Conoce una historia inolvidable que siempre estará entre lo mejor del mundo del manganime. Os presentamos Metropolis, de Osamu Tezuka.

Siempre se ha dicho que el elemento más valioso que poseen los humanos es su propia mente. Elevada a su máximo exponente, la inteligencia humana ha sido capaz de desarrollar diversos e increíbles inventos que no sólo han permitido mejorar la calidad de vida de las personas, sino también ejecutar avances tecnológicos en el ámbito de la sanidad, de la educación, de la economía, del medio ambiente y, en definitiva, en todos los sectores en los que los humanos han ido internándose. Sin embargo, la historia también ha demostrado (en más de una ocasión) que la inteligencia humana puede convertirse en un instrumento terriblemente potente capaz de desarrollar algunas de las armas más letales de todos los tiempos. Con un poder destructivo equiparable a su potencial para hacer el bien, el ser humano ha invertido toda su existencia en continuar avanzando en la senda del progreso para hacer del mundo un lugar mejor y de la vida un tránsito más ameno y ligero. Pero, ¿cuántas veces ha ocurrido que algo que parecía creado única y exclusivamente para facilitar la vida de las personas ha terminado convirtiéndose en algo peligroso para la existencia de estas? Con un arte y una inventiva revolucionaria para su época, Osamu Tezuka, padre y nombre de gran influencia en el arte del cómic japonés, jugó con esta idea en algunas de sus obras. Hoy os vamos a hablar de uno de esos mangas creados por este autor en el que se expone de manera amena y divertida, pero no por ello menos incisiva, ciertos aspectos de los humanos que ponen en duda tanto su talento inventivo como su ética y moral. Con todos vosotros, Metropolis.

Historia

Metropolis

En el verano del año 19XX la ciudad de Metropolis acoge el Congreso Internacional de Científicos, donde muchos de los expertos en ciencia más importantes pondrán en común tanto su experiencia en su campo de estudio como su propio punto de vista acerca de diversos aspectos de la ciencia. Entre los muchos asistentes a tan célebre evento se encuentra el Doctor Laughton, ilustre científico que ha invertido los últimos treinta años de su vida en la creación de células vivas de manera artificial. No obstante, y a pesar de sus esfuerzos, lo único que ha logrado ha sido desarrollar proteínas artificiales.

Asimismo, a este acontecimiento también acude el Barón Rojo, líder de la organización secreta Partido Rojo, buscado por la policía de la ONU y conocido internacionalmente por sus fechorías. Lo que pocos saben es que la intención del Barón Rojo es obligar al doctor Laughton a que cree para él un humano artificial con superpoderes al que poder moldear e instruir en el camino del mal.  De pronto, y sin explicación aparente, los científicos son testigos de la aparición de extrañas manchas sobre la superficie solar cuya presencia amenaza la vida en la Tierra.

Por su parte, el Doctor Laughton acaba sometiéndose a las exigencias del Barón Rojo. Pero cuando consigue llevar a cabo su experimento para infundir vida a un ser artificial, el científico simula la destrucción del experimento. Tras asegurarse de que el Barón Rojo cree que su sueño de poseer un humano artificial ha tocado a su fin, el Doctor Laughton decide hacerse cargo de la crianza de su creación, a quien pone por nombre Michi. Pero, ¿acaso el Barón Rojo se quedará de brazos cruzados cuando descubra que su preciado humano artificial sigue vivo? ¿Podrá el Doctor Laughton proteger a su preciado Michi de caer en manos del diabólico Barón Rojo? ¿Será capaz Michi de vivir como un humano o el hecho de ser un objeto creado por un científico supondrá un impedimento para su desarrollo y participación del mundo humano?

Metropolis es un manga de ciencia ficción escrito y dibujado por Osamu Tezuka. Este se publicó por primera vez en septiembre de 1949 en las páginas de la extinta revista Ikuei Shuppan (Kodansha), siendo posteriormente recopilado en un tomo único de un solo capítulo. Con el paso de los años, y debido a la gran trascendencia tanto de la obra en sí como de todo el legado dejado al mundo del cómic japonés por su autor, la obra fue reeditada en diversas ocasiones con pequeñas modificaciones y variaciones en su presentación (portada, textos introductorios, etc.), pero nunca en su contenido.

En el caso de España, la extinta Glénat (filial de la francesa Glénat que, posteriormente y tras separarse de su matriz, se renombró como Editores de Tebeos –EDT-) fue la encargada de editar esta obra en nuestro país en el año 2004. Esta edición, traducida por Marc Bernabé y Verònica Calafell, se basó en la edición de Metropolis de 2004 realizada por Tezuka Productions. En sus páginas finales incluyó un epílogo escrito por el propio Osamu Tezuka, un breve texto de Alfons Moliné titulado Metropolis o la formación de un maestro del manga, y una despedida realizada por Tezuka Production. En cuanto a la portada, se trató de la nueva versión de la reimpresión de la historia realizada en 1979.

Anime

En 2001 el director Rintaro (Akira), junto al estudio Madhouse y a Tezuka Productions,  se embarcó en la misión de realizar la adaptación animada de uno de los pilares de la industria del manga. Esta producción, realizada en formato de largometraje, contó con guión de Katsuhiro Otomo. En líneas generales el filme desarrolla la historia de la misma manera que la obra original, aunque mantiene diversas diferencias con respecto a esta.

