Seguro que muchos de vosotros ya habéis oído hablar sobre los hikikomori, jóvenes japoneses que un día deciden por propia voluntad encerrarse en su cuarto y no volver a salir de él… ¿Para siempre? ¿Por qué lo hacen? ¿Nunca salen? Estas son algunas de las preguntas que nos pueden abordar sobre esta preocupante tendencia que se cree que, a día de hoy, puede afectar cerca del millón de personas en Japón. En el siguiente reportaje miraremos de conocer un poquito más sobre ellos.

Los hikikomori

Se considera hikikomori a alguien que se encierra en su habitación y que permanece allí en un periodo de, como mínimo, 6 meses. Aunque pueden pasar años hasta que decidan salir, si algún día lo hacen. Suelen pasar el día en completa oscuridad durmiendo, y por la noche se dedican a leer mangas, jugar a videojuegos o conectarse a internet. Lejos de lo que piensa la gente, los hikikomori sí que salen a veces de su cuarto, y no solo para ir al baño. Suelen frecuentar las tiendas que abren 24 horas a comprar comida, bebida o revistas, pero no mantienen ningún contacto con las otras personas de su alrededor. Unos pocos llegan a conservar alguna amistad, con la que a veces se ven, pero son casos muy excepcionales. Así pues lo que el hikikomori parece buscar es aislarse, no mantener trato social con su entorno, casi como si quisiera que el mundo le dejara en paz durante un tiempo. Curiosamente el 80% de los afectados son hombres y tan solo el otro 20% mujeres.

 

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Muchas gente cree que son unas personas incapaces de salir de su casa o habitación, lo cual no es cierto. El 80% puede realizar actividades fuera del hogar, pero suelen ser en solitario” (Doctor Tamaki Saitô)

¿Por qué se encierran? Esta es una de las preguntas cuya respuesta dista mucho de ser fácil de responder, pues es una mezcla de pasado, presente y futuro.

Pasado, porque la sociedad japonesa ha evolucionado demasiado rápido, han ocurrido muchas cosas y muy traumáticas en menos de 150 años (la apertura forzosa del país tras un período de guerras y aislamiento, la restauración Meiji, la guerra Sinojaponesa, la decadencia de principios del siglo XX, grandes hambrunas, la Segunda Guerra Mundial y las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki). Todo ello en apenas 3 generaciones, unos 140 años. Esto ha ocasionado que las frustraciones se hayan transmitido de padres a hijos y a nietos, y son estos últimos los que ahora sufren las consecuencias.

“El pasado bélico relativamente reciente del país dejó en muchos hombres una semilla de opresión emocional que se ha ido transmitiendo de cónyuges a hijos”. (Doctora Hisako Watanabe).

La fugacidad con la que Japón pasó de la edad media a la moderna, y la falta de etapas de habitualmiento entre ambas, ha creado una sociedad avanza descontrolada, como una estampida de animales salvajes (aquellos más sensibles disculpad el símil, es solo un ejemplo), y cuyas generaciones más jóvenes comienzan a sufrir las consecuencias del agotamiento, la frustración y la fatiga mental.

 

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Presente. Una de las mayores presiones que ha sufrido el pueblo japonés desde la apertura al mundo en la restauración Meiji (1886) es la urgencia por modernizarse (como acabamos de mencionar), para que el resto del mundo no los viera como unos bárbaros incivilizados. Esta presión no solo la tuvieron los japoneses de la restauración, si no que ha sido un constante desde entonces, y por ello Japón ha podido levantarse de sus cenizas tras los desastres, humanos y naturales, tantas veces en estos 150 años. Esta presión ha sido especialmente dura en las nuevas generaciones con sus estudios, así como en los trabajadores asalariados, a los que se les puso todo el peso de levantar el país económicamente tras la guerra. Son estas dos generaciones quien más sufre las consecuencias en la actualidad.

“Los dirigentes de posguerra impulsaron la idea de que tocaba ganar otra batalla, la económica. El espíritu kamikaze todavía impregna la sociedad japonesa y el sistema educativo, que resulta muy autodestructivo para la individualidad.» (Doctora Hisako Watanabe).

Futuro. De los jóvenes del presente se espera muchas cosas de cara al futuro. Ellos son la esperanza para que Japón siga siendo un icono en tecnología y modernidad, posicionándose como una de las mayores potencias, y por ello se les prepara desde muy pequeños para que sean los mejores en todo, volcando sobre ellos una responsabilidad difícil de digerir para tan jóvenes edades, y una presión excesiva que se acumula durante años. Unos años en los que el colegio y las academias de estudio a las que acuden después de clase y en fines de semana les roban sus momentos de juego y libertad, en definitiva, les roban la necesidad de ser niños. Esta presión llega a su punto álgido en los exámenes de ingreso a la universidad, y se vuelve a repetir al final de los años universitarios cuando los jóvenes buscan una empresa a la que vincularse. Estos son los dos momentos claves en los que muchos jóvenes comienzan a mostrar los síntomas del hikikomori, unos síntomas que en casi todos los casos terminan por el encierro en una habitación para descansar de un mundo que encuentran demasiado asfixiante y atronador.

