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Retromanía: Pokémon Pinball mini
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Retromanía: Pokémon Pinball mini

by Lorena Garcés15 Mayo, 2017

Es innegable que Pokémon Pinball, para Game Boy Color, supuso toda una revolución. Lanzado en Europa en el año 2000, no sólo modificaría las posibilidades del clásico Pinball, sino que sería el complemento perfecto para los primeros juegos de la serie Pokémon. Sus escenarios tematizados y su original forma de capturar criaturas lo convirtieron en un título inolvidable para toda una generación.

Tres años después, Pokémon Pinball: Rubí y Zafiro llegaría a Game Boy Advance. Repetía esencia y añadía colorido, aunque no tendría la misma repercusión. Muchos años después vio la luz en Wii U, en versión digital, pero en nuestros corazones ya no había hueco para más combinaciones entre Pinball y Pokémon. Al fin y al cabo, habíamos disfrutado de otra entre medias de ambos juegos.

Con el nombre de Pokémon Pinball mini, encontramos una propuesta para la diminuta consola de Nintendo (Pokémon mini). No ofrecía las mismas posibilidades que ese Pokémon Pinball original, ni de cerca, pero fue capaz de ofrecer horas de entretenimiento a los fans de las criaturas de bolsillo. Lo hizo a través de 90 niveles, con ese mítico Diglett utilizado como ‘flipper’.

 

El modo desafío, el protagonista del juego

Como recordamos en el anterior Retromanía, la consola Pokémon mini se puso a la venta en tres colores diferentes. Contó con Pokémon Party mini como juego estrella, con sus adictivos y sencillos minijuegos. Sin embargo, los demás juegos que conformaron el catálogo no merecen pasar al olvido.

Pokemon Pinball mini retromania

El cartucho Pokémon Pinball mini se puso a la venta en 2002 en tierras europeas. A través de una estética pixelada y de una melodía a la altura, encontramos un reto compuesto por 90 niveles. La dificultad en todos ellos no fue excesiva, pero sí que creció lo suficiente como para no despegar al jugador de la pantalla durante horas.

Éstos se estructuraron en tres modalidades distintas: desafío, tiempo y puntuación. El primero fue el gran protagonista, ya que contó con 70 niveles. En ellos, Diglett se convirtió en el ‘flipper’ más adorable de todos los tiempo, con la misión de golpear distintas Poké Balls. Al hacerlo, tendría que introducirlas por los diferentes huecos del escenario hasta cerrarlos todos.

Una vez completado el nivel, tendríamos acceso al siguiente, de mayor dificultad, y así sucesivamente. Existían niveles en los que podíamos capturar Pokémon para utilizarlos en futuros retos: Pikachu, Clefairy, Wobbuffet y Poliwag. A esta gran característica se les añadían dos elementos que potenciaron su rejugabilidad: el tiempo y una sorpresa final.

El primero se guardaba a modo de récord, por lo que siempre resultó más que divertido tratar de completar cada nivel en menos segundos. El segundo significó la incorporación, en la pantalla de título, de Poliwag y Wobbuffet, una vez completados todos los escenarios. En un principio, Diglett era el único que aparecía.

 

Tiempo y puntuación, los complementos del reto

El modo desafío era la base del juego, pero no lo único que mereció la pena. Pokémon Pinball mini estaba compuesto por un modo de tiempo y por otro de puntuación, con diez niveles cada uno.

Pokemon Pinball mini juego

Mientras que en ‘Time Attack’ el objetivo era tapar todos los espacios vacíos en el menor tiempo posible, en ‘Score Attack’, el jugador trataría de obtener la máxima puntuación. Una Poké Ball introducida en un hoyo otorgaría un punto, mientras que un acierto mediante un golpe especial sumaría tres. Los diez niveles de cada reto ya estaban desbloqueados desde el principio, a diferencia del desafío.

Este cartucho respetó la esencia del Pinball, a la vez que hizo las delicias de los mayores aficionados a Pokémon. No es para menos, ya que incluyó todo tipo de obstáculos y “enemigos”, en forma de emblemáticas criaturas. Así, mientras que Ditto ralentizaba el movimiento de la bola, Pichu cambiaba su trayectoria. No faltaron los efectos del agua, de las rocas y de la misma gravedad.

Es importante explicar que contó con controles muy sencillos, aunque requerían de una buena concentración y de unos reflejos eficaces. Al fin y al cabo, las Poké Ball no siempre iban a parar a la dirección correcta y los rebotes en las paredes podían convertirse en grandes aliados. ¡Hasta el próximo Retromanía, talonianos!

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Lorena Garcés