¿Qué podía comer un Homo heidelbergensis? Hasta ahora, sabíamos que se alimentaban de vegetales y, sobre todo, de caza. Sin embargo, existe una prueba irrefutable de que en su dieta incluían alimentos como salchichas, trozos de jamón, muslos de pollo y cochinillo. Pero no un cochinillo cualquiera, sino uno asado con una manzana en el interior de su boca. La prueba nos llega con el videojuego Chuck Rock.

Con alimentos así, no es de extrañar que su protagonista utilice su enorme barriga para defenderse de todos los enemigos que encuentra a su paso. Y efectiva es porque, de un solo toque, consigue matarlos a todos. Hay quienes prefieren recorrer su aventura equipados con espadas o cuchillos. También están los valientes que se atreven a explorar sin nada más que su habilidad en patadas y puñetazos. Y luego están aquellos que, como nuestro personaje, se las apañan casi exclusivamente con su panza. ¡Eso sí que tiene mérito!

 

Una papada inolvidable

Chuck Rock no es el único título en el que conviven humanos y dinosaurios. Core Design, sus creadores, no debieron creer mucho en la teoría de que los mamíferos comenzaron a crecer tras la extinción de los dinosaurios y en que, sin ésta, nunca hubiesen sido como en la actualidad. A igual que ocurría en Caveman Games, Joe & Mac: Caverman Ninja o los recientes ARK: Survival Evolved y Primal Carnage: Extinction, ambos se pasean en el mismo mundo.

Chuck Rock juego

En esta ocasión, su personaje principal es un hombre de lo más seductor: barriga, minifalda a base de hojas, con chepa y medio calvo. Para rematar, contaba con una enorme papada, a juego con su poderosa tripa. De hecho, quizás sea su principal seña de identidad. Para que no se sintiera raro en mitad de la naturaleza, los animales y criaturas que le rodeaban también contaban con cara de circunstancia y con expresiones que parecían indicar que vivían en una absoluta tranquilidad.

Así, tenía compañeros a los que recurrir para avanzar, ya fueran enormes diplodocus sobre los que andar o un pterodactilo que le transportase a las zonas más altas. Especie que, por cierto, contaba con una fuerza descomunal, ya que era capaz de soportar los cien kilos de nuestro amigo sin ninguna queja. Entre sus aliados, también encontramos cocodrilos. A estos había que tirarles una enorme roca y que así funcionasen a modo de balancín para subir a las alturas. Con amigos así, ¿quién necesita enemigos?

Pues parece que Chuck sí. Tal vez estos compañeros, cansados de que depositasen enormes rocas sobre sus lomos, se revelaron un día, convirtiéndose en enemigos. Estos van restando vida al protagonista conforme se choca con ellos y pasan por enormes libélulas y arañas (ya se sabe que los insectos eran enormes en esa época), ranas y erizos gigantes, murciélagos con sobrepeso, monstruos de fango, más criaturas voladoras y criaturas con la mirada perdida de todos los colores, especialmente moradas, que parecen estar recién sacadas del psiquiátrico. Su especie, todo un misterio.

Chuck Rock Core Design

Es comprensible que quiera acabar con todas ellas para así seguir con vida, ya sea a base de barrigazos, de patadas o con el uso de las enormes rocas dispuestas por todo el camino. Pero que acabe con la vida de pequeñas y adorables criaturas recién salidas del huevo que corren detrás de su madre, ya es otra cosa. Sobre todo teniendo en cuenta que no sabemos el porqué a la misión de recorrer medio mundo hasta el final del juego. ¿Ya hemos dicho que eran las más adorables e inocentes del mundo?

 

Cuatro niveles, más uno trágico, con sus jefes finales

Chuck Rock es un juego de plataformas aparecido en 1991. Primero vio la luz en Amiga, Atari ST y Commodore 64. Después, lo hizo en las consolas Sega Mega Drive, Sega Master System, Sega Game Gear, SNES y Game Boy. A modo de curiosidad, sus creadores son conocidos por dar vida a la marca Tomb Raider, que llegaría unos años después y que poco o más bien nada tenía que ver con el juego que nos ocupa (sin menospreciar al barrigón).

En esta aventura, el jugador se ponía en la piel de Chuck para recorrer un total de cinco niveles. Como juego de plataformas clásico, el avance era lateral y no había ningún tipo de pérdida ni de estancamiento una vez que supiésemos darle utilidad a las rojas y utilizar a los animales para seguir avanzando. Ambientado en plena naturaleza, el campo daba paso a una clásica cueva, con sus respectivos ascensores, rocas con barro, setas “sospechosas” e inscripciones en piedras (o, más bien, dibujos realizados por niños). Tras completarla, el protagonista se sumergiría, por primera vez, en el agua.

