Death Note, a “Netflix Original Film”… Y no sabéis hasta qué punto. ¡Cuidado con los spoilers, que los hay abundantes y variados!

Esta reseña ha sido realizada en colaboración con Thais Valdivia. En ella se han fusionado impresiones de ambas redactoras, ya que en muchas ocasiones estas coincidían. Por ello está escrito en primera persona del plural, ya que hay aportaciones de ambas.

En estos días hemos hecho de tripas corazón y nos hemos atrevido a ver la película Death Note, una de las grandes apuestas de Netflix que ha sido anunciada a bombo y platillo y que, tal y como se esperaba, ha defraudado a prácticamente la totalidad de los otakus fans del manga original creado por Tsugumi Ōba (historia) y Takeshi Obata (ilustraciones). En una reciente entrevista al director del film, Adam Wingard, y publicada por El País, el director de cine aseguraba que “En general creo que hay un desagrado por defecto entre la comunidad anime cada vez que algo se adapta a una película de acción real”. Bueno, él puede tener su opinión, pero en esta entrada vamos a demostrar que nuestra desconfianza, tristemente, no era infundada, sino que tiene argumentos de peso que han sido aportados por el propio Wingard.

Ya desde que empieza la película esta huele a americanada total, con animadoras y equipo de fútbol americano incluidos. De hecho, si no fuese por el título podría pasar por la típica peli de sobremesa de fin de semana en la que una adolescente se queda embarazada y tiene que cambiar sus planes de futuro, o en la que un adolescente sufre malos tratos. Pero antes de empezar a criticar a diestro y siniestro, querríamos señalar que existen diversos tipos de adaptaciones del papel a la pantalla.

  • La primera es la adaptación como ilustración, entendiendo esta como la adaptación cinematográfica de un contenido literario más fiel al original.
  • La segunda es la adaptación como transposición, en la que la adaptación coge la base de la obra original pero interpretándola de una manera más libre, de modo que lo que ambos productos tienen en común es el fondo y la forma con pequeñas variaciones en su desarrollo e interpretación.
  • La adaptación como interpretación se aleja un poco más que la anterior al relato original, ya que el producto cinematográfico ofrece un nuevo punto de vista de la trama o incorpora transformaciones especialmente relevantes en esta, en sus personajes o en su significado final.
  • Por último, la adaptación libre es la menos fiel a su original y afecta tanto a la estructura de la historia como a su narración, los elementos que la desarrollan y prácticamente todo lo que la conforma, tomando como única referencia una mínima base que permita construir la historia. Esta se suele indicar al principio de la obra como una película “inspirada en…” o “basada libremente en…”.

Teniendo esto en cuenta, podemos afirmar que la película Death Note de Wingard y Netflix está a caballo entre la adaptación como interpretación y la adaptación libre, ya que se ha tomado la base de la obra original pero luego se han metido elementos que difieren, que son totalmente ajenos a lo que los fans del manga conocemos, que transforma completamente tanto la historia como a los personajes y los hace prácticamente irreconocibles en según qué casos. Este tipo de adaptación sería perfecta y comprensible por parte de los otakus si previamente se avisase que se trata de este tipo de adaptación. El problema es que la película se ha vendido como una adaptación a secas (la fiel), lo que supone una mentira y hace que te cabrees más de lo normal según la ves.

Y dicho esto, vamos al meollo del asunto, que son todas las cosas que se pueden criticar de esta cosa que nos han vendido.

Death Note

Death Note y novia, 2×1

Al igual que el manga original, la película comienza con un chico de instituto, Light, al que le cae del cielo un extraño cuaderno con la capacidad de asesinar a las personas cuyo nombre son escritas en sus páginas. Sin embargo, mientras que en la obra original se da a entender que existen varios Death Note en el mundo humano, en la película sólo existe uno, el que está en poder de Light. Gracias al cuaderno Light establece una relación con Mia, una compañera de instituto (alter ego de Misa) que parece más encaprichada del cuaderno y su poder que del propio humano. Poco a poco la trama, que debería estar centrada en la relación de Light con el cuaderno y la persecución policial a la que es sometido por parte de la policía y L, va mutando hasta dejar la trama principal en un segundo plano y convertir una historia secundaria en la principal, siendo esta la relación amorosa de dos adolescentes con delirios de grandeza y un sadismo que no conoce fin (especialmente en el caso de Mia). Asimismo, la historia presenta los asesinatos como algo totalmente normalizado y lógico, no ahonda en absoluto en lo que implica la posesión del Cuaderno de Muerte y cómo este corrompe las almas humanas hasta convertirlas en seres oscuros y llenos de maldad, incapaces de mostrar o percibir sentimiento alguno por sus congéneres.

