio Mishima fue solo hijo de una época confusa, como toda una generación, la misma que lo recuerda y que, seguramente, aún en el fondo de su corazón está dividida.

*Existe un tipo de haiku que se escribe justo antes de la muerte, en este caso por seppuku, a modo de últimas palabras.

Documental sobre Yukio Mishima del año 1985 en TVE1