Probablemente, todos los jugadores tengamos en mente aquel título que nos enseñaba inglés. En las décadas de los ochenta y de los noventa, era más que común que todos los juegos estuvieran en ese idioma y, quisiéramos o no, siempre memorizábamos alguna palabra, asociándola al significado que nosotros creíamos. Basado en propias suposiciones o en el acompañamiento de las imágenes.

Tal vez, si nuestras madres hubiesen sabido este segundo uso de los videojuegos, no nos habrían insistido una y otra vez con apagar “la maquinita”. O quizás lo sabían, pero estaban más por la labor de que merendásemos de una vez aquel sándwich de mantequilla con azúcar que de escucharnos nuestro descubrimiento.

Kirby’s Star Stacker nos enseñó que, en inglés, existía el verbo ‘to sandwich’. Insertar a algo o a alguien entre dos cosas o personas, generalmente en un espacio reducido. O estar situado en medio de dos objetos o seres. Mientras nos dirigíamos a la cocina, con la consola en mano, con esta curiosidad en la boca y con la merienda esperando en el plato, ya poco se podía hacer para calmar el enfado de mamá.

Con suerte, obtendríamos un “muy bien hijo, muy bien”. Y así, sin más, nuestro descubrimiento del día (o el más importante de la década) quedaba al nivel de la mantequilla, aplastada sobre el pan…

 

Sandwich stars between friends

Kirby’s Star Stacker sirvió para algo más que culturizarnos y hacernos sentir importantes durante unos minutos. Como juego de puzles, nos entrenó para aplicar la lógica y la inteligencia y para adelantarnos a futuros acontecimientos. Desarrollado por HAL Laboratory, vio la luz en 1997 para Game Boy.

Kirby's Star Stacker Game Boy

Ninguna otra consola le hubiera sentado mejor, ya que sólo la portátil permitía jugarlo en cualquier lugar y a cualquier hora. No era una aventura adictiva, pero sí uno de esos juegos para disfrutar de vez en cuando o para descansar entre otros más intensos.

Podía llegar a ser relajante o estresante, en función del nivel y, aunque hoy en día guarde demasiadas semejanzas con los juegos para móviles, sabemos que no es igual. Sí, paradojas de la vida. Esos juegos a los que casualmente nuestras madres están ahora enganchadas contándonos sus hallazgos de la década.

Siguiendo la mecánica de juego de Tetris o de Dr. Mario, el objetivo era recolectar el mayor número de estrellas posible. Tras un explicativo tutorial que mostraba las buenas dotes de la bolita rosa como maestro, comenzaba el reto. Las piezas, compuestas por personajes o por las mismas estrellas, caían desde la parte superior de la pantalla. Así pues, podíamos moverlas y girarlas.

La forma de hacer desaparecer estrellas, y por tanto de conseguirlas, obedecía a la fórmula ‘Sandwich stars between friends’. O lo que es lo mismo, era necesario que éstas quedasen entre dos piezas iguales. Por su parte, si dos piezas quedaban juntas, también desaparecerían (algo imprescindible cuanto éstas comenzaban a aumentar).

Los combos también hicieron su aparición con gran frecuencia, creando, en niveles avanzados, varias formas estratégicas de completar el objetivo. Por su parte, los bonus al eliminar bloques provocaban auténticas lluvias de estrellas. Cuanto mayor fuese la cadena de piezas eliminadas, más estrellas caerían del cielo.

Pero no todo sería tan bonito. Al igual que en los juegos de su misma temática, un nivel estaría perdido cuando las piezas colocadas llegasen a tocar el techo. Ya no podían caer nuevas y, por tanto, ya no había nada que hacer. Eso sí, el Rey Dedede comenzaría a reír de una forma un tanto siniestra…

 

¿Y esas piezas?

Además del apartado de reglas, Kirby’s Star Stacker ofreció distintos modos de juego: Round Clear, Challenge, VS y Time Attack. El primero de ellos era el modo historia en sí. Debíamos vencer al famoso enemigo a través de los puntos de las estrellas en los modos normal, difícil, muy difícil y súper difícil (y, tal vez, uno sorpresa).

Kirby's Star Stacker juego

Todos ellos seguirían la misma mecánica de juego y tendrían el mismo tipo de piezas. Los más avanzados incorporarían rocas y bombas. Cada vez que completásemos una modalidad, dividida en varias rondas, obtendríamos una estrella marcador, a la vez que podíamos disfrutar de enternecedoras escenas entre los amigos o de divertidos bailes. Además, permitía seleccionar la ronda a jugar.

El modo Challenge, como su propio nombre indicaba, era un desafío. ¿El objetivo? Aguantar el mayor tiempo posible sin que las piezas llegaran hasta arriba. El VS serviría para llevar a cabo una competición entre dos jugadores, mientras que Time Attack consistía en conseguir la mayor puntuación posible en una cuenta atrás.

Ahora detengámonos en esas piezas, definidas como “amigos” a lo largo de toda la historia. No es para menos, ya que tenían forma de pez, de hámster y de búho. Quienes conozcan la saga Kirby en profundidad, sabrán que se trataba de Kine, Rick y Coo, respectivamente.

El primero es un pez luna de color azul, famoso por llevar al protagonista en su boca y lanzarlo con fuerza. El segundo, es otro de los fieles compañeros de Kirby, quien, para su desgracia, acostumbra a aparecer también en forma de estatua. El búho, por su parte, acostumbra a enganchar a Kirby para desplazarlo por el aire.

Como curiosidad, este título fue el último en ver la luz en Game Boy dentro de la marca Kirby. Aunque estaba en blanco y negro, podía utilizarse el accesorio Super Game Boy para disfrutar de su colorido y para añadirle un bonito marco alrededor. ¡Hasta el próximo Retromanía, talonianos!