Nintendo tiene un problema con el inframundo. Su obsesión con el subsuelo no sólo ha tenido a Mario y a compañía introduciéndose por las tuberías durante décadas. También hizo lo propio con varios protagonistas de Game & Watch. Aunque eso sí, con menos clase.

Mientras que el personaje principal de Manhole se encargaba de encajar las alcantarillas de la ciudad en el momento preciso, un tal John Solver se colaría por ellas seis años más tarde. Todo indica que el primer hombrecillo no hizo bien su trabajo, ya que, con gran frecuencia, Solver se encontraba atrapado entre paredes.

Saber que no hay salida en un entorno tan poco higiénico no tuvo que ser un trauma fácil de superar. Si a esto le sumamos que había bombas a su alrededor, tal vez nunca volviera a introducirse en espacios cerrados. Éste fue el protagonista de Bomb Sweeper, un clásico que tuvo varios elementos originales y hasta inéditos. Aunque no todos serían buenos. Ser el juego que peor aprovechaba la doble pantalla de la consola es uno de ellos…

 

Rapidez y lógica con un único botón

Bomb Sweeper se lanzó en 1987 para el modelo Multi Screen de Game & Watch. En la pantalla inferior se desarrollaba toda la acción y en la superior se mostraba una escena casi estática, más allá de la introducción. ¿No hubiese sido mejor aprovechar las funcionalidades de otro modelo? Tal vez sí, pero de poco sirve ya lamentarse.

Ya hemos visto como el protagonista era John Solver, convertido en un héroe para el resto de su vida. Ahora, conozcamos la historia completa. Dynamite Jack, además de tener un nombre poco original, contaba con un maléfico plan que ponía en peligro a toda una ciudad. Con las bombas en mano, se introdujo por una alcantarilla y las repartió por todos los escenarios que encontró.

Bomb Sweeper game and watch

El bueno de Solver se ofreció voluntario para encontrar esas bombas a tiempo y desactivarlas. Aunque cada vez que no lo hacía las consecuencias eran únicamente para él… No llegar a tiempo a desactivar una bomba o quedarse atrapado en el laberinto de paredes significaba la pérdida de una de esas tres vidas. Pero no nos precipitemos. Retrocedamos al momento en que John Solver se introduce por la misma alcantarilla que el antagonista.

Como una amplia mayoría de juegos de Game & Watch, tuvo dos modalidades: A y B. Si habíamos elegido la primera, el protagonista se encontraría ante unos escenarios que se repetirían cada vez que decidiésemos iniciar la aventura. La cuenta atrás se situaba en 40 segundos y el jugador tendría que invertir los primeros en localizar la bomba. Una vez vista, tendría que llegar hasta ella. Si lo hacía a tiempo, los segundos restantes se sumarían a un marcador global y se daría paso al siguiente escenario.

Por norma general, el tiempo era suficiente, aunque era un buen aliado para añadir presión al asunto. En algunos escenarios, el protagonista podría llegar hasta la bomba corriendo, sin necesidad de tocar nada. En otros, sería necesario mover algunas paredes y abrir así nuevos caminos. Este sería el motivo por el cual Solver se quedaría encerrado en más de una ocasión, con la consecuente pérdida de una vida. Y, con tres, vuelta a empezar.

Lo peor llegaba al descubrir que nos habíamos encerrado al desplazar paredes que no tenían por qué moverse. Si aplicábamos bien la lógica, veríamos que había más escenarios que no requerían mover nada de lo que parecía a simple vista. Con ello, Bomb Sweeper fue uno de los pocos juegos de Game & Watch que combinó la velocidad con los puzles y la lógica. Un buen plan se traduciría en realizar sólo los movimientos necesarios y, si era con rapidez, mucho mejor. Y he aquí su parte más original: fue la única consola con un único botón de control.

Bomb Sweeper NES

En su parte derecha encontrábamos los dos que permitían elegir la modalidad, justo encima del que controlaba la alarma. A la izquierda sólo teníamos una única cruceta con la que mover al personaje. Y, donde debería haber estado el botón de agarre/golpe/salto, había una imagen de nuestro protagonista. A su favor, diremos que salía más que favorecido y que inspiraba a dejarse la piel en la causa.

 

¿No puedo parar?

El objetivo en el modo A era encontrar a tiempo las bombas de todos los escenarios. Cada diez niveles, hacía su aparición uno movedizo, en el que el personaje tendría que desplazarse a medida que lo hicieran las paredes. El peligro era el mismo, quedar encerrado. En esta modalidad primaría la lógica, ya que el tiempo no se consideró el mayor de los problemas. Es más, uno de sus atractivos era jugarlo una y otra vez para obtener, en cada intento, un mayor tiempo acumulado. ¡Algo con lo que presumir de por vida!

Por otro lado, era en su modalidad B donde el tiempo ya no era un logro, sino la misma supervivencia. Los escenarios ya no podían memorizarse ante jugadores expertos, ya que se generaban de manera aleatoria. El primer escenario también tendría un tiempo máximo de 40 segundos, pero, a medida que avanzásemos, el tiempo se iba reduciendo.

No se sumaba el sobrante a un marcador global, sino que éste era el que determinaba el siguiente nivel. Así, era habitual que los jugadores tuvieran que completar muchos de ellos en cuatro segundos. Tarea complicada, pero posible. La misión finalizaría al perder la tercera vida, acción muy influenciada por el cansancio del jugador.

Este juego contó únicamente con un botón de control y, para desgracia de los actuales jugadores, no tuvo botón de pausa. Un escenario precedía a otro sin descanso. La dificultad aumentaba con cada uno y cada vez se precisaba de una mayor atención y concentración. Y ya se sabe, sin una buena pausa para beber agua o simplemente para mirar el techo, los éxitos no pueden ser infinitos.

Bomb Sweeper no tuvo versión protagonizada por los personajes de Super Mario, como es habitual en clásicos de Game & Watch, aunque sí hizo su aparición en otras consolas. Fue el caso de NES, con su colorida versión, o de Game Boy Advance. Porque salvar al mundo de un portador de bombas de una forma tan estresante no merecía estar reducida a una única plataforma. ¡Hasta el próximo Retromanía, talonianos!