Hubo un tiempo, hace muchos años, que Electronic Arts no parecía Electronic Arts. Todo comenzó con el lanzamiento de dos juegos, casi simultaneos, que se alejaban de lo que la compañía nos tenía acostumbrados –ya sabéis, juegos deportivos, coches y shooters clónicos-. Esos títulos se llaman Dead Space y Mirror’s Edge, dos sagas que a pesar de comenzar con mal pie en ventas, el boca a boca de los usuarios y una bonita reducción de precio consiguieron llegar a números interesantes. El caso de Dead Space ya lo conocemos todos: se lanzó una magnífica segunda parte que catapultó la saga a lo más alto.. hasta que EA volvió a ser EA y quiso que Dead Space 3 fuera más un CoD de turno, dilapidando así la esencia que había atraído a los jugadores más exigentes y matándola para posiblemente ya nunca regresar.

Pero si Dead Space tuvo un recorrido inmediato, parecía que con Mirror’s Edge la compañía norteamericana tenía más dudas a la hora de sacar una secuela –ya sabéis, no hay disparos y eso no vende-. Constantemente se nos vendía que su segunda parte estaba en desarrollo, que se estaban recopilando ideas, que si iba a ser muy rompedor…. Pero lo cierto es que hasta hace un par de años no conocimos que Faith iba a volver a calzarse sus bambas de runner. “¡Bien, cojonudo! Muy mal lo tienen que hacer para que el juego les salga malo”, pensé en mis adentros cuando vi el primer vídeo jugable. Iluso de mí, algunas veces me olvido de que EA es y será siendo EA…

 

Faith vuelve a las azoteas

Mirror’s Edge: Catalyst viene a ser un reinicio del primer juego, algo que me parece un tanto incomprensible teniendo en cuenta que el primer Mirror’s Edge podía haberse expandido tranquilamente sin tener que tirar su historia a la papelera de reciclaje. En el juego volvemos a manejar a la joven Faith Connors, una runner que acaba de salir de la cárcel y que ha de volver a acostumbrarse a su habitad natural: las azoteas de los enormes rascacielos de la ciudad de Cristal. Si esperas que EA te cuente por qué leches Faith ha estado enchironada más vela que te pongas cómodo y que te compres el cómic Mirror’s Edge: Exordium, ya que es allí y no en el título que quizás compres donde comienza la historia que se cuenta en Catalyst. ¡Puntazo para el equipo de marketing de EA, oiga!

Mirror's Edge Catalyst

Cogemos el mando, nos ponemos a jugar y la primera sensación es fantástica. El juego gráficamente luce bien, los controles han sido mejorados y depurados, y nos cuentan que tendremos tooooooda la ciudad de cristal para recórrela las veces que queramos, ya que a diferencia de su renegada precuela, Catalyst es un título de mundo abierto. ¡Leches, la cosa abruma lo suyo! “¡Por esa ruta iré y por descontado que esa zona tan chunga la voy a recorrer!”, piensas mientras juegas. Y así lo haces durante las primeras dos horas, donde el juego te va dejando escoger entre seguir la historia principal o hacer sub-misiones que consisten básicamente en llegar a un punto del mapa antes de que se nos termine el tiempo, hacer contra-relojes o simplemente recoger objetos repartidos por toda la ciudad. Ahora bien, pasan las dos horas y comienzas a decir: “en serio he de volver a recorrer todo eso para ir a esa misión” o “otra vez por este puñetero lugar: ¡habré pasado más de 50 veces por aquí ya!”, y es ahí cuando te das cuenta de que la fórmula del juego hace aguas y que lo que queda bien para juegos como Assassin’s Creed o GTA quizás no case con todos los juegos. De hecho, y por poner un símil gracioso, yo diría que el desarrollo de Catalyst vendría a ser parecido a cuando eres niño y decides que mezclar todas tus bebidas favoritas va a dar como resultado el mejor refresco del universo, cuando lo que obtienes es un líquido verde y pegajoso, cuyo sabor horrible hace que aprendas una valiosa lección: hay cosas que es mejor no mezclar y que van mejor por separado.

Después del duro golpe de realidad llega la etapa de asimilación. Ves que el juego tiene cosas interesantes y que si vas al grano es entretenido, que al ir desbloqueando nuevos movimientos y habilidades de Faith las posibilidades de afrontar las misiones las misiones aumentan de sobremanera y que no has de hacerlo todo en el juego para que sea disfrutable. Y entonces, en ese momento, ves que esta segunda parte es muy inferior a la primera, que se han adoptado decisiones que perjudican mucho al juego, que los nuevos personajes y su historia son predecibles y sosos, pero que te lo puedes pasar relativamente bien jugándolo. Es una resignación un tanto curiosa, ya que desechas partes del juego como si estuvieras pelando una cebolla y te terminas quedando con una pequeña parte que te termina gustando.

 

Conclusiones

Mirror’s Edge: Catalyst es el mejor ejemplo de que si algo funciona es mejor no tocarlo y conformarse solo con potenciarlo. Y es que si EA hubiera invertido el tiempo y el dinero de este juego en hacer una historia lineal profunda y trabajada, con extras como pruebas contrareloj, ahora posiblemente estaríamos hablando de un juego fantástico y esperando como locos una tercera parte. Pero claro, EA tuvo que ser EA y querer llegar a un público más comercial, y eso lo pagamos los fans como nos pasó con Dead Space.