Game & Watch es una especie de bazar gigante en el que uno encuentra siempre lo que necesita. Con la diferencia del precio. ¿Qué busco una herramienta que le enseñe a mi compañero de piso lo importante que es recoger la lluvia cuando se acerca una tormenta? La tengo. ¿Quiero juegos para dos basados en la rapidez mental? Ahí están. ¿Algún ejemplo que muestre a Mario en su trabajo más extraño? También.

La consola portátil, en todos sus modelos, tiene un amplio catálogo con el que poner a prueba los reflejos, apostar por los saltos e introducirse en las plataformas. Algunos de sus títulos supondrían los primeros inicios de sagas Legen-darias, y otros trasladarían al jugador a una cocina profesional, a un taller o a las profundidades de las alcantarillas.

Nintendo utilizaría esta consola para mostrar juegos originales que, en la mayoría de los casos partían de ideas sencillas. Pero también sería la plataforma que acogería a clásicos ya conocidos como Black Jack o Pinball, el juego que nos ocupa. Como hecho histórico es importante saber que fue la Game & Watch que permitió la mayor puntuación: 999.900. ¿Y esto qué importa si sería casi imposible alcanzarlos? Tal vez nada, pero los fans de la consola nos alimentamos de estos datos, con los que aburrir asombrar a los amigos. Que si la única Game & Watch de un único botón,  aquélla con los controles invertidos… Un universo fascinante.

 

Un mundo de color

Nintendo puso a la venta Pinball en el modelo Multi Screen en 1983 con grandes esperanzas. Una de las grandes máquinas recreativas por excelencia, introducida en una pequeña consola a doble pantalla. ¿Por qué iba a fallar cuándo a día de hoy la Tierra aún se divide en dos? Aclaremos este punto. En la vida, existen dos tipos de persona: los que aún guardan monedas para, de vez en cuando, permitirse el lujo de jugar una partida o los que sueñan con tener una súper máquina en casa. Los odiosos afortunados que ya la tienen también se incluyen en el segundo.

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Esta apuesta no tuvo el éxito esperado. Tal vez porque su paso a videojuego no resultó tan emocionante (al menos en ese momento) o porque los jugadores ansiaban cosas distintas al llegar a casa. Independientemente del motivo, lo cierto es que nos encontramos ante una consola en color negro, en contraste con todo el colorido que esperaría en su interior.

La pantalla superior estaría dedicada a la puntuación, así como a la parte de arriba de una máquina de Pinball. Tenía rutas que otorgarían una buena puntuación, caminos a los lados, obstáculos contra los que chocar y dos palancas. La inferior, tendría su bonito Bonus en el centro, caminos de puntuación y las dos palancas principales. Aquéllas que obligaban al jugador a poner todos sus sentidos en la pantalla, si no quería perder una bola.

Todo ello estaba representado en tonos rosa, azul, amarillo, naranja y verde pastel. ¿Ya nos intentaba comprar Nintendo con un mundo de color repleto de felicidad? Aunque este clásico carece de explicaciones, sí que conviene diferenciar entre su modalidad A y la B. Todas las consolas que contaron con estos dos niveles tenían una semejanza en común: la B era más difícil que la A. Y Pinball no iba a ser menos. El jugador contaría con tres bolas en la primera. Si optaba por la B, sólo tendría una.

 

Un objetivo sencillo

Independientemente del modo escogido o de la duración de una partida, que podía pasar de un par de segundos a un buen número de minutos, era el mismo. El jugador tendría que dejarse la vida por obtener el mayor número de puntos. Con tres bolas disponibles, la misión parecía más sencilla. Cada vez que una se colaba por ese molesto agujero central, otra se ponía en camino. Con una, era más complicado conseguir una puntuación alta, aunque no hay que olvidar que Pinball siempre es imprevisible.

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Una única bola puede hacer maravillas buscando las mejores rutas y, por supuesto, es capaz de llegar a una determinada puntuación que deje tras de sí otras compañeras, que llegan en el momento que necesitamos. En el mismo dibujo de su consola ya se informa de que podemos hacernos con esa soñada puntuación, de 999.900.

¿Significa eso que si no lo conseguimos hemos fracasado? Lo más probable es que sí, aunque siempre resultó divertido jugar una partida tras otra, en busca de mejorar el resultado. Y, a falta de una modalidad multijugador, también resultaba divertido jugarlo por turnos con un amigo y competir por los ansiados puntos.  Es en su caja donde aparecen tres simpáticas bolas, con ojos, nariz y boca, que demuestran que si el jugador puede pasárselo bien, más aún lo hará una de ellas. ¿O acaso nadie echa sus euros en las máquinas para que las pequeñinas se paseen un poco?

Hoy en día, existen numerosas versiones del clásico en buena parte de las consolas y en ordenadores. Cada cual promete ser mejor que la anterior. Más colores, más luces, más efectos y más todo. Pero ninguna ha conseguido sustituir a ese sueño de tener una máquina de verdad en casa. En el caso de la versión de Game & Watch, hay que decir que estaba muy lograda.

El movimiento era realista, así como la velocidad y la actuación de las bolas. No hay que olvidar que es un juego de principios de los ochenta y que, aunque no introdujo elementos revolucionarios, sí que serviría para quitar esa espinita de dejarse los ahorros en la máquina recreativa. Aunque sólo fuera muy muy muy de vez en cuando… ¡Hasta el próximo Retromanía, talonianos!