Gotham City. El crimen y la violencia están a la orden del día. No es impedimento para que sus ciudadanos ultimen los preparativos para su famoso festival. El Joker es la imagen del mal por excelencia, mientras que Batman lucha contra las injusticias y, ya de paso, para vengar la muerte de sus padres.

Éste podría ser el agumento de muchos cómics y películas. En esta ocasión, corresponde a Batman, juego lanzado en Nintendo Entertainment System. Sirvió para que jugadores de todo el mundo conocieran de cerca a este superhéroe y para enganchar a otros cuantos al género. Esta aventura de plataformas, de avance lateral, resulta clave si se estudia la trayectoria de este personaje en el mundo de los videojuegos.

 

Al bajar del Batmóvil…

Se podría debatir sobre si este Batman tuvo buenos o malos gráficos para la época, pero es innegable que introdujo por completo al jugador en ese ambiente de peligro. Tras bajar de su cómodo Batmóvil, se enfrentaría a una auténtica aventura con escenarios acordes a su argumento y con todo tipo de peligros.

Batman NES juego

Fue en 1990 cuando vio la luz en Europa y en América del Norte. Además de esta versión para NES, se desarrollaría después otra para Game Boy. Pareció gustar entre la comunidad, pero no tardaron en llegar algunas críticas por sus diferencias con la película. ¿Solución? Disfrutar de él por su jugabilidad y sus posibilidades, dejando a un lado esos pequeños cambios.

Volviendo al momento en el que nuestro protagonista baja del coche, ya se puede comprobar como su traje sería de los únicos elementos coloridos del juego. Toda la aventura representaba una noche, por lo que los tonos negros nos acompañarían de por vida. También los enemigos, a los que comenzar a aniquilar con un par de puñetazos.

Sus sencillos controles nos permitían adaptarnos a cada enfrentamiento. Al agacharnos podíamos pegar de una forma más eficaz a los más pequeños, mientras que saltar nos haría alcanzar mejores posiciones. Sin embargo, si sólo hubiéramos contados con los puñetazos, nada habría tenido sentido. El Batarang (el búmeran del murciélago) fue uno de los grandes atractivos…

 

Una decisión constante: cuerpo a cuerpo o a distancia

Si optábamos por pegar puñetazos, debíamos esperar al momento en que el enemigo dejase de disparar. Si elegíamos ese Batarang, tendríamos menos posibilidades de salir heridos. A cambio, el arma era limitada y cada lanzamiento contaba.

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De esta forma, más nos valía pensar con cabeza y optar por esa primera forma de ataque ante los enemigos más sencillos. De lo contrario, no quedaría otro remedio que enfrentarnos a los más complicados cuerpo a cuerpo. Había jefes finales rápidos y escurridizos, cuya dificultad descendía si optábamos por esos ataques a distancia.

Esos jefes finales, aparecidos entre paseos largos, supusieron el mayor de los entretenimientos. No estamos ante un juego extremadamente complicado, pero alguno podía resistirse más de la cuenta. Tras vencerles, nuestro amado Batmóvil (o diferentes escenas y mensajes) nos trasladaría a otra localización. Seguiría la misma estética y nos obligaría a seguir caminando hasta el infinito por sus niveles.

A medida que avanzaba la aventura, nos encontrábamos obstáculos mortales (cintas transportadoras, máquinas que disparaban, centros de electricidad o ríos radiactivos), como complemento de los enemigos constantes. Con ellos, comenzaríamos a sacar más provecho de la habilidad de Batman para engancharse en las zonas más altas y en las paredes. Escalar por ellas fue otro de sus grandes atractivos.

Tras cinco escenarios, con sus respectivos niveles, ya estábamos listos para enfrentarnos al Joker. Éste nos había ido guiando durante casi toda la partida, por lo que sabíamos que la lucha contra él sería el momento que marcaría el final del juego. Por suerte, no decepcionó ni de cerca. Verle con su particular atuendo y con una potente arma no tuvo desperdicio.

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La forma de vencerle era la misma que para los anteriores jefes: puñezados y disparos con el Batarang. Sin embargo, resultaba muy complicado que uno de sus disparos no nos diera. Esquivarlos e intentar no estar debajo de sus rayos implicaba una perfecta combinación entre ataque y defensa.

Si conseguíamos vencerle, la historia acabaría bien. El Joker lloraría en el suelo y Batman se quedaría más ancho que Pancho. Tras un par de emotivas escenas, siempre podíamos comenzarlo de nuevo para tratar de superarlo sin perder vidas y volver a disfrutar de su alegre melodía. Al fin y al cabo, los corazones llegaban al destruir a algunos enemigos, por lo que completarlo de un tirón no era algo imposible. ¡Hasta el próximo Retromanía, talonianos!