Metropolis

Conclusión

Metropolis es una de las obras que conforma la trilogía de los inicios de la ciencia-ficción junto con Lost World (1948) y Kuru beki sekai (1951). Con un desarrollo que fusiona una visión futurista del mundo con la manera más tradicional de narrar historias (aunque con ciertas excepciones), Tezuka explora la posibilidad de crear vida humana a través de la ciencia con diversos elementos que contrastan a lo largo de las páginas. Así, la historia muestra de manera clara y evidente que los personajes (miembros del Star System de Tezuka), son conscientes de su propia condición de personajes de un cómic. Así, en ciertas ocasiones, estos hablan directamente con el espectador o entre ellos haciendo referencia a la propia viñeta, rompiendo la cuarta pared, o saltándose el eje al cambiar sin ton ni son de posición (rompiendo así una de las reglas básicas de coherencia en la narración de una historia). Asimismo, en determinados momentos el autor varía el orden de lectura de las viñetas, instaurando un nuevo orden que resulta igualmente fácil de seguir.

En cuanto a la obra, esta expone de manera sutil pero obvia diversos aspectos del ser humano, como la manipulación de las personas a través del dinero, los prejuicios, lo ciega que puede llegar a estar la gente a pesar de tener frente a sus narices la evidencia de un crimen, la representación de las clases sociales y de los status sociales o la evidencia de que en ocasiones los que van de salvadores se convierten en los nuevos opresores. Todo ello con ayuda de personajes que en determinados momentos se oponen a su propia condición, como el hecho de encontrarnos con un malo carismático y a veces considerado, o con un inspector bastante cortito (intelectualmente hablando) y torpe.

MEtropolis

Asimismo, los “contenidos adicionales” que se incluyen al final del tomo suponen todo un extra que ayudan no sólo a entender cómo era la industria del manga en los años 50 (aproximadamente) del siglo XX, sino cómo el propio Osamu Tezuka se hizo un nombre en este campo. El propio Tezuka explica que a finales de la década de los 40 se le pidió realizar un manga de unas 160 páginas (el proyecto tuvo una extensión más larga, lo que obligó al autor a eliminar ciertas partes,  haciendo que el manga final tenga partes en las que la acción parece demasiado precipitada o no disponga de todo el sentido que debería), impreso a dos tintas de color, con tapa dura y presentado en una caja de cartón. Una edición completamente novedosa para un territorio (Osaka) en el que lo que se llevaba era la compra de “akabon manga”, es decir, mangas de muy mala calidad (casi libros de “leer y tirar”) impresos en tinta roja. Para llevar a cabo la producción de semejante obra contó única y exclusivamente con seis meses de plazo. Para cumplir con la fecha de entrega Tezuka fusionó partes de su obra Yûrei Otoko (la cual dibujó en su época de estudiante) con personajes de Oyaji no Takarajima. En cuanto al diseño de Michi, el humano artificial, el autor nipón se inspiró en la mujer robot del Metropoli del cineasta alemán Fritz Lang. También expone algo que resulta obvio tras la lectura de la historia: la fascinación de Tezuka por los Estados Unidos, desde la concepción de sus ciudades hasta sus producciones cinematográficas (Disney) y literarias (superhéroes como Superman).

En cuanto al texto de Alfons Moliné titulado Metropolis o la formación de un maestro del manga, el autor pone de manifiesto la importancia de la figura de Osamu Tezuka en la creación y establecimiento del manga tal y como se conoce hoy en día. Así, el magaka fue uno de los responsables del establecimiento de los mangas en los que se narran historias largas (más allá de un gag cómico de varias viñetas), de aventura y ciencia-ficción. Profundamente influenciado y atraído por los diseños redondos de Wat Disney y de la “línea clara” de George McManus, Tezuka expone su propia visión de cómo sería el futuro, además de realizar abiertamente a los lectores la eterna pregunta de “si llegará el día en que, irónicamente, la raza humana acabe extinguiéndose por culpa del desarrollo sin fin de la ciencia”. Asimismo, tal y como se ha mencionado anteriormente, Tezuka instauró un potente y característico Star System en sus obras, de manera que casi todos sus personajes se repiten en casi todas sus creaciones, aunque no siempre manteniendo las mismas características en su forma de pensar o actuar.

Aunque hoy en día poseemos un amplio repertorio de historias manganime entre las que elegir y con las que hacer volar nuestra imaginación, nunca viene mal echar un vistazo atrás en el tiempo para redescubrir una de las obras que marcó un antes y un después en la historia del cómic japonés. Con un arte que a día de hoy sigue sorprendiendo tanto a otakus expertos como amateurs, Osamu Tezuka sigue consiguiendo adeptos con el paso de los años gracias a su enorme legado, el cual goza de un destacado peso en la industria del manga. Una oportunidad inmejorable para adentrarnos en las bases del manga, en su estructura narrativa y en las principales características que han hecho de este género uno de los más famosos y conocidos a nivel internacional gracias a mangakas como Tezuka.