Hoy hablaremos de uno de los yôkais más populares: el tanuki, conocido tanto por su poder de transformación como por sus enormes cojones, digo testículos.

El tanuki, o tejón, es un animal muy común en Japón y en general, en toda Asia. En la antigua creencia sintoísta se decía que era un ser equiparable a un dios, pero con la introducción del budismo pasó a ser uno de los muchos animales a los que se les atribuían el poder de mediar con los dioses, bajándole así un eslabón a su divinidad. Como animales son tímidos y nocturnos, y como yôkais son seres alegres pero temidos por sus travesuras y trucos, pero a la vez muy populares por su tierno aspecto, por ello las estatuas de tanukis decoran las entradas de muchas casas y comercios.

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Cuestión aparte son sus enormes y mágicos testículos, que se pueden transformar en diferentes objetos para la comodidad de los animales, como por ejemplo en armas, tambores, abanicos o sombrillas. Cuando los tanukis se transforman sus testículos suelen transformarse en un atributo complementario al disfraz como un carro en caso de transformarse en vendedor ambulante ¡Tienen que ser realmente enormes!

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El tanuki tiene una cancioncilla popular que es aprendida por los niños japoneses:

“Tan tan tanuki no wa Kintama / Kaze mo nai no ni Bura bura”

Los tanukis son considerados yôkais maliciosos, aunque no son temidos por su violencia hacia los humanos, como ocurre con otros yôkais que no dudan en comer, aplastar o ahogar a nuestros congéneres nipones. Pero siempre se tiene que tener cuidado no vaya a ser que te cruces con un tanuki gamberrete que te juegue una mala pasada ¡Recuerda que no solo se pueden transformar en humanos! También pueden adquirir formas de animales o cosas, como piedras, monstruos horrible, estatuas, objetos del hogar, tu perro, hasta quizás ese ratón de ordenador que se mueve solo cuando le da la gana…

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