Dato curioso número uno para los amantes de Game & Watch. Una amplia mayoría cuenta con una modalidad A y otra B, que ofrecen el juego en dos niveles de dificultad. Pues bien, también existen modelos que rechazan esos niveles para ofrecer dos juegos distintos en una misma consola. Ya lo vimos con Flagman, clásico de las banderitas, y lo mismo ocurre con Black Jack.

Odiado y aclamado a partes iguales (o quizás más lo primero), Nintendo también quiso incorporar este juego de cartas a su catálogo. Lo hizo en el modelo Multi Screen, aquél que serviría como inspiración para Nintendo DS por sus dos pantallas.

Corría el año 1985. Tras el fracaso de Pinball en el mismo modelo de consola, dos años antes, la compañía quiso “innovar”. Si lanzas un juego que no ofrece mecánicas originales, puesto que se puede encontrar en máquinas recreativas o a través de otros medios, lo lógico es apostar, después, por un título original o revolucionario. ¿Y qué hizo Nintendo? Lanzar un Black Jack.

Las escasas ventas fueron el espejo de esa decisión. El juego no triunfó demasiado. Ni su chica con poca ropa, encargada de repartir las cartas, fue capaz de llevar a los jugadores a las tiendas. Pero no hay mal que por bien no venga. Hoy en día es un modelo relativamente barato de adquirir, puesto que quienes lo compraron en la época no lo conservan con especial cariño. A su vez, encontrar un comprador interesado no es una tarea tan sencilla. ¿Tan malo fue?

 

 

La apuesta por los llamativos colores

No diremos que Black Jack fue malo, pero sí que estamos ante una apuesta que se presentaba como poco atractiva. Y si un juego ya se intenta vender sin potenciar sus atractivos, no hay mucho que hacer.

A simple vista, parece que estamos ante el clásico juego de cartas, adornado por multitud de colores. Junto con Pinball, Black Jack fue el juego más colorido de Multi Screen, a pesar del horrible diseño de su carátula. La consola no tuvo dibujos en su interior y su caja puede considerarse el aspecto más cuidado en cuanto a su estética.

Respecto a la estética del mismo juego, encontramos un llamativo casino con su crupier, en la pantalla superior, y una mesa para el jugador en la inferior. No se puede negar su viveza, pero no estamos ante un juego con gráficos cuidados (hasta se puede echar de menos la nitidez de Octopus o Parachute).

Unos gráficos así no ayudaron a que los jugadores pasasen por caja. Veían que estaban ante un Black Jack y, si ya podían jugarlo en las mesas de su casa con cartas reales, ¿para qué hacerlo en una fea consola? Existía una razón, aunque sólo quedaría visible para quienes explorasen el juego en profundidad.

 

 

Los dos juegos de Black Jack

La razón por la que Black Jack no merece ser considerado un error es por seguir respetando la esencia Game & Watch. La que aparece en casi todo su catálogo, potenciando la habilidad, la rapidez, la concentración y la capacidad de reacción del jugador. En el fondo, Black Jack se encargaría de poner a prueba la precisión del jugador, siendo éste uno de los elementos que tanto gustan a los coleccionistas de la consola.

Esta apuesta también funciona como minijuego adictivo, al igual que sus compañeros, aunque lo hará en su modalidad B. Es en la A donde el jugador tratará de obtener cartas que sumen un total de 21. Podrá pedir más, con riesgo a superar esa cantidad, o plantarse tal y como está. Perdería la partida tanto si se pasaba como si su rival, cuyos logros se mostrarían en la pantalla superior, obtenía una mejor jugada.

Para que el juego tuviera algo de emoción, se recurría a un clásico sistema de apuestas. El jugador decidiría cuántos dólares querría apostar en su próxima jugada. Esta modalidad de juego podría haber creado más futuros ludópatas si se hubiera ejecutado de una forma original, añadiendo nuevos elementos que aportasen más emoción a las partidas.

Tal vez, si el juego se hubiese vendido mejor, los casinos reales hubiesen tenido, en los años venideros, una mayor afluencia de público. Su modalidad B era, por lo pronto, un aliciente a ello. Un casino Pokémon (sin Pokémon) en estado puro. En una perfecta imitación de una máquina tragaperras, el jugador tendría que pulsar el botón en el instante exacto.

Si las cinco cartas coincidían en número, se llevaría una buena cantidad de dólares. Si se conseguía el más que preciado 77777, tendríamos solucionados los problemas de por vida. Sin embargo, era un juego muy adictivo, por lo que no tardaríamos en querer intentarlo una vez más, independientemente de que hubiéramos obtenido o no un buen resultado.

Este segundo minijuego poco o nada tendría que envidiar a otros tantos títulos en los que sólo teníamos que pulsar un botón. Era la joya de Black Jack, el elemento que debía haberse potenciado por reunir todas las características propias de un juego de Game & Watch. Para su desgracia, no se hizo. No hubiera sido la mejor propuesta del catálogo, pero tal vez, hoy en día gozase de una mejor imagen. ¡Hasta el próximo Retromanía, talonianos!