«A muchos niños se les niega su infancia. Se les quita su tiempo de ocio para que vayan al juku (academias de refuerzo escolar) a partir de los ocho o nueve años. Ahí radica uno de los orígenes (de los hikikomoris)” (Doctora Hisako Watanabe).

Los hikikomori solo son uno de los ejemplos de una sociedad que enferma a pasos agigantados. Otros ejemplos serían la baja natalidad, la alarmante falta de deseo sexual entre adolescentes, los hombres herbívoros, la obsesión por las idols como icono de la pureza, la necesidad de contacto humano de los que acuden en masa a los cat cafes, el alto índice de suicidios, etc… Lejos de lo que popularmente se cree, los hikikomoris no son una causa directa de las nuevas tecnología, no son adictos a internet o a los video juegos, solamente los usan para mitigar el aburrimiento de sus años de encierro, igual que los mangas, los libros o las revistas.

 

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¿Por qué tantas preguntas sin respuesta entorno a lo hikikomori?

¿Por qué no se conoce el número de afectados? ¿Qué solución tiene? ¿Cómo se cura a un hikikomori? De hecho un hikikomori no es una persona enferma. Su encierro es voluntario, y en todo momento es consciente de sus actos y actúan en consecuencia. Simplemente quieren descansar. Si bien no es menos cierto que no es un comportamiento saludable y conlleva algún tipo de alteración psicológica la cual se puede tratar para que vuelvan a disfrutar de la vida en toda su plenitud. Se están llevando a cabo terapias experimentales, cada especialista tiene su metodología, pero en lo que todos están de acuerdo es que tirar la puerta abajo (como muchos estaréis pensando), dejarles sin internet u obligarles a salir de casa a la fuerza no son buenos métodos, y son contraproducentes.

Como muchos sabréis la sociedad japonesa se mueve como un enjambre, siempre a la vez, al unísono. Salirse del grupo es lo mismo que dejar de formar parte de esa sociedad, causa de marginación social y críticas. Si bien ahora, con los nuevos tiempos, parece que en algunos aspectos está aceptado mostrar tu individualidad como persona, incluso en el presente aún está mal visto salirse de la “normalidad”. ¿Por qué os explico todo esto? Pues para que podáis entender cómo debía de ser tener a un enfermo mental en la familia en la época EDO (por poner una época de ejemplo).

 

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Aquellos que sufrían una enfermedad que no fuera física, no solo eran encerrados en una celda de reclusión en sus casas, también escondidos para que nadie supiera de su existencia y no causaran la marginación entera de la familia por parte de los vecinos del pueblo. Esta tradición se ha conservado hasta hace bien poco, de hecho las celdas de reclusión desaparecieron bastantes años después de la Segunda Guerra Mundial, lo que significa que muchos japoneses vivos aún las sufrieron. Esta costumbre originó un gran rechazo de la sociedad por los enfermos mentales, o cualquier persona que tuviera una alteración del comportamiento.

A este rechazo le tenemos que sumar una serie de casualidades en torno a las fechas en que se dio a conocer al mundo la existencia de los hikikomori. El Dr. Saitô fue el primero en darles nombre, en su libro “Shakaiteki hikikomori- Owaranai Shishunki” traducida al inglés como “Hikikomori: Adolescence Without End”. Esta obra causó un gran impacto, no solo en Japón, también en el mundo entero, que descubrió de la noche a la mañana la existencia de los hikikomoriDos años después de esta primera publicación, con los medios japoneses volcados en la difusión de esta nueva problemática, un joven hikikomori de 17 secuestró un autobús y apuñaló a varios viajeros después de anunciar sus planes a través de un foro que solía visitar en Internet. Ese mismo año la policía descubrió que otro hikikomori, el cual vivía solo con su madre, había secuestrado a una chica, manteniéndola cautiva durante casi una década. Estos sucesos ayudaron a crear una mala imagen en torno a los hikikomoris, no solo en Japón también en el resto del mundo, pese a que la gran mayoría de los afectados no son violentos.

 

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Todo ello nos lleva hasta otra de las respuestas que estábamos buscando: ¿Por qué no se conoce el número de afectados? Sencillamente porque muchas familias aún los ocultan por temor al “qué dirán”.

Pero los hikikomori, al contrario de lo que la gran mayoría de gente piensa, no son solo un problema de Japón ¿Sabías que existen 164 casos de hikikomori diagnosticados en España? Y también aumenta su número cada año en otros países europeos y asiáticos. Si bien las causas no son exactamente las mismas, el mensaje que nos lanzan sobre la sociedad que estamos creando a nuestro alrededor es bien claro. Algo estamos haciendo mal desde hace tiempo.

“Los hikikomori constituyen un mensaje poderoso para la sociedad japonesa (…) su simple existencia tendrá que forzar el cambio” (Doctora Hisako Watanabe).