Hace pocas semanas tuvimos la suerte de poder pisar uno de los lugares más sagrados de Japón, el cementerio Okunoin situado en el recinto templario budista de Koyasan, o Monte Koya. Un lugar que nos conquistó y nos causó escalofríos a partes iguales, pero cuyo recuerdo aún está fresco en nuestra mente, y por eso queremos compartirlo con todos vosotros.

Lejos de lo que las imágenes puedan o no transmitir, la quietud y el silencio del lugar, solo roto por el ruido incesante de las cigarras, hacen que el paseo entre las más de 200.000 tumbas de todas las épocas, que componen este inmenso cementerio, sea una experiencia digna de ser vivida al menos una vez en la vida. Okunoin nació precisamente tras la muerte del hombre que hizo posible que toda la zona sea ahora tan popular, el monje Kukai (llamado Kobo Daishi después de muerto) quien en el año 819 eligió el Koyasan como punto central del budismo shingon, una de las sectas con más seguidores del budismo japonés. Según cuenta la leyenda Kobo Daishi no llegó a morir nunca, si no que alcanzó el Nirvana y sigue meditando con vida eterna en el Koyasan, en donde se le guarda culto en el templo situado justo al final del cementerio.

El camino hasta el lugar de reposo eterno de Kobo Daishi se divide en tres partes, separadas entre ellas por puentes: la primera parte es la que se extiende desde la entrada hasta un tercio del camino. La segunda, más larga, cubre más o menos los otros dos tercios. Y el final, es una zona más o menos pequeña en donde se encuentra el templo donde reposa Kobo Daishi, también está el templo Tôrô-dô (cuya estancia principal la decoran más de diez mil farolillos de aceite) y la gran pirámide de estatuas Jizo.

Esta zona final está delimitada por un tercer puente, a partir del cual hay un cartel que reza: «Estás entrando en la zona más sagrada del cementerio, por favor compórtate con respeto» junto a otros carteles de prohibiciones varias, entre las que se encuentra la de tomar fotografías y, lógicamente, utilizar el móvil. ¿Porqué os contamos todo esto? Para que comprendáis que nosotros fuimos respetuosos con esa norma y sepáis que las imágenes que os mostramos a continuación son únicamente de la parte de Okunoin en la que se puede sacar fotografías, que no es poca, pues el camino hasta el final se extiende durante 2 kilómetros.

Ya puestos un poco en materia no nos queda más que transportarnos en el tiempo con esta galería de imágenes del cementerio Okunoin, en Koyasan. Esperamos que la disfrutéis 😉

Koyasan-Tallon4-1 copia

 

Koyasan-Tallon4-2 copia
Koyasan-Tallon4-3 copia
Koyasan-Tallon4-4 copia
Koyasan-Tallon4-5 copia
Koyasan-Tallon4-6 copia
Koyasan-Tallon4-7 copia
Koyasan-Tallon4-8 copia
Koyasan-Tallon4-9 copia
Koyasan-Tallon4-10 copia
Koyasan-Tallon4-11 copia
Koyasan-Tallon4-12 copia

 

Koyasan-Tallon4-14 copia
Koyasan-Tallon4-15 copia
Koyasan-Tallon4-16 copia
Koyasan-Tallon4-17 copia
Koyasan-Tallon4-18 copia
Koyasan-Tallon4-19 copia
Koyasan-Tallon4-20 copia
Koyasan-Tallon4-21 copia
Koyasan-Tallon4-22 copia
Koyasan-Tallon4-23 copia
Koyasan-Tallon4-24 copia

Y por la noche es una visita recomendadísima, siempre teniendo en cuenta que debéis respetad la paz de los difuntos y del lugar, por muchos siglos que haga que estén allí reposando. Nosotros pensábamos unirnos a algún grupo con guía para hacer el camino caída la noche, pero finalmente decidimos ir por nuestra cuenta, como algunos caminantes más, y fue una experiencia magnífica. La tranquilidad y quietud de Okunoin no se disfruta igual con un grupo de 15 o 20 personas que en soledad, en pareja o con un pequeño grupo de amigos. Al anochecer los farolillos de piedra que delimitan el camino principal se encienden y crean una escena que bien podría ser la inspiración de cualquier Project Zero. Alucinante ^_^
Koyasan-Tallon4-25 copia
Koyasan-Tallon4-26 copia
Koyasan-Tallon4-27 copia