Hace pocos días que Carlos Santos, nuestro redactor de videojuegos, me despertó a cierta hora de la madrugada en la que las calles aún no estaba ni puestas, para informarme de las buenas críticas que estaba recibiendo una película basada en la obra maestra de la literatura japonesa de Shûsaku Endô (Tokio, 1923 – Ibidem, 1996): «Silencio«. Tras agradecerle la información… al día siguiente después de quitarme las legañas y desayunar, estuve investigando un poco sobre lo que promete ser un interesante film. Una película dirigida por Martin Scorsese y ambientada en la segunda mitad del siglo XVII que narra la búsqueda que emprenden dos jesuitas hasta Japón en busca de su mentor, el cual parece que ha renunciado a su fe debido a las torturas, persecuciones y extrema violencia con que se trataba a los cristianos en el país.

Independiente del enfoque que Scorsese haya dado a la película (como aún no la he visto no puedo juzgar), recordé que el tema de la violencia sobre los cristianos en Japón ya lo había leído en el libro “Historia de los samuráis” de  Jonathan López-Vera, y también recordé lo mucho que me impactó saber de dónde procedía esa violencia y la mala fama que tuvieron los hombres de fe en territorio nipón. Y es que a veces si rascas un poco sobre la superficie de la historia te puedes encontrar con verdaderas sorpresas.

Y por ello os quiero explicar hoy de forma muy resumida la historia de cómo se introdujo el cristianismo en Japón y por qué desembocó en una ola de violencia hacia los jesuitas y los cristianos en general. Eso sí, conste en estas líneas que el mérito de los siguientes párrafos no es mío, ya que para redactarlo me he basado en una única fuente, el libro “Historia de los samuráis” de Jonathan López-Vera. Y si el tema os gusta y queréis conocer la historia con todo lujo de detalles haceros con un ejemplar, que Jonathan lo explica mucho mejor que yo.

La llegada del cristianismo a Japón fue de la mano de los portugueses, concretamente de tres comerciantes portugueses y su tripulación china. Todo se remonta al siglo XV, cuando el Vaticano perdió muchos países de fe cristiana, entre otros motivos, por el avance conquistador del Imperio Otomano, que no solo cerró la ruta de la Seda, sino que amenazaba al cristianismo con la irrupción del islam en la cuenca mediterránea. La iglesia católica perdió así muchas mercancías que provenían de Asia y a la vez, a muchos creyentes. La respuesta a esta carencia parecía obvia: si se extendían hacia los países asiáticos podrían abrir nuevas rutas de mercancías y a la vez convertir a muchos países asiáticos a la fe cristiana.

Dos fueron los imperios que comenzaron con esta búsqueda: los españoles y los portugueses. Los españoles decidieron navegar hacia el oeste, descubriendo (por casualidad) el continente americano. Los portugueses rodearon las costas africanas llegando hasta Asia y finalmente hasta Japón.

Fueron tres comerciantes portugueses con tripulación china quienes aparecieron por costas japonesas. Cuando los chinos, que hacían de “interpretes” les presentaron les dieron el nombre de “nanban” (los bárbaros del sur), nombre con los que los chinos conocían a los portugueses y que, a partir de ese momento, sirvió para denominar a todos los occidentales en el Japón de la época. Sobre las mercancías que los portugueses traían, había algo que a los daimios japoneses les llamó poderosamente la atención: las armas.

Por aquella época en Japón los diferentes clanes samuráis y sus daimios estaban enfrascados en un periodo de guerras llamado Sengoku, en las que los diferentes bandos (que no eran pocos) luchaban entre sí por el dominio de una parte mayor de territorio que les permitiera conseguir el poder sobre todo el país. Pero parecía que la cosa estaba muy igualada y no conseguían desencajar de la situación de tablas en las que estaban atascados. Pero la llegada de las armas cambiaría completamente el panorama para todos.

Es curioso como el mito samurái mantiene que el uso de las armas durante el combate es indigno y carente de honor, y sin embargo las armas se popularizaron rápidamente entre los ejércitos samurái, a los que no parecía importarles mucho el tema del honor, sino sobrevivir a la batalla y ganarla.

Por lo tanto, las armas fueron una de las auténticas razones de que cristianismo arraigara en Japón (al menos en origen). Los daimios querían armas, los comerciantes portugueses querían dinero y la iglesia quería más fieles, por lo que gracias a los intereses de cada uno se estableció una relación entre las tres partes, que no terminó muy bien… Algo lógico a juzgar por los tres intereses incendiarios que están en juego (dinero, armas y fe).

Los comerciantes querían vender armas y los daimios de todo Japón comprarlas para hacerse con un poder y una autoridad que no existía en esos momentos. Por ello, alguien tenía de decidir en qué puerto desembarcaría cada remesa de comerciantes portugueses, y esos fueron los jesuitas. Los jesuitas eran una especie de cuerpo de élite del Vaticano, un grupo dedicado especialmente a la educación al cual le fue encomendada la misión de la conversión al cristianismo de los japoneses, una misión que vino dada por el mismísimo rey portugués Juan III.

Los daimios, que no eran tontos, rapidamente vieron la importancia de llevarse bien con los jesuitas más cercanos para ganarse su favor y conseguir que los comerciantes cargados con armas llegasen a sus puertos. Muchos decidieron convertirse entonces al cristianismo, junto con sus familias e incluso con los dominios que tenían subyugados. Aunque muchos historiadores creen que no era una conversión de fe, más bien de conveniencia.

En 1580 los reinos de Portugal y España se unificaron bajo el mando de Felipe II, lo que ofreció la oportunidad de enviar a Japón, ese paraíso prometido de conversos, frailes franciscanos, agustinos y dominicos, pese a la oposición de los jesuitas, que tenían el monopolio de la cristianización en Japón.

¿Queréis saber más? ¿Fue culpa de los españoles la mala fama de que los cristianos obtuvieron en Japón? ¿Cuál fue el detonante que produjo numerosas matanzas contra los cristianos? Nos os perdáis mañana la segunda parte de nuestro reportaje y lo sabréis todo 😉