Hemos tenido que dividir el especial sobre el cristianismo en Japón en dos partes para que nadie se quedara dormido por el camino ¿Habéis cogido fuerzas este fin de semana? Pues no os perdáis que ahora viene lo más interesante ^_^

Nos quedamos con los reinos de Portugal y Castilla unificados en la Corona Española y con Felipe II dueño y señor de medio mundo. En Japón, por su parte, dejaban a los jesuitas predicar el cristianismo debido a la influencia que tenían sobre los comerciantes portugueses. Estos traían a Japón armas que ayudaban a los daimios a derrotar a sus clanes rivales en las guerras por la unificación de Japón.

Pero la situación comenzó a torcerse para los cristianos en 1580, cuando uno de los daimios involucrados en ese amalgama de guerras se hizo con el control de casi todo Japón: Toyotomi Hideyoshi.

Antes de su última conquista, Hideyoshi había mantenido un trato cordial y tolerante con los jesuitas, pero una vez se hizo también con el sur del país, unificando así Japón y terminando un período de sangrientas guerras, ya no necesitaba a los cristianos ni el trato favoritario que gracias a ellos obtenía de los comerciantes portugueses. También comenzó a darse cuenta de la gran influencia que ejercían los cristianos sobre algunos daimios de sus territorios (en Kyûshu se habían llegado a destruir templos y santuarios una vez los daimios se convirtieron) incluso tenían el control de la ciudad de Nagasaki.

Hideyoshi comenzó a ver esta influencia con malos ojos, temiéndose una posible vía de invasión por parte de los españoles. Así en 1587 proclamó el “edicto anticristiano” (Bateren Tsuihôrei) que anunciaba la expulsión de todos los sacerdotes católicos del país (solo sacerdotes, ni comerciantes ni extranjeros en general estaban incluidos). Con la excusa de que aún tardaría unas semanas en llegar el barco que les tenía que sacar del país los sacerdotes se reunieron y decidieron que solo unos pocos abandonarían territorio japonés, el resto permanecería en el país ejerciendo su labor clandestinamente.

Y así lo hicieron durante unos años. Hideyoshi lo sabía, pero dado que no le interesaba poner en peligro las relaciones comerciales con los europeos, dejaba a los sacerdotes en paz asegurándose de que con la ordenanza impuesta ya hubieran captado el mensaje.

Sin embargo, todo cambió con el incidente del Galeón San Felipe. Este galeón que hacía el trayecto Manila-Acapulco naufragó y llegó a costas de Japón con multitud de mercancías. Cuando un emisario de Hideyoshi llegó para interrogar a la tripulación, se dice que el capitán, queriendo alardear y sorprender a los japoneses, sacó un mapa del mundo señalando todos los territorios que estaban bajo las órdenes de Felipe II. Cuando se le preguntó el motivo por el cual un mismo rey podía tener tantas tierras, el capitán respondió orgulloso que primero los españoles enviaban sacerdotes que convirtieran a algunos habitantes y élites de las tierras nuevas al cristianismo. Y después enviaban al ejército a conquistarlos, que era una tarea más sencilla cuando ya se había convertido.

Bueno, esta es una versión de la historia, pero hasta ahora no podemos saber si fue exactamente tal y como pasó.

El caso es que Hideyoshi, temiéndose una invasión inminente de los españoles (e influenciado por una serie de locuras y obsesiones que parece ser que se apoderaron de él durante sus últimos años de vida) mandó crucificar y atravesar por lanzas a 26 religiosos para dar ejemplo y enviar un mensaje a sus enemigos. Este funesto grupo pasó a la historia bajo el nombre de los “Mártires de Nagasaki”. Así, tanto Hideyoshi como su sucesor mantuvieron una actitud de desconfianza hacia los cristianos, que veían como un instrumento de conquista de Felipe II.

Ahora damos un pequeño salto en el tiempo, situándonos en la segunda generación Tokugawa (sobre la primera mitad e 1600). Tokugawa Hidetada, hijo del primer shogún de la familia Tokugawa Ieasu, quiso fortalecer las relaciones comerciales con los españoles, pero las respuestas desde palacio eran especialmente tardías y condicionadas a que se expulsara del país a holandeses e ingleses y se aceptara el envío de nuevos sacerdotes católicos a Japón. Dado que holandeses y los ingleses solo estaban interesados por el comercio y no habían mostrado el menor interés por la conquista del país Hidetada optó por cubrirse en salud y, teniendo ya las necesidades de comercio cubiertas por otros frentes, finalmente prohibió la religión católica en todo Japón, iniciando un proceso de persecución y expulsión hacia los cristianos.

Fuente: Secretum meum mihi. Uno de los 10.000 escritos originales que muestran la persecución del cristianismo desde el siglo XVI al XIX.

Y así fue, taloniano, que llegamos a la época en la que transcurre la película “Silencio”, de Martin Scorsese y la cual nos ha servido como fuente de inspiración para este especial, aunque cualquier excusa es buena para descubrir más sobre Japón. No quiero olvidarme de otra fuente, la de información. Tal y como mencioné en la primera parte, la información para elaborar este doble especial está extraída del libro “Historia de los samuráis” de Jonathan López-Vera. Si os ha gustado el tema, Jonathan lo narra mejor y con todo lujo de detalles en su libro. No os lo perdáis.

Espero que este reportaje haya servido para descubrir un poquito más sobre ese fascinante país que es Japón y sobre sus múltiples facetas, las buenas y las no tan buenas.