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Retromanía: Prehistorik
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Retromanía: Prehistorik

by Lorena Garcés17 Abril, 2017

Por alguna extraña razón, los humanos y los dinosaurios han convivido siempre en el mundo de los videojuegos. Desde tiempos inmemorables, encontramos aventuras en las cuales, los cavernícolas se enfrentaban a palos contra todo tipo de dinos. Y, en una amplia mayoría, salían ganando.

Después llegarían los juegos “realistas”, que nos permitirían hasta domesticar animales primitivos. Nada tienen que envidiar a aquellos títulos que pueden considerarse el origen de una tendencia que aún se mantiene. A medio camino entre la estética y el humor de Caveman Games y la jugabilidad de Chuck Rock, encontramos Prehistorik.

En esta ocasión, su protagonista no lanzaría a su mujer por los aires, a modo de jabalina, pero sí que se enfrentaría a golpes a estegosaurios y braquiosaurios. Y, ya puestos, haría lo propio con arañas gigantes, osos polares, monos, serpientes, peces espada, morsas, pingüinos y redonditas bolas de pelo amarillas. Si ya se imaginó una convivencia entre todos estos animales, ¿por qué no iban a tener derecho a aparecer los seres peludos?

 

¿Por qué no matar por comida?

Un hombre sueña con lo que más quiere en el mundo: una buena pata de jabalí. Lástima que los sueños no alimenten, por lo que se ve obligado a salir a la aventura en busca de comida. En su camino, se enfrentará contra todo tipo de enemigos por obtener cerezas, plátanos, peras, porciones de carne, botellas de leche y hasta helados, cócteles y cookies (¿por qué no?).

Prehistorik

El mundo es un lugar peligroso y los jefes finales no tardan en hacer su aparición. En esta ocasión, no tendremos que rescatar a ninguna niña inútil, por lo que ayudar a nuestro amigo a cumplir su sueño cuesta menos trabajo. Al fin y al cabo, ¿qué hace más feliz en esta vida que la comida?

Prehistorik vio la luz en 1991. Desarrollado por Titus Interactive, se lanzó en Amiga, Atari ST, Amstrad CPC y DOS. Se definía como un juego de plataformas compuesto por siete niveles, en el que dejar inconsciente a las criaturas para recolectar la mayor cantidad posible de comida. Tuvo una secuela, Prehistorik 2, que no perdió calidad con respecto al juego original.

 

La exploración en cuevas y lagos

Prehistorik destacó por sus coloridos escenarios, ambientados con diferentes temáticas. Su protagonista pasaba de un campo a una pantalla helada para llegar a una selva o al interior de una enorme cueva. Aunque algunos enemigos y obstáculos se repetían, cada uno contaba con sus elementos únicos. Ésta fue una de las claves de su gran acogida por parte de los jugadores.

Prehistorik

El nivel de comida recogida, así como la puntuación, las vidas, la energía y el tiempo, se plasmaban en la parte superior de la pantalla. El resto ya podía ocuparla el gordinflón, con su potente mazo (que nadie piense mal).

Aunque el avance era lateral, no estaba de más explorar cada rincón del escenario. Las pequeñas cuevas solían tener una buena cantidad de alimentos en su interior, así como las profundidades del océano. Además, un trampolín nos devolvía de nuevo a la superficie, para que no hubiera riesgo de asfixia.

En algunos casos, incluso podríamos conseguir objetos extra, como los populares muelles, capaces de hacernos saltar mucho más alto. Si a estas habilidades temporales le sumamos los vehículos, que nos permitían viajar más rápido haciendo uso de nuestros reflejos, podemos afirmar que nos encontramos ante un juego completo.

Prehistorik

Ahora bien, el gran atractivo por excelencia de Prehistorik fueron sus jefes finales. El tamaño impresiona (no volváis a pensar mal) y, conscientes de ello, sus desarrolladores decidieron optar por enemigos descomunales. Un enorme dinosaurio, un rinoceronte o un gigante fueron algunos de los jefes a derrotar, también a base de golpes, de los que encontrar su punto débil.

Prehistorik no tuvo una dificultad excesiva, ni tampoco una enorme duración. Sin embargo, se convirtió en una aventura de plataformas y exploración, con reminiscencias a un beat ‘em up. Su lujo por el detalle, así como sus dosis de humor hacen que siga siendo recordado varias décadas después.

Al fin y al cabo, no siempre se puede ver a una ardilla lanzando sus provisiones con cara de mala leche, junto a una cigüeña asesina. Ni a un hombre meditando entre tanta criatura, respetando una original señal de stop. Por supuesto, tampoco tuvo desperdicio ver a su sexy protagonista volando con un par de globos, con cara de circunstancia. ¡Hasta el próximo Retromanía, talonianos!

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Lorena Garcés