Hace unos días, Commodore 64 se sumaba a la moda de la retronostalgia-mini. Siguiendo el ejemplo de Nintendo, The C64 Mini se conforma como la versión reducida del ordenador doméstico. Llegará en 2018 con joystick clásico y en alta definición.

Los 64 juegos ya instalados serán uno de sus principales atractivos. A la espera de volver a disfrutar de ellos, haremos un repaso por los más emblemáticos, empezando por Nebulus. Esta combinación entre plataformas y shoot ‘em up la protagonizó un alienígena, con forma de rana y cerdo.

 

 

¿Quién puede rechazar un aumento de sueldo?

Creado por John M. Philips, Nebulus vio la luz en 1987, de la mano de Hewson Consultants. Las tres dimensiones fueron las protagonistas de una aventura para Commodore 64, entre otras plataformas, que ya ha cumplido treinta años.

Esta propuesta trasladaba al jugador al planeta Nebulus, ante una extraña situación. Algo o alguien había construido gigantescas torres en medio del mar, aunque lo peor fue ¡que se no había pedido un maldito permiso de obra!

Nebulus

En las oficinas Destructo Inc., se recibió el encargo de destruirlas. Como es lógico, los jefes no iban a mover un dedo, así que pensaron en ese empleado del montón, mitad rana mitad cerdo. Estaba disfrutando de una placentera siesta cuando el teléfono sonó.

Su jefe hablaba sobre un trabajo de destrucción, saben los dioses en qué zona, debido a saber qué. Sin embargo, cuando las palabras “aumento de sueldo” llegaron a sus oídos, fueron suficientes para hacer que el teléfono quedase colgando de la ventana… El joven empleado ya estaba en la zona de trabajo.

En la piel del susodicho, conocido como Pogo, el objetivo era destruir un total de ocho torres. Para hacerlo, se hacía necesario llegar hasta la parte superior de cada una, desde donde recurrir a un potente explosivo. La misteriosa torre caería en un par de segundos.

Se creaba, por tanto, un juego de plataformas de avance vertical, poco habitual en la época. El personaje se movería a su alrededor para ir ascendiendo por el edificio, aunque nunca le perderíamos de vista. La pantalla giraba con él, para vigilar que se encontraba con vida. Al fin y al cabo, la misión podía resultar peligrosa…

 

 

¡Vuelta al surrealismo!

A través de unos sencillos controles, Pogo utilizaba los distintos niveles del suelo para llegar hasta arriba. Los saltos eran su principal arma y, combinados con los ascensores y las puertas, darían lugar a una aventura sin grandes dificultades.

Sin embargo, no todo resultaría sencillo. Además de plataformas resbaladizas, aparecían obstáculos destruibles, en forma de bolas. Los enemigos, no destruibles, estaban en cada rincón. Junto a las bolas de pinchos y a una especie de átomos, protegían la torre. Con tal de no ser golpeados con ellos, no resultaría extraño caer hacia abajo, con la consiguiente obligación de volver a ascender. O peor aún: podíamos perder vidas. ¡Y todo por el aumento de sueldo!

Nebulus

Como ya hemos visto en otros Retromanía, durante las décadas de los ochenta y de los noventa se estilaba mucho recurrir a las situaciones y a los personajes absurdos en los juegos. De poco importaba que algo no tuviera nada que ver con la temática, ya que se introducían sin más. Pues bien, Nebulus tampoco renunció a estos elementos surrealistas. Esta vez llegaban en forma de extraños ojos con movimientos mecánicos.

Como ya hemos mencionado, estamos ante un juego de plataformas en tres dimensiones. ¿Pero y la parte propia de un shoot ‘em up? Ésta apareció entre un escenario y otro, es decir, entre dos torres. El protagonista montaba a bordo de su precioso vehículo submarino para llegar hasta la siguiente torre.

Como todo submarino alienígena que se precie, contaba con eficaces disparos y con movimientos completos. Por tanto, Pogo se entretendría de lo lindo disparando burbujas contra inocentes peces, que sólo nadaban en su hogar. Una vez finalizado el viaje, nos encontraríamos ante la siguiente torre.

Debe tenerse en cuenta que todas eran muy parecidas entre ellas, así como esos viajes. Las construcciones se diferenciaban por el color de sus ladrillos y por la disposición de sus elementos, pero nada más. Tal vez, esa fuese la razón por la que ocho torres no se nos quedasen cortas.

Además del surrealismo y de los gráficos sencillos, Nebulus también tomó la importancia por una buena puntuación como elemento clave. Y he aquí su mayor atractivo (junto con ese enrevesado argumento). Conseguir una puntuación más alta que en un primer intento, era motivo de satisfacción. Obtener más puntos que el jugador dos, más todavía.

Nebulus

Esos puntos llegaban al recolectar extras y con la llamada técnica, pero sobre todo al completar la misión a tiempo. Había un tiempo determinado para destruir la torre, por lo que el marcador engordaba con los segundos restantes. Una auténtica maravilla.

Como curiosidad, Nebulus contó con una versión para Game Boy, conocida como Castelian. La sencillez y, por desgracia, la monotonía seguían presentes en ella. Sin embargo, no se puede negar la originalidad de esta propuesta, tanto en argumento como en mecánica y unión de géneros, siendo uno de los juegos escogidos para formar parte de esa The C64 Mini de la que hablábamos. ¡Hasta el próximo Retromanía, talonianos!