Un juego suele comenzar con la presentación de su historia o de su protagonista. No es habitual que sus desarrolladores se dirijan al jugador de forma directa, aunque tampoco es mala opción. Shaun Southern y Gremlin Graphics Software aprovechaban el menú de Trailblazer para saludar y para explicar en qué consistiría su propuesta.

Además de explicarnos los controles, nos mostraban sus modalidades de juego. ¿Esta opción no hubiera evitado muchos quebraderos de cabeza a la hora de descubrir un título en su totalidad o fue demasiado fea como para sobrevivir? Pregunta de la mañana del lunes planteada, recordamos este clásico del género puzles.

 

 

¡Malditos agujeros negros!

Trailblazer fue lanzado en 1986 para Commodore 64 y Atari 8-bit, entre otras plataformas. No se convertiría en el juego inolvidable por excelencia, pero sí que fue capaz de dejar con muy buen sabor de boca a los jugadores.

La misma portada del juego ya combinaba dos elementos atractivos para muchos: el espacio (con su Senda Arco Iris de la época) y un balón de fútbol. Al jugarlo por primera vez descubriríamos que no disputaríamos un partido entre extraterrestres, sino que tendríamos que conducir una pelota por varios escenarios.

Trailblazer

Con decepción o con alegría, el jugador tendría que poner a prueba sus reflejos, su pulso y su capacidad de reacción. Si el balón caía por uno de los habituales agujeros negros, todo estaría perdido. Por otro lado, dado que el número de saltos era limitado, más le valía pensar muy bien cuándo recurrir a ellos. Los rompecabezas estaban a la orden del día.

 

 

Todas las posibilidades de juego

Su pobre temática y argumento, con unos gráficos nada atractivos ni variados, quedaban compensados con sus numerosas posibilidades de juego. El colorido no era tan habitual como prometía su portada, por lo que o se convertía en un título adictivo o quedaría desterrado de por vida.

Ante este panorama, Trailblazer ofreció un total de cinco modalidades de juego, todas ellas marcadas por sus sencillos controles. El modo historia por excelencia nos llevaría a completar el mayor número de pistas, con un total de 21.

La dificultad fue su elemento principal. Además de contar con un tiempo límite para recorrer cada una, el jugador sólo podría realizar un total de siete saltos. Y los agujeros y el vacío estaban más que presentes… La parte positiva es que el tiempo sobrante se sumaba al del siguiente escenario.

El objetivo era sobrevivir lo suficiente como para acumular la mayor cantidad de puntos. Tratar de completar marcas anteriores potenciaría por completo la rejugabilidad.

Trailblazer

Pensando en que no hay nada más divertido que competir contra un amigo, Trailblazer contó con ese modo historia para dos. Siguiendo las mismas reglas que el básico, cada jugador ocuparía una parte de la pantalla. ¿El objetivo? Sumar más puntos que el rival y, ya de paso, soportar mejor los insultos lanzados por el contrario.

Puesto que este juego no era sencillo en absoluto, sus creadores optaron por introducir un modo de aprendizaje. Es en él donde se podía practicar en pistas en un total de 99 segundos. Resultó más que recomendable empezar a jugar por este punto, si no queríamos desesperarnos una y otra vez en los anteriores modos ni en los siguientes.

La cuarta modalidad volvía a apostar por la carrera contra un amigo. En esta ocasión, los jugadores escogerían tres circuitos, con su límite de 99 segundos. Esta opción fue considerada la más divertida de Trailblazer. La quinta modalidad era la misma, pero nos llevaba a competir contra la máquina.

Esa dificultad, la alta rejugabilidad, los preciados bonus y los más que necesarios modos para dos jugadores demostraron que una mecánica buena está por encima de la estética y de la temática. Será a lo largo del próximo año cuando pueda volver a probarse, a través de la nueva The C64 (la versión reducida de Commodore 64). ¡Hasta el próximo Retromanía, talonianos!