Death Note

Personajes “Out of Character”

Este apartado da para mucho, pero lo vamos a centrar en unos pocos personajes:

Light Turner (interpretado por Nat Wolff)

Para empezar le han cambiado el apellido (de Yagami a Turner). Esto lo pasamos porque la película está totalmente ambientada en Estados Unidos y siendo un actor occidental como que queda un poco raro que tenga nombre japonés.

La primera impresión que tenemos de Light es que es el típico mafias de instituto que se saca un dinerillo extra haciéndole los deberes a los malotes de turno (nada que ver con el aplicado y ejemplar estudiante nipón que nos vendieron Ōba y Obata). Según pasa el tiempo, no sabes muy bien si más que mafias el pequeño Light es un pringao’ de aquí te espero y, además, un poco cagoncete. Cuando te enteras de que en realidad Light mantiene una relación de amor/odio con su padre por su conformismo tras la muerte de su madre hippie (y de la hermana que aparece en el manga no hay ni rastro) empiezas a sentir lástima y piensas “¿pero qué te han hecho?”. Y a partir de ahí todo va cuesta abajo y sin frenos.

Death Note
¿Me miráis a mí?

Lo que más chirría de este personaje es que mientras el Yagami del manga se muestra cauto y precavido ante la revelación de la existencia del Cuaderno de Muerte, el Turner de la película es incapaz de mantener un secreto. Desde un principio hace gala de su egocentrismo y enseña la Death Note como quien enseña su móvil nuevo (no sabemos muy bien si para fardar o en plan “ojito conmigo, que soy peligroso”). Y aquí es donde definitivamente piensas “es tonto de remate”. Y esa idea se confirma cuando se revela totalmente como Kira ante L. Eso en el manga nunca ocurre porque el guión es mucho más inteligente y elaborado que el de la película. En gran parte todos estos fallos se ven implementados por la pobre actuación de Nat Wolff, quien no ha sabido hacer suyo ni el oscuro carisma del Light original, ni su inteligencia, ni su discreción y elegancia a la hora de hacer uso del Cuaderno.

Lo más verídico de este personaje es lo sádico y entusiasmado que se muestra desde un primer momento al utilizar la Death Note. El único problema es que esa imagen de Light es la que se da al final del manga, ya que al principio el propio Light se muestra temeroso y sorprendido del poder del Cuaderno de Muerte.

En resumen, que mientras que en el manga Light te genera respeto, es inteligente y sabe estar en cada situación, en la película sólo quieres aplaudirle la cara hasta que te duelan las palmas de las manos porque no se ajusta a la personalidad del Light original y el actor deja bastante que desear.

Mia Sutton (interpretada por Margaret Qualley)

Pensábamos que el personaje de Light estaba fuera de lugar hasta que conocimos a Mia. Mia, una “animadora de mierda” (lo dice ella, no nosotras, ¿eh?) que es la reencarnación americana de la Misa Amane japonesa de la obra original. En fin, qué decir. Misa (dulce, animada y tonta hasta la médula porque se deja utilizar por Kira como si fuese un pelele) quiere ayudar a Light y lo hace bien, a su estilo, siendo un apoyo incondicional que antepone las necesidades del chico a las suyas propias. En cambio Mia es ese duendecillo malvado que se te posa en el hombro y te susurra “destroza, quema cosas, mata a gente”. Es una piva interesada y sin escrúpulos que quiere apoderarse del cuaderno porque tiene orgasmos cuando mata (creemos que de pequeña le regalaron un estuche de bolis Maped y eso le marcó). Una auténtica mala pécora mucho más malvada e inteligente que Light. Eso sí, somos fans de su filosofía de “Cambiemos el mundo… pero primero echemos un kiki”.

