La pasada semana tuvimos la oportunidad de disfrutar de Overwatch, la última apuesta de Blizzard que tratará de competir con Battleborn y Paladins, sus competidores de género. Es hora de sentarnos y analizar sus puntos fuertes y exponer sus debilidades.

Este nuevo título de Blizzard propone un estilo de juego en primera persona bastante variado, te da la posibilidad de elegir el personaje que más se asemeje a tu forma de jugar y sumergirte en batallas de un altísimo ritmo que pondrán a prueba tu destreza, con el mando o teclado, y tu velocidad de reacción.

Estas jugadas ejemplifican a la perfección el rol de asesino (clase ofensiva), entrar, hacer el máximo de daño posible y salir. Velocidad y precisión mortal.

Aparte de esta clase también podemos encontrar las de defensores, francotiradores, tanques y médicos, 5 formas distintas de afrontar la batalla, un rasgo muy característico de los MOBA. Según el modo de juego en el que nos encontremos habrá que confeccionar nuestro equipo de hasta 6 jugadores de una forma u otra. Si debemos defender una posición querremos tener defensores y tanques frente a un equipo con 6 asesinos. En el caso contrario para atacar buscaremos el daño y la precisión de asesinos y francotiradores. Aunque mi elección sería siempre un equipo que cuente con un personaje de cada rol para así buscar la variedad y explotar el trabajo en equipo.

Gráficamente al juego no se le puede achacar nada, tiene un estilo futurístico, un diseño de personajes excepcional y, en mi opinión, la elección de tomar lugares reales para el diseño de los mapas es fantástica.

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Sin título

Juega alrededor del mundo, en lugares emblemáticos como los templos de Nepal, visita Londres o cruza el charco para ver donde comienza la magia del cine.

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Gráficos, jugabilidad, variedad de juego y un sistema de controles sencillo e intuitivo, que facilita sobremanera el aprendizaje y la adaptación a las mecánicas de los personajes, se puede considerar como lo bueno.

Sin embargo, esto es la realidad, y como todo, nada es tan bueno como parece. Hemos expresado que, concretamente, la variedad de juego es un factor positivo de Overwatch pero la variedad como tal brilla por su ausencia. Comencemos por los personajes, los señores de Blizzard nos presentan 4 bloques en los cuales encontramos las clases anteriormente mencionadas. Cada bloque contiene 4 o 5 personajes, lo cual nos deja con un total de 21 personajes, esto hace que la variedad de elecciones sea bastante escasa y redundemos en la repetición. Si Blizzard no introduce más personajes la duración “pre-aburrimiento” del juego será menos de lo que imaginamos. En mi caso, al tercer día de beta ya había manejado a todos los personajes y estaba comenzando a cansarme.

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Sigamos con los mapas, no parece tener demasiados o al menos yo no he podido escapar del bucle de Londres, Nepal, Hollywood, Dorado, Londres, Gibraltar, Londres, China. Y, por último, los modos de juego: una especie de conquista por puntos al mejor de 3, un asemejo del captura la bandera por turnos y una mezcla de ambos, según el mapa en el que nos encontremos podremos jugar a un modo u otro. Además hay que señalar que no apunta a tener campaña individual y será de un solo jugador. Esto, queridos lectores, es lo malo.

Concluiremos nuestro análisis de Overwatch con lo feo del juego, y esto no es otra cosa que su precio. Por lo que nos puede ofrecer este título de Blizzard 44 euros para PC y 54 para consolas me parece más que excesivo, y si la única manera de ampliar su duración es mediante DLC’s como acostumbramos a ver, maricón el último para bajarse del tren del timo en el que nos quieren meter…