Hace ya más de 5 años desde que una zona de 30 km de quedó completamente deshabitada por el desalojo forzoso de todos sus residentes tras el accidente nuclear causado por el terremoto y posterior tsunami que arrasó la zona el 11 de marzo de 2011.

Se siente como una versión de la vida real de Fallout.

El accidente provocó una serie de fugas radioactivas que ha contaminado la zona, que quedó como pausada en el tiempo. Para entrar se necesita un permiso especial, el cual tarda entre 3 y 4 semanas en emitirse, y un equipamiento que proteja el cuerpo de la radiación.

Cuando entro en la zona roja, puedo sentir una sensación de ardor en los ojos y un denso olor químico en el aire.

El fotógrafo malasio Keow Wee Loong no ha querido esperar a que los burócratas tardaran casi un mes en conseguir rellenar todo el papeleo y, equipado únicamente con su cámara y una máscara de gas, se coló de madrugada en la zona de exclusión a través de uno de los bosques que la delimitan, para evitar así los controles policiales ¿Astuto o inconsciente? Tal vez ambos, sin embargo en un grito público contra la energía nuclear ha subido a su Facebook las imágenes que captó, para lanzar el mensaje al mundo: la energía nuclear y sus consecuencias no desaparecen, solo somos nosotros que las olvidamos.

Todavía recuerdo lo que es tener sólo un GPS y un mapa de Google para atravesar el bosque a las 2 de la mañana y llegar a la ciudad de Okuma, Futaba y Namie.

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Fuente: Facebook Keow Wee Loong / Bored Panda