El mundo del folclore y la mitología japonesa nos envuelve de nuevo en esta noche de miércoles, en la cual conoceremos un nuevo ser, un nuevo yôkai que añadiremos a nuestra colección particular de rarezas, como si de un museo virtual se tratase. Cuando comenzamos esta sección nos centramos en los yôkais más conocidos y populares, como el Kappa, la Yuki Onna,… pero poco a poco nos hemos adentrado más y más en las rarezas de este curioso bestiario ¿Con qué nos encontraremos en esta ocasión? Pues en esta ocasión nos encontramos con un muro en nuestro camino que nos impide avanzar ¿Se nos han acabado los recursos? ¡De eso nada! El muro al que nos referimos es “literal” y no es otro que nuestro yôkai divirtiéndose a nuestra costa bloqueándonos el camino. Estamos hablando del nurikabe, la una pared difícil de derribar.

 

Nurikabe

nurikabe-002El nurikabe es un yôkai al que se le atribuye una forma ambigua, pero que durante la era Edo se comenzó a pintar con la apariencia de una gran pared blanca y plana, de aspecto monstruoso y caminando de forma bípeda. Ahora podemos ver representaciones más modernas en las que se le representa como una pared gris, en vez de blanca. En algunas zonas se le atribuye un cierto parentesco con un tipo de espíritus domésticos llamados tsukumogami, y en otras se dice que los nurikabe no son más que un itachi o un tanuki travieso que, aprovechando su habilidad de transformación, les toma el pelo un rato a los caminantes.

Los nurikabe aparecen misteriosamente en los caminos. Se plantan en medio y el caminante no puede atravesarlos, teniendo que retroceder y volver por donde han venido o buscar una ruta alternativa. Pero se dice que si golpeas al nurikabe en su base, casi llegando ya al suelo, este desaparece, se esfuma, y el caminante puede seguir su ruta.

¿Alguna vez te has encontrado con algún muro en tu camino? Pues ya sabes, o bien buscas otro camino, o le plantas cara con decisión para conseguir que desaparezca y te deje seguir el camino que has escogido 😉