Cuando viajamos a algún país que no conocemos solemos visitar webs o comprarnos guías que nos muestran los lugares más populares, turísticos y destacados la ciudad o país, aquello que podemos llamar: “los imprescindibles”. Los que ya seáis habituales de Tallon4 y de nuestra sección sobre cultura japonesa, sabéis lo poco amigos que somos de las clonadas y aburridas guías convencionales, que nos muestran los mismos lugares, monumentos y museos, una y otra vez, útil para abrir boca, pero insuficiente si de verdad quieres tener una visión más profunda del lugar y de lo que vas a visitar. Sobre esta frustración nació la Guía Blanca y la Guía Negra (Las cuales podéis consultar en el siguiente enlace).

Ahora nos hemos dispuesto a completar estas guías desde otro punto de vista, girando nuestra mirada atrás en el tiempo para dar un paseo por la historia. Y es que está muy bien visitar Akihabara en la actualidad, pero si además conoces su turbulento pasado, y los misterios y maldiciones que moran en el “famoso templo manga”, pues puedes hacer que tu visita sea más interesante todavía.

¿Estáis planificando vuestro viaje a Tokio? ¿Queréis ir a Japón y buscáis información sobre lugares interesantes? O simplemente, os gusta la cultura japonesa y queréis saber un poco más sobre la historia general de Tokio. Venid con nosotros en este paseo por la historia, hoy el Parque de Ueno.

El Parque Ueno – Ueno Kōen (上野公園) 

Hoy el parque de Ueno es un remanso de paz en medio de la jungla urbana de Tokyo, entre el bullicioso mercado de Ameyoko, la Universidad de Tokyo y el barrio eléctrico, Akihabara. Su gran lago, dividido en tres enormes partes, es una de las cosas que primero llama la atención. Apenas se puede ver el agua en dos de ellas, ya que centenares de lotos crecen en sus aguas formando un manto verde que cubre casi toda su superficie. En el centro dos pequeños templos hacen las delicias de los visitantes. Más allá, el Zoo de Ueno, y repartidos como gotas de rocío por el bosque de árboles asoman el resto de templos, repartidos por toda la zona boscosa del parque. También es popularmente conocido por los museos que alberga y por ser uno de los lugares favoritos por sus habitantes para ver el florecimiento de los cerezos en primavera.

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Pero el parque de Ueno no siempre estuvo allí, al menos no como lo conocemos ahora. De hecho tiene un pasado turbulento, como muchas otras zonas de la ciudad. Vamos a intentar explicarlo de la forma más amena y entretenida posible.

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Sobre la primera mitad del siglo XVII la escuela budista Tendai buscaba un lugar donde construir su centro religioso, algo que consiguió cuando en 1622 el gobierno Tokugawa apoyó un proyecto para edificar un complejo templario en el lugar que ahora ocupa el parque de Ueno, aunque pare ello tuvo que confiscar las propiedades a diferentes daimios de la zona… ¡Pero a ver quién se negaba!

En pocos años se construyó el recinto, con el templo Kaneiji como edificio principal. El templo fue construido al noreste del Castillo de Edo para protegerse de los malos espíritus que se creían venía de esa dirección.

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Con el favor del shogun, el recinto de la escuela budista prosperó rápidamente, llegando a albergar un total de 30 edificios, hasta el punto que el cuarto shogun (Tokugawa Ietsuna) y el quinto (Tokugawa Tsunayoshi) quisieron descansar eternamente en él y el primero mandó construir un mausoleo para la familia Tokugawa. Esto despertó la rivalidad con el templo Zojo-ji (situado en la actualidad a pocos metros de la Torre Tokyo) que hasta entonces era el único templo en Edo que gozaba del honor de tener el mausoleo con los restos de los shogunes (exceptuando el primer y el tercer shogun, que descansaban en Nikkô, en la prefectura de Tochigi).

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Tras una época de rivalidad se acordó una alternancia generacional para que ambos templos pudieran albergar los restos de los diferentes shogunes de la familia Tokugawa, llegando a descansar hasta 6 miembros de los Tokugawa en el mausoleo de Kaneiji.

Pero no siempre la fortuna y la prosperidad acompañaron la historia de Ueno. En 1657 muchas de las estructuras fueron destruidas y dañadas por el gran incendio de Meireki, y aunque se reconstruiyeron, volvieron a quedar destruidas de nuevo en la batalla de Ueno de la Guerra Boshin (1868). La batalla de Ueno se produjo ya en los últimos días del shogunato. Las fuerzas a favor del emperador habían tomado el Castillo de Edo y la mayoría de soldados favorables al shogun se habían rendido. Pero un pequeño grupo de guerreros decidió huir y atrincherarse en el recinto templario de Ueno, tomando a los mojes como rehenes. Tras unos días las fuerzas revolucionarias atacaron el recinto en una batalla feroz, donde los muertos se acumulaban en lo que ahora es la entrada principal del parque. Unas 300 personas murieron en el asalto, la mayoría samuráis favorables al shogun, y los pocos edificios que quedaron en pie tras la descarga de proyectiles de artillería fueron consumidos por las llamas de los incendios posteriores a la batalla.

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Pero esta no fue la última batalla que vivió Ueno, que también fue afectado por los bombardeos sobre Tokio de la Segunda guerra Mundial.
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Los edificios que actualmente se alzan en el parque de Ueno son, en su mayoría, reconstrucciones de los originales, pero siguen conservando esa magia y esa espiritualidad del viejo Japón. El mausoleo Tokugawa se encuentra aún en el lugar, pero se trasladó al exterior de la zona del parque. No se puede visitar, yo misma lo pregunté hace un par de veranos a la encantadora guardiana del cementerio que los acoge. Sin embargo, el mausoleo de los Tokugawa situado en el templo Zojo-ji sí que es accesible al público, aunque solo en festividades muy señaladas, especialmente durante el Obon en agosto, pero eso ya lo veremos en otro especial sobre la historia de los lugares más populares de Tokio.

 

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