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Culturilla Friki: Funerales para los robots AIBO en Japón ¿Mascota, compañero o máquina?
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Culturilla Friki: Funerales para los robots AIBO en Japón ¿Mascota, compañero o máquina?

by Andrea Guillem30 Junio, 2017

En julio de 2016 tuvo lugar el primero de los 4 funerales que ha habido hasta ahora dedicados a rendir el último adiós a este famoso perro robot. Todos ellos han sido celebrados en el templo budista Kôfuku-ji, situado en la ciudad de Isumi (Chiba). Esta celebración, que nos puede parecer absurda, divertida o (directamente) una locura, tiene sus porqués, mucho más profundos de lo que jamás podríamos imaginar tan solo leyendo el titular de la noticia. Pero solo podremos llegar entenderlos conociendo un poco mejor lo que supuso (y supone) el fenómeno AIBO en Japón, y la influencia de las creencias animistas japonesas sobre el mismo, así como el impacto emocional que ha supuesto para mucha gente que, tras el cese temporal de su fabricación en enero del 2006 por parte de Sony, entendió que su amigo robotizado, aquel con el que había aprendido a comunicarse, al que le proporcionaba cariño y le ofrecía estabilidad emocional en su interactuación diaria, podía llegar a morir, como si de un humano se tratara.

 

Fenómeno AIBO

El robot AIBO fue comercializado por Sony desde mayo de 1999 hasta principios de 2006. Con la llegada de la crisis económica Sony dejó de fabricarlo, junto con más productos robóticos de la compañía.

AIBO es un robot con forma de perro, aunque también llegó a construirse con otros formatos animales como el de cachorro de león, que imita el movimiento de estos animales. Tiene un patrón de respuesta a estímulos de hasta seis sentimientos diferentes y se mueve a través de un sistema robótico de 15 o 20 ejes de movimiento, dependiendo del modelo y el año de fabricación. Se mueve por su propia voluntad, pero lo que lo hace especial es que, aunque muestra reacciones y sentimientos no obedece a sus dueños, son estos a base de esfuerzo y dedicación, los que consiguen “enseñar” a AIBO a responder adecuadamente a sus interacciones. Esto, no solamente hace que cada robot sea único, también crea un vínculo emocional con su propietario parecido al que se crea con una mascota viva.

Tras el fin de su fabricación llegó el hospital de AIBOs

Cuando Sony anunció el fin de la producción de estos robots, el exempleado Norimatsu Nobuyuki fundó la empresa A-Fun, un taller dedicado a la reparación de AIBO, por la necesidad moral de responsabilizarse hasta el final sobre los productos que él mismo había ayudado a crear para la compañía.

Este taller cobró fama después de ayudar a un dueño desesperado que le rogaba ayuda para poder reparar su AIBO. Entonces Norimatsu se dio cuenta de la importancia que este robot había adquirido en la vida de muchas personas, llegando a sustituir (por ausencia o necesidad) el apoyo emocional que puede otorgar un compañero, amigo, mascota, incluso hijo.

Fue entonces cuando Norimatsu comenzó a recuperar piezas de las diferentes versiones y modelos del perro robot, para ayudar a sus propietarios en esta clínica robótica. Pero era cuestión de tiempo que algunos componentes desaparecieran del mercado, lo que viene a significar que muchos perritos ya no tendrían reparación posible, es decir, la muerte del robot.

Tamashii nuki, rindiendo culto al alma del robot

Para entender un poco mejor el paso desde que la “clínica de AIBOs” tuvo que renunciar a reparar algunos de estos robots, hasta el acto de celebrar un funeral por ellos tenemos que acudir a la creencia de los Tamashii nuki. En el culto sintoísta se cree que muchos objetos rutinarios de la vida diaria, que cumplen ciertas características, tienen alma. Y si un cascabel, un paraguas o una zapatilla pueden tener un alma… ¿Por qué no puede tenerla un robot al que se le pueden atribuir reacciones propias y sentimentales, así como una conducta única en cada ejemplar?

(Fotografía cortesía de Norimatsu Nobuyuki de la empresa A-Fun para la web Nippon)

La iniciativa de esta celebración también vino desde el Kanbara Ikuhiro, un vecino de la localidad donde se encuentra el templo, que comprobando la carga psicológica que podía significar para algunos propietarios la pérdida de sus mascotas robóticas, decidió hablar con el sacerdote para proponerle la celebración de un funeral budista. De esta forma, recitando los sutras correspondientes, el alma que reside en estos objetos podría desvincularse de los mismos tras su “muerte” y sus propietarios pueden pasar por el proceso psicológico de duelo necesario ante una pérdida de algún ser querido, sea humano o robot.

Y ahora… ¿Qué opináis sobre realizar funerales para los robots, talonianos? Quizás desde nuestra perspectiva cultural parece un acto poco útil, o quizás nosotros podamos llegar a percibir también una pérdida similar con dolor pero el miedo al rechazo de nuestro entorno sociocultural nos hace enterrar ese sentimiento. Y aquí dejo el debate abierto para que opinéis, talonianos 😉

Fuente: Nippon.com / Wikipedia

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