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Ryuk (interpretado por Jason Liles y con voz original de Willem Dafoe)

Curiosamente, el shinigami es el que más se asemeja a su homólogo del cómic japonés. Quizás sabe demasiado sobre el mundo en el que vive Light, pero aun así es el que tiene una personalidad más marcada. No obstante, resulta bastante graciosa la mezcla de culturas y mitología que se ha montado Wingard en su cabeza y que ha plasmado en el film. Ver a un shinigami en Seattle es tan gracioso como ver a Thor en Nuevo México (en cierto momento llegamos a esperar que Light se cruzara con la familia Cullen, pero no hubo suerte. Lástima).

L (interpretado por Lakeith Stanfield)

L, ¿eres tú? Lo primero que pensamos al verle fue “L es un pandillero”. Conforme avanza la trama y descubres la actuación de Stanfield piensas que realmente lo hace bastante decente, calcando incluso ciertos gestos y movimientos del L real (aunque su apariencia física es tan semejante a nuestro L como lo pueden ser un huevo y una castaña). Pero este L en apariencia pasable comete un error garrafal en un punto determinado: la desaparición de Watari. Es en este momento cuando Stanfield se descontrola, mostrando demasiadas emociones contenidas que el L original jamás dejaría salir. Se olvida por completo de la esencia taimada, calculadora y siempre alerta e inteligente de L

Death Note

para mostrar al público una interpretación llena de garra y soberbia (lo hace bien, en serio), pero que no tiene nada que ver con el personaje original al que interpreta. L nunca pierde los nervios y si los pierde no es L. Ese es su único pero crucial fallo.

Por otro lado, no existen las esperadas confrontaciones dialécticas entre Light y L. Su encuentro más intenso se produce en una cafetería y es bastante descafeinado, pareciendo más bien una conversación subida de tono entre dos personajes que han perdido su esencia y han optado por el libre albedrío. Una lástima y un desperdicio por parte de los creadores de la película.

Watari (interpretado por Paul Nakauchi)

Lo de Watari también es de traca. Han transformado a aquel adorable ancianito que siempre acompañaba a L en el manga en una especie de hurón salido de El Último Mohicano que, encima, canta nanas. Repetimos, canta nanas. A L. ¡Para que se duerma! ¿¡Pero qué nos estáis contando!? En fin, que su look es muy molón pero, al igual que el resto de los elementos de la película, dista mucho de la concepción original del manga.

Además, se han querido representar en él a otros personajes que no aparecen en el film. Ejemplo de ello son sus momentos finales, cuando Light le obliga a actuar bajo sus órdenes. Aquí recuerda mucho al final de Naomi Misora cuando se dirige como un muñeco sin vida al cadalso. Una bonita referencia y guiño a los fans de la historia original, pero insuficiente.

Hecha para todos los públicos

Erróneamente se ha querido que esta película sea asequible y entretenida para todos los públicos. El concepto en sí mismo no está mal, pero cuando te metes a adaptar una obra de la calidad y envergadura de Death Note (confiando en que tu mejor baza de triunfo es justamente la popularidad que ya posee la historia en todo el mundo), y que encima ya cuenta con su numerosa legión de fans, debes tener mucho cuidado con las licencias narrativas que te puedes permitir (¿nadie se lo dijo a Wingard?).

Death Note
A ver, ¿quién me ha robado los Ositos Haribo?

Como ya hemos dicho, para los fans de la obra original esta película es un despropósito de principio a fin. Pero para el público random, ese que no ha leído la historia de Tsugumi Ōba y Takeshi Obata y que descubre Death Note por primera vez a través de la película, el film cuenta con dos elementos clave para atraparles: violencia y sexo. De hecho, la violencia y los encontronazos esporádicos entre Light y Mia prácticamente dejan en un segundo plano la trama original de la historia (ya lo mencionamos anteriormente), como si esta no tuviese la suficiente fuerza argumental como para tener enganchado a los espectadores las casi dos horas que dura la película. No os confundáis, el problema no es que la trama original no valga la pena, sino que no han sabido aprovecharla.

