Para muchos jugadores, la consola Game & Watch marcaría un antes y un después en su afición por los videojuegos. El artilugio de Nintendo ha pasado a ser un objeto de coleccionista. Prueba de ello es que fuese el objeto más codiciado (y caro) en el ya extinto catálogo de estrellas.

Se lanzaron un buen número de versiones. Encontramos las consolas Game & Watch Silver, Gold, Wide Screen, Table Top o Crystal Screen. Éstas se diferenciarían por el color de su carcasa, por la incorporación de ese color a la misma pantalla o por su forma. Algunas serían auténticas portátiles, de forma rectangular, o imitarían el formato de la futura Nintendo DS. Otras tendrían incluso la apariencia de una máquina recreativa.

Con tanta versión, no era de extrañar que fuesen lanzados un buen número de títulos. Probablemente, Ball pasaría a ser el más recordado (haber llegado el primero ya es un privilegio). El tradicional, a la vez que querido personaje (y próximo luchador), tendría que hacer uso de sus manos para evitar que las pelotas cayesen al suelo. Pero como ya decimos, no fue el único.

 

Dos versiones: Table Top y Wide Screen

No sabemos si Game Boy hubiese existido si Nintendo no hubiese ideado esta pequeña consola y probado diferentes resultados en ella. Lo que está claro es que debe considerarse un referente en la historia (nos guste más o menos) y diferenciarse del resto de maquinitas, muchas de ellas sin marca, que podían encontrarse en tiendas del ‘Todo a 100’.

Sus juegos, aunque sencillos, protagonizarían distintos recopilatorios aparecidos en las siguientes consolas de la marca. Dejando a un lado las reivindicaciones, nos centraremos en Mario’s Cement Factory, el juego que nos ocupa. Y ya de paso, diremos que hasta sirvió para inspirar uno de los encantadores llaveros conmemorativos que puso a la venta una conocida tienda de videojuegos. Lo sentimos, no nos pagan por poner su nombre…

Mario's Cement Factory

Mario’s Cement Factory vio la luz en 1983. Su primera aparición sería en abril, para la versión Table Top (simulaba una máquina recreativa). La segunda se lanzaría en junio para el modelo Wide Screen. Para gustos los colores.

Dadas las características de Table Top, el juego luciría con más color, en una pantalla más grande y con la palanca como principal protagonista. En Wide Screen primaría la facilidad de transporte, con el objetivo de disfrutar del juego en el coche, en casa de los abuelos o después de las aburridas comidas en restaurantes.

La esencia y el objetivo eran idénticos en las dos. También su alto valor adictivo. No era un juego profundo ni una aventura como tal. Pero sí un título de habilidad, que hoy podríamos considerar minijuego. Mientras que ahora se utilizaría para amenizar esperas o para descansar de juegos más largos, en la década de los ochenta podía tener enganchados, durante toda la tarde, a numerosos jugadores.

 

En el interior de la fábrica de cemento

Ya hemos explicado, en anteriores capítulos de Retromanía, como Mario ha tenido más profesiones. Lo hemos visto como doctor, como árbitro de un partido de tenis, como cocinero e incluso como albañil. En esta ocasión, y antes de practicar todos esos oficios, fue un trabajador de una fábrica de cemento. Aunque no se introduciría en tuberías, esta labor sería la que más se acercaría a su profesión actual. No es para menos, ya que tendría que ser rápido y ágil.

Representado como una sombra negra, era muy fiel al estilo de Mr. Game & Watch (personaje del que os hemos hablado más arriba). Aunque con más dedos, la forma de sus manos era la misma. Porque no sólo los muñecos Playmobil tendrían derecho a agarrar cosas como es debido. Pues bien, su misión era evitar que el cemento acabase desbordando los contenedores de la fábrica.

Como era habitual, tenía dos modalidades de juego: A y B. Ambas eran idénticas, pero la segunda era más rápida y, por tanto, más difícil. El protagonista podía moverse hacia los lados, pero si quería cruzar de una parte de la fábrica a otra tendría que utilizar las plataformas movedizas del centro de la pantalla. Éstas también servirían para subir y bajar pisos.

Marios Cement Factory game & watch

La fábrica era simétrica. Tenía una planta baja, dos plantas centrales accesibles y una superior. Si Mario caía a la más baja, habría muerto por la caída (se ve que aún no estaba acostumbrado a alturas mayores). Con tres pérdidas de vida, la partida estaba perdida.

Por el contrario, la última serviría para que el cemento cayese a los contenedores, movido a través de cintas transportadoras en varios recipientes. Cada uno de los cuatro contenedores de los que se componía Mario’s Cement Factory tenía una capacidad de tres bloques de cemento. Para bajarlos de uno a otro, tendríamos que pulsar las palancas hasta, finalmente, vaciarlos en los camiones que esperaban abajo.

También perderíamos una vida si uno de los contenedores se desbordaba, algo que podía llegar a pasar dada la lentitud de las plataformas. Al igual que ocurría en el resto de juegos, los movimientos de Mario también eran lentos y predefinidos. Esto agotaría la paciencia de muchos jugadores que lo probasen hoy en día. Para otros, sería una inyección de nostalgia.

El jugador tendría que mover al personaje en función de dónde fuese vertido el cemento, pulsando palancas. Vaciando contenedores. Salvando la vida de todos los trabajadores de la fábrica arriesgando la suya propia. Y sin princesas de por medio.

Esta misma monotonía provocaría suicidios de Mario al querer apagar la consola, y sería “corregida” en futuras versiones con la incorporación de nuevos elementos, como la aparición de los famosos fantasmas en los mismos contenedores. Aunque también estaban los valientes, que se quedaban jugando sólo por el orgullo personal que suponía haber aguantado minutos u horas. ¿Erais de esos, talonianos? ¡Hasta el próximo Retromanía!