Todo sigue el ciclo de la vida. Aunque se trate de un ciclo imperfecto. Los peces necesitan de otros pequeños seres para alimentarse. Las tortugas incluyen a esos peces en su alimentación y los humanos las necesitan a ellas para saltar sobre sus caparazones. ¿Cómo podrían si no atravesar un río? Ese río tiene a ambos lados vegetación, por lo que, para evitar cualquier daño hacia las pobres tortugas, hubiese sido más práctico cortar una palmera y aprovechar su tronco.

Aunque claro, de esa forma, el árbol sería el que sufriese. Centrémonos de nuevo en el ciclo. Los jefes de los hombres son quienes los necesitan a ellos. No van a arriesgar su vida transportando maletas de un lado a otro… El ciclo se cerraría con los jefes en el agua, donde recibirían pequeños mordicos de los pececillos. Pero no. En 1982, con Turtle Bridge, la realidad ya era la misma que ahora.

Era ese trabajador, que arriesgaba su vida (y su orgullo), quien acababa en el agua. Por su cara de circunstancia, todo indicaba que, o no sabía nadar o que esos peces eran más carnívoros de lo que parecía a simple vista. Nintendo prefirió no traumatizar a nadie. Tras su caída, y al ver que no podía salir a la superficie, se acababa la escena. Para colmo, el jefe sólo le daría otros dos intentos más…

 

Un turista como protagonista, ¿nos lo creemos?

Aparecido a principios de 1982 para el modelo Wide Screen en color negro de Game & Watch, Turtle Bridge podría calificarse como un reto simpático y colorido. Ya eran tiempos modernos, por lo que se apostó por el colorido. Un cielo azul que reflejaba todo su color en el río/mar. Un par de nubes, una bonita palmera y dos enormes rocas, a modo de acantilados, conformaban la superficie.

Ya en el interior del agua, podíamos contemplar más vegetación y distintas partes del suelo. Verdes, azules, naranjas, rosas, amarillos, marrones y rojos se combinaban con el negro característico de esta consola, que marcaría toda la acción. Pero antes de pasar a ella conviene dar algunos detalles de sus personajes.

Turtle Bridge juego

Sobre el agua siempre habría cinco tortugas. Debajo, harían su aparición los pequeños peces. A ambos lados del acantilado, bien resguardados para que no les salpicase ni una gota, esperaban pacientemente dos hombres. El de la izquierda entregaba maletas, el de la derecha los recogía. Y la peor parte, con permiso de los engullidos peces, se la llevaba nuestro protagonista. Éste recorrería el agua, de lado a lado, saltando sobre las tortugas.

En las mismas instrucciones del juego, se explicaba que éste era un turista, que tenía la misión de transportar su equipaje de un lado a otro. Ahora bien, o sus vacaciones eran de por vida o era imposible que llevase cientos de maletas. La toalla, la crema para el sol y para después del sol, las gafas de bucear, el tubo para respirar, la silla, la tumbona y los bañadores ocupan siempre demasiado espacio, ¿pero era para tanto?

Tras analizar el juego, una tiene sus dudas sobre si era realmente un turista. Quizás fue la forma más bonita para sus creadores de encubrir una explotación en toda regla. Es más lógico creer que el trabajador en prácticas tenía que transportar las maletas de los clientes, mientras los jefes se mantenían en las zonas más seguras. Pues bien, este turista/trabajador se apoyaba en los caparazones de las tortugas. Para su desgracia, éstas estaban pendientes de los peces y, cada vez que uno se acercaba, bajaba a darle caza.

 

¡Cuidado por dónde pisas!

En la modalidad A del juego, es decir, en la más sencilla, los peces acostumbraban a aparecer por los lados. De esta forma, ya teníamos una pequeña pista para decidir cuándo pararnos sobre una tortuga o cuándo era más conveniente pulsar el botón a toda prisa. Cada vez que el protagonista entregaba una maleta, recibía un par de puntos. Si regresaba sano y salvo, recibiría bastantes más, aún sin maleta. ¿El motivo? Que cuanto más rápido se cruzase, más puntos se recibían.

En ocasiones, la dificultad llegaba a la hora de recibir y de descargar una maleta. No siempre los encargados de ello estaban ya en sus puestos, por lo que el jugador tendría que esperar saltanto sobre una misma tortuga, a riesgo de que apareciese un inoportuno pez. Fue en la modalidad B, de mayor dificultad, en la que los peces aparecían también por el centro de la pantalla. Ya no sabíamos qué tortugas se iban a mover, por lo que era complicado decidir si esperar o correr como si no hubiese un mañana.

Turtle Bridge gallery

Hay que tener en cuenta que un salto sobre una tortuga en movimiento se traducía en una caída automática al agua y, con ella, la pérdida de una vida. Había que tener cuidado de dónde se pisaba porque en Turtle Bridge los movimientos no eran tan mecánicos ni predecibles como en otros clásicos de Game & Watch. Era necesario anticiparse a los futuros movimientos de las tortugas, y a la aparición de peces. Así, sólo los jugadores más avanzados podrían obtener altas puntuaciones.

Turtle Bridge no obtuvo el mismo éxito que otros de sus compañeros, a pesar de su mecánica adictiva y de su original temática. Sin embargo, contó con una particular versión en Game & Watch: Gallery. Además de contener el juego original, en este cartucho se incluía una versión protagonizada por el mismo Toad, ejemplo de una remasterización más que acertada.

El chiquitín tendría que cruzar por los aires para entregar todo tipo de objetos a Peach, quien esperaba pacientemente en su castillo. Los objetos pasaban por champiñones, frutas o incluso huevos de Yoshi, y debía transportarlos apoyándose en las gaviotas. En esta ocasión, la distracción de los animales eran atractivos globos de colores para explotar, por lo que Toad también tendría que andarse con ojo para no caer al vacío.

Las sonrientes nubes, propias del mundo de Super Mario, le permitirían, además, coger varias monedas. Porque si algo nos enseñó el fontanero es que, aunque la vida esté en peligro, nunca está de más hacerse con una importante fortuna. ¡Hasta el próximo Retromanía, talonianos!