El mundo se ha puesto de acuerdo en algo ¿La paz mundial? ¿El fin del racismo? ¿La encarcelación de los ladrones trajeados que nos atracan a diario? ¡No! El mundo entero ha salido a la calle para hacerse con todos los Pokémon gracias a la nueva APP que Nintendo ha sacado, revolucionando el mundo móvil… y el real.

¡Ojo! No os penséis por mi comienzo que este artículo es un texto de crítica hacia esta nueva aplicación, nada más lejos de la realidad. Aquí tenéis una jugadora nivel 6 (poquito, lo sé) que sale a la calle cada vez que se monta una fiesta en una de las poképaradas cercanas. Estoy enganchadísima, lo reconozco. Por eso mismo me he decidido a escribir este artículo de crítica hacia la prensa en general, hacia los estereotipados estándares que promociona y sobre aquellos que opinan sin usar el cerebro.

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La prensa mundial se volcó con Pokémon Go a su salida por el gran impacto social que este juego estaba generando en todos los ámbitos, clases y países. De repente, todo el mundo se lanzaba a la calle en busca de Pokémons, de todos ellos o de los legendarios que aparecían en uno u otro punto de la ciudad. Desgraciadamente, a los pocos días la misma prensa comenzó a dar noticias sobre accidentes, allanamientos y faltas varias que algunos jugadores cometían para intentar cazar a alguno de los animalillos que tenían por los alrededores. Y Pokémon Go dejó de ser la maravilla revolucionaria que era para convertirse en el mismísimo Lucifer, la fuente de los males de la sociedad y el pecado personalizado. De hecho, estamos teniendo que soportar titulares de la supuesta “prensa seria” tan disparatados como estos:

 

Según este titular tendrían que poner un aviso como en los paquetes de tabaco: "Jugar a Pokemon Go mata"
Según este titular tendrían que poner un aviso como en los paquetes de tabaco: “Jugar a Pokemon Go mata”.

 

Batiendo récords imaginarios en el mundo del futuro
Batiendo récords imaginarios en el mundo del futuro.

 

Atención: Si juegas a Pokemon Go te vuelves delincuente y dejarás de razonar
Atención: Si juegas a Pokemon Go te vuelves delincuente y dejarás de razonar.

 

Y los comentarios de la gente tampoco dejan indiferente:

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Bueno, pues según la prensa seria, y una parte de sus lectores, soy una paria social, supuesta delincuente, empanada y una chalada que a mis 34 años tengo una mentalidad ridículamente infantil por jugar a un videojuego ¡Espera! Eres una chica… ¡Pero si estas tonterías son cosas “de hombres”!

En mi mentalidad enfermiza e infantil no puedo evitar dejar volar mis ideas y pensar, algo que no parece estar tan de moda como Pokémon Go. ¿Es realmente el juego el problema o es la gente?. Volvamos unas semanas atrás, antes de la salida de Pokémon Go al mercado de las APP para móviles… El mundo sin Pokémon Go ya alertaba de la estupidez de algunos usuarios de móviles, con noticias que hablaban especialmente de la egocéntrica moda de los selfies compulsivos. El turista que se cayó del Machu Picchu, varios americanos (sin parentesco ni conocido) que se querían hacer un selfie mientras se apuntaban con una pistola en los sesos y se equivocaron de botón, accidentes al volante por hacerse fotos mientras conducían… Son algunos de los ejemplos que se pueden encontrar en la red en estas últimas semanas. ¿Prohibimos el uso de la cámara en el móvil por ello? ¿Criminalizamos a todos los que hacen fotografías con ellos? ¿Prohibimos las redes sociales? Desde luego, todo ello sería una auténtica estupidez.

No nos engañemos, los que ahora se meten en casas ajenas, los que miran el móvil sin ver el semáforo en rojo que están cruzando (esto lo hacen muchos con regularidad con o sin Pokémon Go) o los que se tiran de un puente para tener a su alcance a Magikarp son los mismos que metían el tenedor en el enchufe cuando no había móviles, los que se ponían la bolsa de plástico en la cabeza, los que esnifaban pegamento en el colegio o los que se lanzaban con el carrito de supermercado por la rampa más empinada de su pueblo, esa que estaba junto al precipicio. Son los mismos, solo que ahora se les ha dado una herramienta que también usamos el resto de mortales, los móviles. Sin embargo, la prensa prefiere hablar de ellos que de los problemas reales de la sociedad y del país, no vaya a ser que dejen los teléfonos a un lado, se acuerden de que están enfadados y comience la revolución.