La compra de licencias ha sido un recurso intrínseco a los videojuegos desde tiempos inmemoriales. Incluso aunque se contase con un amplio elenco de personajes propios. En la década de los ochenta, Nintendo ya explotaba, en sus Game & Watch, a los protagonistas de dos sagas que harían historia: Super Mario y The Legend of Zelda.

No contenta con ello, destacaría la presencia constante de Mickey, Snoopy y Popeye, con sus correspondientes compañeros de aventuras. Todos ellos contarían con consolas propias en las que lucirse de lo lindo o, en algún que otro caso, dejar que su imagen se asociase con el aburrimiento y la desesperación. Pero ya profundizaremos en ello más adelante.

Popeye, el personaje que nos ocupa, fue la primera licencia externa para Game & Watch y contó con tres juegos en el catálogo. El primero de ellos, y al que dedicamos este Retromanía, se lanzó en 1981 para el modelo Wide Screen. Se convirtió, así, en uno de los primeros juegos de la historia de esta consola.

Dos años más tarde, se dejaría ver en Table Top y en Panorama Screen. Esta aventura era idéntica en las dos consolas, incluidas sus figuras a todo color sobre fondo negro. Si la comparamos con la aparecida en Wide Screen, veremos que las diferencias en cuanto a calidad gráfica y jugabilidad son enormes, como si hubieran pasado diez años en lugar de dos. Pero no por ello, debemos olvidar a ese Popeye que se estrenaba en Game & Watch.

 

¿Mantener el mar limpio de basura?

La capacidad del jugador para recoger personas u objetos del cielo es la habilidad que Nintendo quiso poner a prueba en buena parte de sus Game & Watch. En Fire, Parachute, Life Boat y Tropical Fish salvaríamos a personas y animales. En Ball, Helmet, Chef, Mickey Mouse, Egg, Mario The Juggler, Oil Panic, Safe Buster, Donkey Kong Circus, Spitball Sparky y Popeye haríamos lo propio con objetos.

Curiosamente, nuestro Popeye contaba con la misma esencia que Parachute, uno de los grandes clásicos de la consola. La diferencia entre ambos residía en que el marino no rescataba a paracaidistas, sino latas, botellas y piñas. El borde del aparato era de color verde, la única alusión a las espinacas en todo el juego.

Para que el juego tenga algo de sentido y el jugador pueda entregarse en su tarea, convendría pensar que lo hacía por no contaminar el mar ni acabar con la vida de miles de peces. Aunque todos sepamos que, en realidad, su misión era abastecerse de comida y bebida.

Éste se encontraba en una barca, acompañado de Olivia. Por razones que aún hoy en día pueden resultar desconocidas, su gran amor se encargaba de lanzarle provisiones desde el maletero de su coche. Popeye tendría que recoger todas y cada una de ellas.

La mujer incrementaría el ritmo de lanzamiento de objetos y, con él, el jugador tendría que aumentar sus reflejos y su rapidez para cogerlos. Este modelo sólo contó con dos botones de control, uno para mover a su protagonista hacia la izquierda y otro para trasladarlo a la parte derecha de la pantalla. Bastaba, por tanto, con tener la mano justo debajo del objeto.

Si uno de ellos caía al agua, el jugador perdería media vida. Tras sumar tres, no quedaría otro remedio que volver a empezar, con el marcador a cero. Nuevamente, el objetivo en Popeye era acumular una mayor cantidad de puntos, para superarlos en un siguiente intento.

 

Popeye, Olivia y Brutus

Popeye bien podría haberse basado en la recolección de objetos, como otros de sus compañeros, sin enemigos a la vista. Pero una aventura de este icónico personaje no sería igual sin Brutus, su eterno enemigo. Con ello, no quiso faltar a la cita.

Desde su enorme barco, se encargaría de golpear al bueno de Popeye con su mazo. Aparecía, por tanto, una preocupación más. No podría dejar caer objetos al agua, ni tampoco ser tocado por Brutus. En caso de ser alcanzado por el villano, perdería una valiosa vida. Dado que un objeto restaba media, siempre era preferible evitar a Brutus. En más de una ocasión, tendríamos que escoger entre salvar un objeto o a uno mismo…

Como en la mayoría de juegos de Game & Watch, existió una modalidad A y otra B, diferenciadas por su nivel de dificultad. En la segunda, Brutus no sólo aparecería por la parte derecha de la pantalla. También lo haría por la izquierda, aumentando las posibilidades de caer al agua con un golpe.

Con todo ello, Popeye no fue uno de los juegos más emocionantes de la consola. Tampoco aportó una enorme dificultad, ni añadió elementos originales ni revolucionarios. Sin embargo, sí que contribuyó a seguir potenciando un catálogo de juegos basados en el movimiento como principal elemento y sin un final. ¿Perjudicó más su propia imagen y la de Game & Watch? Se admiten opiniones. ¡Hasta el próximo Retromanía, talonianos!