En la actualidad Asakusa es una de las áreas más turísticas de Tokio, en gran parte debido al ambiente tradicional que se respira y por la gran popularidad del templo Senso-ji y su enorme puerta de Kaminarimon. Pero, aunque el templo ya hace mucho tiempo que está allí, el área de Asakusa no siempre fue un bullicioso barrio lleno de tiendas y turistas, hace muchos años solo era un pequeño pueblo pescador rodeado de las desérticas llanuras de Musashi, en las cuales también se construiría años más tarde el barrio más moderno y electrónico del mundo: Akihabara, pero eso ya os lo contamos en el anterior especial. ¿Qué pasó para que Asakusa pasara de ser un espacio árido a un festivo barrio de Tokio? Os lo explicamos a continuación.

 

Asakusa, el barrio más tradicional de Tokio

Como ya os hemos comentado Asakusa era, en la era Asuka (552-710), un pequeño pueblo pescador a la orilla del río Sumida. Cuenta la leyenda que el 18 de marzo del año 628 los hermanos Hamanari (Hinokuma y Takenari) capturaron entre sus redes una estatua de Bodhisattva Kannon mientras pescaban en la orilla del río Sumida. Cuando el jefe de la aldea vio la deidad budista de la misericordia realizó sus votos como sacerdote budista y convirtió su casa en un templo para dar cobijo a la diosa y dedicar su vida a su devoción.

En el año 645 pasó por la aldea un conocido sacerdote budista, Shokai Shonin que construyó una estancia para que la estatua de Kannon estuviera oculta a ojos humanos, según la revelación que había tenido en un sueño. Y desde entonces, cuenta la leyenda, la estatua es guardada celosamente en el interior del templo.

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Años más tarde,  el sacerdote Ennin (794 a 864) visitó el templo y creó una reconstrucción de la estatua de Kannon para que la gente pudiera admirarla y adorarla, algo que comenzó a generar una cierta expectación y visitas de gente de otros pueblos hacia Asakusa. Poco a poco el templo fue adquiriendo importancia y se ganó la simpatía de los shogunes del periodo Kamakura, ayudando a generar más devoción de los fieles hacia el templo, más riqueza al pueblo y más popularidad en general. Gracias a esa protección otorgada por las figuras de poder de la época, tanto en el ámbito militar como intelectual, el recinto creció, mejoró y amplió sus edificios.

Ya en el periodo Edo (1603-1867) el primer shogun Tokugawa, Tokugawa Ieyasu, consideró que debía de ser en el templo Senso-ji el lugar donde ir a rezar las oraciones sobre el control del país, para que estas fueran escuchadas y cumplidas. Esto dio una dignidad y fama aún más grande al templo, y más riqueza a los habitantes de Asakusa, que comenzaron a construir todo un centro cultural colindante al recinto templario. En la misma época, Edo comenzó a crecer como ciudad debido a ser nombrada la nueva capital de Japón, y con el tiempo engulló a Asakusa como uno de sus barrios.

 

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Ya en el siglo XX, la zona de Asakusa evolucionó de ser un centro cultural a uno de ocio, con teatros y casas de té donde los hombres acudían para satisfacer sus necesidades sociales y extra-maritales. En esa época Asakusa era la zona más festiva de Edo.

Asakusa fue uno de los barrios más castigados por la Segunda Guerra Mundial. Los bombardeos de marzo de 1945 sobre Tokio causaron la destrucción de un gran número de edificios emblemáticos, aunque, por suerte, algunos de ellos quedaron en pie y aún hoy se conservan Sin embargo otros no tuvieron tanta suerte y fueron posteriormente reconstruidos.

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Asakusa nunca volvió a recuperar ese movimiento festivo y ocioso de Edo, pues ahora Shinjuku ha tomado el relevo. Pese a todo es, en la actualidad, un barrio considerado tradicional; una burbuja temporal en la que sumergirte cuando necesitas sentir la tradición en una ciudad de rascacielos y neones. Y el templo Senso-ji sigue siendo el hogar de Bodhisattva Kannon, y un importante punto de culto para los budistas japoneses.

 

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