¿Una historia larga, pero sencilla? ¿O una apuesta corta y de gran dificultad? La primera opción tal vez sea más apropiada para juegos muy esperados, de una gran calidad gráfica o que nos han costado un ojo de la cara. La segunda, quizás encaje mejor con los juegos por niveles que, en caso de alargase mucho, podrían llegar a ser demasiado monótonos.

Para gustos, los colores. En este Retromanía, los jugadores que prefieran la segunda opción (o que no la rechacen por completo), están de enhorabuena. Marble Madness, el juego que nos ocupa, era extremadamente corto. Tan corto que no todos los que se enfrentaban a él eran capaces de completarlo. Y, en caso de hacerlo, les llevaría incluso más tiempo que uno de esos títulos con una historia larga, de los que hablábamos al principio.

¿El motivo de esta contradicción? Su misma dificultad. O mejor dicho, su dificultad casi imposible. Una bola tendría que llegar a la meta en el menor tiempo posible. Teniendo en cuenta que el camino era un auténtico laberinto, la misión sólo podía resultar sencilla para los jugadores más hábiles.

 

Unos caminos demasiado estrechos para un objeto redondo

Una pelota roja (versión arcade) o azul (NES) y una línea de meta. Las explicaciones parecen sobrar. Un primer escenario se presenta ante el jugador. Vale, el suelo del nivel no es para nada llano y guarda muchas semejanzas con ese momento en que decidimos esconder todos los trastos debajo de la alfombra del salón porque las visitas llegan sin avisar. ¿Pero qué son unos cuantos baches?

Marble Madness retromania

Una vez que aprendemos a dominar la bola, llega la primera sorpresa: un camino que se estrecha. Y otro. Y otro más. Por suerte, la meta está ahí mismo y con un poco de habilidad con los dedos y equilibrio es posible llegar hasta ella sin necesidad de morir en el intento. O, al menos, no demasiadas veces.

El primer escenario de Marble Madness reflejaba la esencia del juego. Ese escenario recreado a base de pequeños cuadrados, con no demasiados colores. Los niveles no tendrían muchos detalles, ya que el protagonismo debería recaer en el manejo de la bola. También nos invitaría a descubrir que completar uno de ellos tendría un tiempo máximo.

Éste variaba de uno a otro y tenía una mecánica muy original. Cuanto menos tiempo invirtiésemos tratando de llegar al final, más puntuación recibiríamos. A la conseguida a lo largo del reto se le sumaría la proporcional a los segundos que nos habían sobrado. Pero eso no es todo.

Cada nivel comenzaba con unos cuantos segundos extra, que se añadirían a los sobrantes. Así, cuanto mejor lo hiciéramos en los primeros niveles, de más tiempo dispondríamos a la hora de llegar a la verdadera dificultad. Es por ello que, si no se completaba satisfactoriamente en los primeros intentos, el quinto y sexto nivel, que requerían haber llegado con bastante tiempo, serían imposibles.

Como juego con pocos niveles, ya recurrió al sistema de la rejugabilidad. Su sistema de puntuación invitaba a volver a completarlo en menos tiempo y conseguir, con ello, más puntos. A los conseguidos a lo largo de la partida, habría que sumarles los adicionales por haber completado el juego y restarles mil por cada vez que hubiésemos muerto.

Marble Madness

Por norma general, el tiempo en los primeros niveles era más que suficiente. 65 segundos para conducir la pelota a su destino parecían hasta mucho. Lástima que ya en el quinto segundo hayamos caído por el vacío o que, un instante después, un pájaro suicida nos haya arrastrado por medio. Porque además de esos estrechos caminos, de esas rampas peligrosas y de esas odiadas esquinas, también había seres que se empeñaban en vernos fracasar.

 

El peligro de la bola negra

Ya en el segundo nivel conoceríamos al primer enemigo. Éste tenía forma de bola negra y, lejos de solidarizarse con nosotros por formar parte de la misma especie, se divertía chocando una y otra vez. La falta de solidaridad entre pelotas quedó más que demostrada. Segundos después conoceríamos a unos seres surrealistas. Con un aspecto entre muelle y gusano, para pasar después a ser un girasol carnívoro, esta especie de planta daba saltos alrededor de la pobre bola azul. Y, si no se daba prisa o tenía mucha facilidad para esquivarlas, podía ser engullida por una de ellas.

En el tercer escenario, contaríamos con más de éstas y también con manchas viscosas verdes. Ya en el cuarto tendríamos que enfrentarnos a cilindros que emergían de debajo para lanzarnos por los aires, así como a otros objetos iguales, pero más grandes y con movimientos menos precisos. El final estaba ya cerca y eso se notaba en el quinto reto.

En él, comprendíamos que las pelotas también podían subir cuestas y, además de seres ya conocidos, nos veíamos las caras con unos pájaros morados, cuyo aspecto también ayudaba a crear ese toque surrealista. Los animales acostumbraban a volar en línea recta hasta chocarse con la pared de enfrente y mancharla, con su vistoso color. Y pobre de la bola si uno de ellos le daba un golpe… Dado que no había otro camino por el que pasar, era uno de los lugares más complicados.

Marble Madness NES

El sexto y último escenario nos volvería a reunir con la bola negra y con los girasoles carnívoros. Ambientado en el espacio, era uno de esos casos en los que veíamos la línea de meta muy rápido, pero tocaba rodearla para seguir el camino correcto. Éste desaparecía y aparecía a su antojo, por lo que, a la rabia de tener la victoria ante nuestros ojos y ver como se desvanecía el tiempo, había que añadirle el enfado con esa ruta.

A todos ellos hay que sumar los enemigos en forma de obstáculos del terreno. En alguna que otra ocasión, el suelo se levantaba, formando olas muy bonitas a simple vista, pero que obligaban a cruzarlas en el momento preciso. Por contra, estaban los túneles y pasadizos secretos, que bien podían ahorrar tiempo si nos atrevíamos a utilizarlos. Las catapultas nos darían un impulso extra.

Marble Madness es, así, un juego que todos los amantes de los retos de habilidad deberían probar. Sirvió como inspiración a muchos otros títulos que llegarían después, a minijuegos propios de Nintendo o a las apuestas que hoy en día encontramos en el catálogo para móviles. Teniendo en cuenta que fue publicado por Atari en 1984, no hay lugar a dudas.

Este juego de plataformas pudo disfrutarse en recreativas y también en la consola NES, tanto en su modo individual como para dos jugadores. Sus responsables pensaban en una secuela, pero nunca vio la luz, más allá de futuras versiones nostálgicas. En algunos casos, una segunda parte puede manchar el buen recuerdo de un clásico. ¿Hubiera ocurrido también lo mismo en Marble Madness? ¡Hasta el próximo Retromanía, talonianos!