Lo que pudo haber sido y no fue

A lo largo del texto os estamos dando nuestros motivos (con explicaciones concretas y detalladas) de por qué el live-action de Netflix no es la buena adaptación que prometieron. A continuación os damos otra razón muy importante: es una mala adaptación porque se llama Death Note, ni más ni menos. Si en lugar de llevar ese título hubieran llamado a la película de otra manera, ¿quién sabe? A lo mejor no estaríamos hablando de una cinta horripilante, sino de algo entretenido, inteligente, curioso e idóneo para pasar el rato.

Asimismo, y si no quería recibir tantas críticas, además de poder tener mucha más creatividad narrativa, el director podría haber optado por una secuela en la que se especificase que al final de la historia original quedó una Death Note en el mundo humano y un chico cualquiera (un norteamericano, por ejemplo) la encuentra y retoma el trabajo de Kira. Hubiese sido mucho más interesante y habría dado más juego haciendo, de paso, que la película pudiese considerarse una genialidad nacida de un imprescindible del género shōnen.

Death Note
Cuando vas a morir y te acuerdas de que no has borrado el historial

También estaba la opción de meterle mano al one-shot que dio pie a la obra Death Note tal y como se la conoce mundialmente. En el one-shot se nos presenta a un chaval que por diversas circunstancias utiliza una Death Note, descubriendo todo lo que hay detrás del objeto. Aparte del cuaderno en sí entra en escena un ítem más, el Death Eraser, una goma de borrar con la capacidad de resucitar a la persona que previamente ha muerto por medio de la Death Note.

En definitiva, Adam Wingard tenía muchas opciones para crear algo bueno dentro de la franquicia, pero se ha dejado llevar por los elementos más simples que podía haber encontrado. Y esto, señoras y señores, es debido a que previamente no se ha documentado como es debido.

El Cuaderno de Muerte, un libro de hechizos encubierto

Cualquier fan de Death Note sabe reconocer al instante la tipografía con la que están escritas las normas de uso y disfrute de dicho cuaderno. Bien, pues los responsables de la película de Netflix no debieron reparar en este pequeño detalle. No son pocas las secuencias en las que algún plano enfoca directamente dichas normas. Unas normas que están escritas con la misma tipografía de los libros mágicos de Harry Potter (menudo crossover más molón).

¿Raccord? ¿Qué raccord?

En primer lugar, y para aquellos que no estén familiarizados con este término, vamos a definirlo. Según la Real Academia de la Lengua Española (RAE), raccord es una palabra utilizada en el ámbito del cine y la televisión que hace referencia a la “relación de continuidad entre los diferentes planos de una filmación a fin de que no rompan la ilusión de secuencia ni la verosimilitud”. Es decir, que un “fallo de raccord” se produce cuando viendo Pretty Woman te percatas de que Julia Roberts le mete un mordisco al croissant y en el plano siguiente el croissant está entero y piensas “¿no le había metido un mordisco?”. Bien, pues fallitos de continuidad los hay a cascoporro en Death Note. Pero como no queremos extendernos demasiado con este apartado (que seguro que alguno ya nos llama puntillosas), vamos a hacer referencia a uno concreto que nos ha matado.

Cuando Light decide poner a prueba la veracidad de la Death Note, Ryuk le pasa un boli. En un primer momento (y encima primer plano) dicho boli parece un rotring de punta fina. Pero un plano después, ¡magia! El boli se ha convertido en un boli bic de punta redonda.

Death Note
¡Magia Potagia!

Parece una tontería, pero cuando estás haciendo una crítica todo aporte es bueno. Y desde luego que el encargado de controlar el racord de Death Note se lo pasó pipa haciendo lo que fuese, menos su trabajo. Ahí lo dejamos.

Acción a la americana

Hay que reconocer que la película tiene algún que otro momento de acción. Acción física, queremos decir, con persecuciones por las calles de Seattle o peleas de instituto a puñetazo limpio. Pero ni rastro de la acción intelectual del manga, donde priman las batallas dialécticas sobre los enfrentamientos físicos.

