La conocida saga ninja de SEGA dio el salto a los 128 bits con una aventura notable que merece la pena redescubrir.

Entrada publicada originalmente el 16 de febrero de 2014.

Talonianos, nos encontramos ante el último juego canónico de la serie Shinobi en aparecer en El Retroanuncio. Puede que muchos pongáis el grito en el cielo porque nos hemos saltado clásicos como The Cyber Shinobi (Master System), las dos entregas de The G.G. Shinobi (Game Gear) o el lamentable Shinobi Legions (Sega Saturn), pero es que sinceramente… ¡no contaron con ningún anuncio con el que amenizar nuestra ilustre sección dominical!

De esta manera, saltamos directamente al año 2002, cuando Sega decide trasladar de Dreamcast a Playstation 2 lo que supuestamente sería la revitalización de la franquicia y su salto a las tres dimensiones: Se trata de Shinobi (así, a secas), nueva entrega/reinicio de la serie en el que por primera vez ni Joe Musashi, Neo Zeed y otros elementos clásicos de la serie hacen acto de presencia.

Nos encontramos ante un hack ‘n’ slash lleno de plataformas en el que el ninja Hotsuma debe derrotar al hechicero Hiruko en una Tokio devastada y llena de demonios. Hay algún detalle más en el argumento que nos hemos dejado, pero… ¿en verdad os importa la trama?

Jugablemente nos encontramos ante un título muy divertido y frenético, cuyos puntos flojos son sus vacíos escenarios y lo repetitivos que son los enemigos principales, pero compensado por sus espectaculares luchas contra los jefes finales y una dificultad bastante elevada, señas de identidad de la serie que no se perdieron con el salto a 128 bits (y siguen más que vigentes en el exigente Shinobi de Nintendo 3DS).

El éxito de Shinobi en Playstation 2 dio lugar a una secuela, Nightshade (2003), protagonizado por la ninja Hibana, siendo el primer juego de la serie en estar protagonizado por una kunoichi.

Sin más dilación os dejamos con los anuncios de sendos juegos, donde en el primero veréis a un viejo conocido de cierta serie de televisión de superhéroes que tuvo una gran acogida hace unos años, hasta terminar desinflándose de forma estrepitosa.