Hay yokais bueno, otros traviesos y otros tan perversos como peligrosos ¡Cuidado! Pues el yôkai de esta semana es uno de ellos, tan peligroso como antiguos en el folclore popular nipón. Hoy conoceremos al Amanojaku, un yôkai de esos que no deseas que se cruce en tu camino.

Amanojaku (邪鬼天)

El amanojaku es un yôkai malvado. Sus avistamientos y leyendas son anteriores a que existiera la escritura en Japón (que llegó al país en el siglo IV). Aunque es un ser de la mitología sintoísta, en algún momento de la historia se le comenzó a asociar con el mal desde el punto de vista de la religión budista. Por ese motivo lo podemos ver derrotado por deidades “buenas” budistas, como los Cuatro Reyes Celestiales, en algunas pinturas y leyendas.

A menudo se describen a los amanojaku como kamis malignos, yôkais malvados u onis menores, y son conocidos por propagar la contaminación espiritual allá dónde van, así como por ser causantes de las malas acciones de los seres humanos. Se cree que la figura del amanojaku nació por la unión de las leyendas sobre Amanozako, Amenosagume y Amenowakahiko, otros seres del folclore nipón.

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Sobre el aspecto del amanojaku, se le suele representar como si fuera un oni: un ser de aspecto humano, parecido a un demonio budista, gordo, barbudo y muy tosco, con mirada feroz, colmillos y un cuerno en medio de la cabeza.

La leyenda más extendida sobre el amanojaku dice que, hace muchos años existía una pareja de ancianos que se encontraron un bebé en el interior de un melón. Era una linda muchachita, que creció y se convirtió en una bella mujer. Un día le propusieron matrimonio, y cuando los ancianos fueron al pueblo a por la dote, el amanojaku se presentó en el hogar de la muchacha, a quién habían dado el nombre de Hime Uriko. Los ancianos ya habían advertido a Hime Uriko que en su ausencia no abriera a nadie, y aunque el amanojaku llamó a la puerta con insistencia, ella se negó a abrirle. Pero el yôkai que era muy insistente le dijo que no hacía falta que le abriera, solo que entreabriera la ventana. Ella no pudo negarse ante tan inocente gesto, pero en cuanto abrió un poco el amanojaku se abalanzó a por ella. Aunque ella luchó por su vida, el demonio era demasiado fuerte. Le rompió el cuello y ella murió. Pero no contento solo con eso, el amanojaku le desolló la piel y se la puso para hacerse pasar por la joven.

Cuando los ancianos llegaron a casa no se dieron cuenta de que su hija ya estaba muerta, y que en su lugar solo había un temible yôkai. Cuando llegó el día de la boda, los ancianos llevaron a la falsa Hime Uriko hasta la casa del novio, pero entonces un cuervo les advirtió que aquel a quien llamaban hija era un amanojaku disfrazado. El amanojaku trató entonces de huir, pero fue perseguido por la pareja de ancianos. Pronto se unió todo el pueblo a la persecución, y acabaron por acorralar al amanojaku, mientras lo apedreaban, y no pararon hasta que el amanojaku murió.