Mario pudo haber sido un maltratador de animales y Donkey Kong un ser vengativo. Hace muchos, muchos, muchos años, un gorila secuestraba a la joven Pauline. Éste resultaba ser el famoso Donkey, mientras que el héroe que se encargaría de rescatar a su primer amor sería conocido como Mario. Cuenta la leyenda que el animal tuvo un motivo más que justificado para capturar a la joven y no fue otro que su sed de venganza.

Donkey y Mario ya se conocían. Años atrás, el futuro fontanero sería el máximo responsable de un circo, no exento de malas acciones hacia los animales. Uno de ellos fue el mismo gorila, al que había capturado tiempo atrás. Le ridiculizaría obligándole a correr encima de un barril, haciendo malabares.

Para colmo, las piñas no serían el único objeto con el que practicar su equilibrio. Varias bolas de fuego caían desde las alturas y si una de ellas tocaba al animal, Mario no podría parar de reírse en una buena temporada. Mientras, el bueno de Donkey se preparaba para seguir con la función, dejando a un lado su posible dolor.

Teniendo en cuenta estos hechos, Donkey pudo haberse escapado del lugar o quizás, Mario decidió dejar el circo al elegir una nueva profesión (ya se sabe que, en su currículum, encontramos trabajos como soldado de guerra, cocinero, doctor, albañil o árbitro). El gorila estaría dispuesto a empezar una nueva vida, pero no se quedaría tranquilo hasta que el bigotudo recibiera un castigo que igualase sus años de sufrimiento. Su plan pasaría por secuestrar a Pauline, su primera novia, y el resto ya es historia…

 

 

Una mecánica de juego poco revolucionaria

Esta historia es importante a la hora de recordar Donkey Kong Circus. Este clásico apareció en 1984 en Game & Watch, pero para que la leyenda tenga sentido, no debe situarse cronológicamente después que el juego de Donkey Kong por excelencia. Su éxito fue limitado y no destacaría por una revolucionaria mecánica de juego. Su lanzamiento en el modelo Panorama Screen le permitiría hacer uso del color en todos sus elementos sobre pantalla negra, pero su forma de juego era similar a buena parte de los títulos de la consola.

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El equilibrio era la premisa más importante del animal, mientras que el jugador tendría que recurrir a su máxima atención. Como ya ocurría en Ball, Fire, Parachute, Chef, Tropical Fish, Oil Panic o Mario The Juggler, no podía caer nada al suelo. En este caso, serían las piñas las que caerían. Con los botones de derecha e izquierda (los únicos de control de la consola), el protagonista se movería de un lugar a otro.

Al ponerse debajo de una piña, éste la golpearía hacia arriba para ir hacia la siguiente. Como era habitual, la velocidad aumentaría y varias parecerían caer al mismo tiempo. El dilema acerca de hacia dónde acercarse seguiría estando presente, dando lugar a situaciones de parálisis. Las bolas de fuego, con ojitos y sonrisa, añadirían dificultad. Con ello, no sólo se perdería una vida si una piña caía al suelo, sino cuando la llama tocase la piel del primate.

Y he aquí el papel de Mario en el juego. La tarea de Donkey era más que complicada. No siempre resultaba sencillo acudir al rescate de una fruta cuando varias llamas se interponían en el camino, aunque nuestro antagonista pareciera no comprenderlo. Cada accidente era motivo de burla para él y no contento con reírse como si no hubiera un mañana, se divertía señalándole con el dedo.

Antes de empezar el reto, podía parecer una ocasión insólita. Los dos personajes estaban juntos ante un colorido escenario, sin nadie encerrado entre jaulas. Su disposición invitaba a pensar que ambos colaborarían en una tarea común, como ya ocurría en otros juegos en los que su protagonista daría objetos al hombre de la derecha. Conforme pasaban los segundos, ya comprendíamos que no sólo Mario estaría quieto, sino que se reiría de las desgracias durante la función. Hecho inédito arrojado por el retrete.

 

 

Una curiosa referencia

Donkey Kong Circus es una de las Game & Watch más caras que podemos encontrar hoy en día. Su elevado precio no va unido a su calidad, sino a lo difícil que resulta hacerse con una de ellas. ¿Ayudan las curiosidades a revalorizarla aún más?

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Además de ser uno de los juegos que pondrían sentido a la rivalidad inicial entre Mario y Donkey, hay que tener en cuenta que existió otro modelo idéntico. Su nombre era Mickey Mouse y también se lanzó para la consola Panorama Screen, unos meses antes. El famoso ratón tendría que poner a prueba su equilibrio al caminar sobre una enorme pelota. A la vez, hacía malabares. Si un objeto caía al suelo, perdería una vida. Con tres, vuelta a empezar.

Su jugabilidad era idéntica, pero hubo una diferencia crucial. Donald hacía la misma función que Mario. Esto es, nada. Sin embargo, nunca se alegró de un fallo de Mickey. Si éste perdía un objeto, se mostraría alarmado y preocupado. ¡Eso sí que era amistad de verdad! Y, ya puestos a enumerar semejanzas con Donkey Kong Circus, diremos que su precio actualmente en altísimo.

Ahora bien, el siguiente sí que es un dato curioso para los auténticos fans de Game & Watch. Ya se sabe que la referencia de la consola es uno de sus elementos más importantes. Es el alma de la maquinita, su huella dactilar, su identidad. Aquélla que la diferenciaba de otras con su mismo nombre. La referencia de Donkey Kong Circus fue MK-96, mientras que la de Mickey Mouse era DC-95.

Puede parecer irónico que en el juego de Donkey las letras de Mickey constituyan su referencia, mientras que en el de Disney parezca hacerse alusión a Donkey Kong Circus. ¿Casualidad o planes maléficos de Nintendo para que no pudiéramos pegar ojo durante todas las noches de nuestra vida? Dato curioso extra: Donkey fue el héroe que más veces apareció en Game & Watch, seguido muy de cerca por Mario. Parece que, al menos, el gorila pudo ganarle en algo más allá de en competiciones de Mario Kart. Y quien sabe, quizás aún siga con ansias de venganza ocultas… ¡Hasta el próximo Retromanía, talonianos!