Hay quienes creen que las ardillas son uno de los animales más encantadores del planeta. Y, en cierto modo, pueden llegar a serlo. Sin embargo, es difícil que aquéllos que jugasen a Mr. Nutz piensen de esa forma.

Este juego de plataformas estaba protagonizado por una ardilla roja, ágil y veloz como las de su especie. Es innegable que esta apuesta fue un reto divertido y entretenido, pero parecía esconder algo siniestro. La falsa sonrisa de su protagonista, su mirada diabólica y su boca de asesina no parecían presagiar nada bueno.

Recogería bayas, aplastaría bichos asquerosos y hasta saltaría por las nubes con el arco iris de fondo. Eso sí, también se divertiría de lo lindo aplastando a pequeños pajaritos, saltando sobre los ojos de un gigante y esquivando tartas de un payaso. ¡Escenas capaces de producir las peores pesadillas en más de uno! Hubo una época en la que muchos juegos optaron por el surrealismo, con escenas tan raras como macabras. Y Mr. Nutz no fue la excepción.

 

¿Acabar con el mal o dominar el mundo?

Mr. Nutz es uno de los juegos de plataformas más recordados de la historia, sobre todo por los jugadores de Nintendo. Se lanzó en SNES en 1993 de la mano de Ocean Software, aunque más tarde daría el salto a otras consolas como Sega Mega Drive, Game Boy, Game Boy Color y Game Boy Advance.

Mr. Nutz

Sin demasiados preámbulos, el jugador se encontraría manejando a su ardilla protagonista. Aparentemente, el objetivo sería acabar con todos los enemigos que poblaban su hogar, ya fueran insectos gigantes, pájaros, murciélagos, focas, conejitos, esquimales, pingüinos o incluso bebés pingüino (como si ella tuviera más derecho a vivir que todos los demás seres).

Se iniciaría así un viaje por el campo, que le llevaría a recorrer rincones oscuros, zonas de interior, lugares helados, las nubes o una enorme feria, con noria incluida. Es importante remarcar que cumplía con todas las características propias del género.

Incluía plataformas movedizas o frágiles sobre las que saltar, para evitar caer al vacío, a la vez que nos llevaba a esquivar todo tipo de obstáculos. La interacción con el entorno fue máxima. No sólo tendríamos que recoger bellotas, monedas y objetos variados para ir incrementando el marcador de puntos, sino que podíamos mover artilugios para seguir por nuestro camino. Al fin y al cabo, una pecera podía ser muy útil para saltar, si la colocábamos en el lugar adecuado.

Mr. Nutz

Al cabo de unos minutos de aventura, ya habríamos caído en la cuenta de que quizás Mr. Nutz nos ofrecía una imagen distorsionada de la realidad, haciéndonos creer que todas esas criaturas eran malas. Con nuestra ayuda podría dominar el mundo, destruyendo a todo ser. No es extraño pensar que las crías de pingüino, que en paz descansen, sólo quisieran defenderse.

 

Unos peculiares jefes finales

Siguiendo con esta teoría, ¿no podían haber recurrido todos los animalejos del bosque a criaturas gigantes para su protección viendo la que se les venía encima? Como buen juego de plataformas, también incluyó numerosos enfrentamientos contra jefes finales.

Insectos más grandes aún, un colorido payaso, un yeti, la bruja de Blancanieves o ese gigante al que se le salían los ojos del que hablábamos al principio son sólo algunos de los enemigos a derrotar. Todos ellos vuelven a mostrarnos cómo disfrutaban sus creadores combinando elementos opuestos, por muy poco sentido que tuviera hacerlo.

Mr. Nutz

La forma de vencerles era la misma que para los enemigos normales: con saltos, a base de puñetazos o lanzando las bellotas. Mientras que los primeros ataques nos obligaban a acercarnos al rival, el último permitía atacar a distancia. Lástima que fueran limitadas por lo que, si no habíamos recogido demasiadas, más nos valía optar por un ahorro eficiente.

Para continuar con las características propias del género, Mr. Nutz también contó con el particular sistema de vidas y con contraseñas en las versiones posteriores. Porque tener que comenzar la aventura tras morir con una tarta en la cabeza no sentaba demasiado bien.

Con todo ello, estamos ante un colorido juego, que se desarrolló para no pasar desapercibido. Sus numerosas versiones y sus críticas positivas demuestran que fue una apuesta trabajada, dispuesta a hacer las delicias de los amantes del género. Sus sencillos controles y su duración media contribuyeron a que hoy sea recordado por muchísimos jugadores (y a crear traumas infantiles). ¡Hasta el próximo Retromanía, talonianos!