En Occidente vivimos la Navidad como una fiesta fundamentalmente religiosa, pese a las deformaciones culturales en la que la enmarcamos en estas últimas décadas, donde las compras y el consumismo eclipsan el espíritu “original” de la celebración. Por eso es tan curioso, desde nuestro punto de vista, que en Japón, un país que tiene una población de más de 127 millones de habitantes y en donde apenas menos de 2 millones son cristianos, vivan la Navidad con tanta intensidad.

Japón y la Navidad, un intento de interpretación

Como decíamos, Japón es un país cuya religión mayoritaria es el budismo, unido a su credo autóctono el sintoísmo, y donde el censo de cristianos en 2013 apenas alcanzaba los dos millones (alrededor de 1.900.000 personas en 2013 que equivale a un 1% de la población). Sin embargo pocos japoneses no celebran actualmente la Navidad, y en especial la noche buena. Sí, en Japón se vive más intensamente la noche del 24 que el mismo día 25 ¿curioso, verdad?

Se dice que la Navidad hizo su aparición en Japón en el año 1904, cuando la tienda de productos de lujo Meiji-ya, situada en el distrito de Ginza, engalanó su entrada con un árbol de Navidad. Desde entonces la alegría y el consumismo asociados a la festividad ha hecho que Japón la integrase en su calendario de fiestas anuales, eso sí, con su propia interpretación.

Hoy en día las principales ciudades japonesas viven con intensidad la noche del 24 al 25 de diciembre (y los meses de preparativos que la acompañan). Las calles se engalanan con sus mejores luces, espectáculos luminosos y musicales, los restaurantes de lujo hacen grandes fiestas, los hoteles llenan sus suites de lujo y todas las casas tienen un árbol de Navidad iluminado y engalanado para la ocasión. Y es que noche buena en Japón es una fiesta muy importante, especialmente a nivel de pareja, tan romántica como los aniversarios o los cumpleaños, y un sinónimo de “gran bronca si tienes pareja y no haces lo que debes de hacer esa noche”, es decir, vivirla por todo lo alto junto a tu media naranja. Todo aquel o aquella que tiene pareja tiene una cita obligada la noche del 24 de diciembre. Se hacen regalos, cenas románticas, noches de hotel,… La fiebre por el romanticismo de esta noche mágica llega a tal extremo que algunos locales/restaurantes prohíben la entrada de parejas durante esa noche para no incomodar a los muchos japoneses solitarios que entrar también a cenar.

Los menús de Navidad también son importantes en Japón. Es tradicional el pollo asado, a menudo comprado en cadenas de comida rápida con menús especiales pensados para la ocasión, y el pastel de Navidad, una tarta de nata con base de bizcocho y adornado con fresas, chocolate, figuritas de Papa Noel y motivos navideños hechos con mazapán.

Para los peques de la casa también es un día importante, con regalos bajo el árbol, pero ni ellos ni las parejas de enamorados que se regalan sonrisas bajo los muérdagos conocen la faceta religiosa tras la celebración. Pese a lo que pueda parecer no pretendo ser crítica con ellos… ¡Ni mucho menos! Quién somos nosotros para juzgar, cuando celebramos un nacimiento que no se produjo ese día para poder sellar en el olvido una antigua “fiesta pagana” que no gustó a nuestros guías espirituales cristianos 😉 Ni los japoneses, ni nosotros tenemos consciencia real de lo que celebramos, pero qué bien sientan unos días de fiesta ¿Verdad?