La razón de por qué en el primer nivel no era capaz ni de “mojarse los pies” en hierba alta, mientras que en el tercero nadaba con soltura no está nada clara. Quizás fuera porque en el primero contaba con esos aliados, siempre dispuestos a ser pisoteados, mientras que en el segundo, más allá de enormes ballenas amigas, se rodeaba de cangrejos, tortugas, peces espada y medusas con gorro de cocinero que podían quitarle vida. Al menos, empezó a incluir en su dieta calabazas, zanahoria y pescado. Lástima que las proteínas de este último fueran a base de tragarse a los peces más pequeños y, de nuevo, encantadores.

Chuck Rock game

Tras las clases de natación, llegó el patinaje sobre hielo en el que coincidiría con enemigos atrapados en bloques o con aquellos que se empeñaban en lanzarle bolas de nieve. Los rinocerontes lanudos no estarían de su parte, ni tampoco los animales verdes que temblaban con el frío.

Sin embargo, sí que lo estarían los pequeños mamuts, que dejarían utilizar sus colmillos a Chuck (o el interior de su boca) para que éste se impulsase hacia arriba o hacia delante. Sin embargo, parece ser que al mamut gigante que se presentaba como jefe final del nivel no le hizo mucha gracia que utilizase así a los de su especie. ¿Por qué iba a enfrentarse sino a él mientras que el resto eran amigos? Es en este cuarto nivel donde los muñecos de nieve formaban parte de la decoración y donde aprendió las ventajas de alimentarse a base de bolsas de guisantes.

Por último, el jugador se embarcó en el quinto y último nivel. De él, no destaca que Chuck siga matando a diestro y siniestro, sino que muchos de sus protagonistas, especialmente dinosaurios ya están muertos. Y no solo aparecen en forma de esqueleto. También lo hacen boca arriba, con la lengua fuera, boca abajo y espatarrados o sentados, con la cabeza caída. Los que aún se mantienen vivos tienen forma de enorme moco verde o de perros-momia. En este escenario devastador, a modo de cementerio, los huesos eran la única comida. Eso sí, contaban con una gran sonrisa.

Chuck Rock jefe final

¿Y qué pasa con los jefes finales? Como buen juego de plataformas, Chuck Rock contaba con enemigos más poderosos que el resto tras terminar cada nivel. Así, al mamut enfadado se le uniría un rinoceronte, un dientes de sable, un Monstruo del Lago Ness y un último dinosaurio. El tamaño de este último era descomunal y su corona de rey se le quedaba pequeña. Lástima que fuese vestido con unos calzoncillos blancos de corazoncitos….

 

Unas vacaciones bien aprovechadas

Una vez que Chuck salvó a su pueblo del temible dinosaurio final, regresó a su aldea con los suyos, dispuesto a tener unas vacaciones más que merecidas. Después de un paseo tan largo parece que las aprovechó más que bien. Como muestra, no hay más que echarle un ojo a Chuk Rock II: Son of Chuck. Esta secuela tuvo como protagonista absoluto a un bebé, es decir, al mismo hijo de nuestro barrigudo. No hay duda de que sea su progenitor, puesto que también recurre a la violencia contra todos los animales que encuentre a su paso y a la fuerza bruta. La ocasión de verlos a los dos juntos llegó con BC Racers, título en el que ambos competían montados en un vehículo similar al de Pedro Picapiedra contra otros personajes.

Volviendo al juego original, Chuck Rock contó con una banda sonora alegre y llena de sonidos, solo interrumpida por el grito de “Unga Bunga” del protagonista, lo único que sabía decir. La estética era más que colorida, excepto en Game Boy, y esta vez no hubo demasiadas diferencias entre la versión mostrada en las consolas de Sega y en las de Nintendo.

Los escenarios y enemigos eran los mismos. Todas tuvieron un sistema de puntos, corazones con los que recargar vida y elementos del terreno a modo de obstáculo, más allá de las criaturas. Por último, como habréis podido deducir con la imagen principal, Chuck era el guitarrista de un grupo de rock en el que tocaba junto a su mujer y con un dinosaurio verde. ¿De ahí la extraña amistad con algunos? ¡Hasta el próximo Retromanía, talonianos!