Actitud muy americana

Nos hizo especialmente gracia el momento en que Light escoge el nombre de Kira. En el manga le viene de manera natural del japonés. En la película piensa que en ruso significa “luz” (cuánto daño han hecho Yuri!!! on Ice y sus personajes rusos) y en japonés, “asesino”. Es decir, que si buscan a Kira tirarán para otro país. Algo tan americano como es “yo la lío parda pero le echo la mierda a otro”. Una metáfora maravillosa y tan real como la vida misma.

A medio camino entre Destino Final y Saw

En cuanto vimos la primera muerte de la película pensamos automáticamente en Destino Final (y no nos equivocábamos porque hace unos minutos hemos leído que, efectivamente, el director se inspiró en esa película para las muertes) y en la saga Saw. Muertes excesivamente violentas, visuales, completamente de serie B. Aunque no hay que quitarle su espectacularidad y que en el fondo a nosotras nos han gustado, lo cierto es que no encajan en el tono del Death Note original (aunque en el film de Netflix todo vale, así que… bien). También cabe mencionar la manera en que se frivoliza con la muerte (no es totalmente ajeno al manga original, pero lo han llevado al extremo).

Death Note

Música de acompañamiento

Otro elemento que desentona es la música. Ciertamente la banda sonora nos ha gustado, con temazos de los ochenta que parecían en desuso hasta que Wingard los ha devuelto a la palestra. Pero estas canciones no ayudan a la narración porque no pegan con ella. Al contrario, suponen un nuevo elemento discordante en esta adaptación.

De lo malo, lo menos malo

A pesar de todo, en la película de Netflix también encontramos alguna cosa pasable y hasta que queda bien. Un ejemplo de ello es la simbología intrínseca que se percibe en algunas escenas. Por ejemplo, cuando Light está en el patio de su instituto y ve caer la Death Note, este está sentado sobre una mesa con las sillas en forma de cruz. Con un inteligente picado se da la idea de un Dios (sobre la cruz en la religión cristiana) que aún está por descubrirse (y que según se desarrolla dará paso a planos contrapicados que demuestran su supuesta superioridad).

Siguiendo con la simbología de la franquicia, a lo largo de la cinta hemos comprobado que no se ha olvidado el valor de la manzana como elemento identificativo de la misma. Aparte de ser la comida preferida de Ryuk, la manzana representa lo prohibido, el pecado original. En la mayoría de las escenas hay alguna manzana encubierta. Una cesta de frutas, en un escritorio… Incluso en la zona en la que L está investigando el caso de Kira podemos encontrar una manzana dorada.

Por otro lado, desde el minuto uno se “disfruta” (por decirlo de alguna manera) de un montaje dinámico y ágil que ayuda a una narración activa y rápida (tanto que resulta casi imposible meter lo que ocurre en el manga en menos de dos horas de metraje). La fotografía e imágenes de la ciudad son otros dos elementos que merecen mención.

El doblaje es otro punto pasable y que se puede salvar en la película. Aunque a veces (y según qué personajes) sufre altibajos, lo cierto es que refleja bastante bien la personalidad de cada personaje (aunque dista mucho del maravilloso doblaje en castellano del anime, que sí es memorable).

Death Note

En resumen, esta adaptación de Netflix es una película pasable para quien no entiende o no conoce la trama original, así como para adolescentes, pero que para cualquier fan del auténtico Death Note es un insulto (o, como mínimo, una pérdida de tiempo). Son las (casi) dos horas más largas del día y el encontrarle defectos se convierte en una obligación que hace más amena semejante tortura. En cualquier caso, se trata de un producto audiovisual que no deja indiferente a nadie y que se puede disfrutar de muchas maneras. Eso sí, si eres de los que opina que esta adaptación es mala con ganas (al igual que pensamos nosotras), aquí te damos un premio por haber aguantado el metraje entero. ¡Porque siempre nos quedará la obra original y su adaptación animada para disfrutar a lo grande de Light, L, Ryuk y el universo de Death Note!