PS Vita no se entendería sin OlliOlli, título que obtuvo críticas muy positivas y un gran éxito. Sin embargo, este juego de skate le debe todo, o mucho, a dos clásicos de la década de los ochenta: Skate Crazy y Skate or Die! En este Retromanía, nos centramos en el primero de ellos.

Lanzado en Commodore 64 y Amstrad CPC, entre otras plataformas (con diferencias estéticas), Skate Crazy vio la luz en 1988, de la mano de Gremlin Graphics. Su protagonista, un niño rubio algo feucho, se pondría sus patines para recorrer las calles y ya de paso, llamar la atención de la chica popular. ¿Lo mejor de todo? Sus dos juegos en uno.

 

Los vómitos de Car Park Challenge

A falta de unos gráficos más atractivos y de una mayor variedad de escenarios, los dos modos de juego de Skate Crazy se convirtieron en su principal atractivo. Recibieron por nombre Car Park Challenge y Championship Course y, más que modalidades en sí, funcionaron como juegos independientes.

Los dos tuvieron como protagonista a Freddy, un joven que no tardaría en demostrarnos su habilidad con los patines en un concurso. En el primero de ellos, haría gala de su agilidad en un aparcamiento de coches. Y no sólo eso: nos demostraría la de basura que puede arrojar la gente a la calle.

Skate Crazy

A través de unos completos controles, que hasta permitían los giros en mitad de un salto y realizar derrapes, empezaría a sortear conos, a pasar a través de banderas y a recoger latas. No tardarían en llegar las rampas ni los obstáculos, en forma de coches teledirigidos, neumáticos o niños corriendo, que podrían derribar a Freddy. ¡Como si no tuvieran más zonas donde jugar!

Además de cajas, los vomitos (o algo parecido) también formarían parte del circuito en algunas versiones, marcado siempre con unas flechas de dirección y con algunas indicaciones. Nada más útil que un “salta” en el momento indicado…

En medio de la acción, el niño deportista también tenía sus descansos. Llegaban con un mensaje de los jueces del concurso para determinar si estaba listo para pasar al siguiente nivel. Se indicaba la puntuación, influenciada por esas latas recogidas y por las piruetas realizadas.

Esas maniobras imposibles y los acelerones eran un auténtico lujo e impresionaban al exigente jurado, pero como es lógico, fatigaban al muchacho. Si su barra de energía se agotaba, no le quedaría otro remedio que retirarse de la competición. Así, el propio jugador tendría que decidir entre arriesgar más de la cuenta o ir a lo seguro. No realizar piruetas no sorprendía a los jueces, aunque tampoco penalizaba.

 

Championship Course y su recompensa

Aunque Car Park Challenge fue un gran desafío para nuestros dedos, Championship Course pudo considerarse la estrella de Skate Crazy. Este segundo juego nos trasladaba a la ciudad aunque, esta vez, se apostaría por un desplazamiento lateral.

Skate Crazy retromania

En su tarea por continuar hacia delante, y también con los patines, Freddy seguiría saltando obstáculos y desde sitios altos, con murciélagos como espectadores. No debía caer al agua, ni tampoco chocar contra personas ni paredes. Como principal diferencia, podía recoger latas abolladas para lanzarlas contra los enemigos.

Respetando al máximo la esencia del género plataformas, los obstáculos también llovían del cielo. La tienda donde canjear la basura recogida por mejoras para los patines, los enemigos pesados en forma de molestos albañiles (al fin y al cabo, Freddy se había colado en su obra), los muelles sobre los que impulsarse y los globos complementaron la aventura en estado puro.

Una visita a las profundidades del metro y una chica, entregando el trofeo a nuestro baboso ganador, serían el punto y final. Como curiosidad, los vómitos, o el líquido dorado, ocupaban una mayor parte del terreno.

Con ello, Skate Crazy pondría a prueba los reflejos de los jugadores en los dos juegos. Para su alegría, permitió pasar de uno a otro, sin necesidad de perder el progreso ni la puntuación. ¡Una tecnología más que avanzada para la época! Esta proeza fue posible mediante un sistema de puertas, al final de cada nivel. ¡Hasta el próximo Retromanía, talonianos!