La semana pasada, Wally casi llegó tarde al trabajo. ¡Menos mal que consiguió arreglar el despertador a tiempo entre sueños! No le despidieron, por lo que puede seguir con sus funciones de constructor y personal de mantenimiento. Parece disfrutar de su trabajo, a pesar de los duros madrugones.

Tras habernos mostrado cada rincón de su casa, nos presenta a sus personas de confianza. Wilma es su mujer, quien vive rodeada de libros. Tom, Dick y Harry, mecánico, fontanero y electricista, son sus mejores amigos. Todos ellos se enfrentan a una dura jornada de trabajo, en la que sólo cobrarán si logran encontrar el código para la caja fuerte con los salarios. Recordamos Everyone’s a Wally y su nuevo problema.

 

 

La revolución de su época

Everyone’s a Wally vio la luz en 1985, de la mano de Mikro-Gen. Lanzado en ZX Spectrum, Amstrad CPC y Commodore 64, fue considerada la secuela de Pyjamarama. Compartía el mismo protagonista, a Wally, aunque podía disfrutarse sin haber jugado a su antecesor. Era una historia independiente por completo.

En una combinación entre aventura gráfica y puzles, y con los colores como grandes aliados, el jugador se trasladaba a las calles. Controlaría a distintos personajes, completando las tareas correspondientes a la profesión de cada uno. Al hacerlo, iría consiguiendo las letras que abrían una caja fuerte.

Everyone's a Wally

En caso de que nadie muriese en el intento, todos habrían cobrado el sueldo correspondiente a su trabajo. La aventura habría sido completada con éxito y todos volverían contentos a sus casas (el bebé Helbert, hijo de Wally y Wilma, también).

Aunque mantuvo la mecánica de Pyjamarama, de interactuar con los objetos y con el entorno y de recorrer kilómetros a pie, introdujo algunos elementos que lo convirtieron en un título revolucionario para su época: el cambio de personajes, su inteligencia artificial y una mayor “rejugabilidad”.

Para cambiar de un personaje a otro, no bastaba con pulsar un botón. Era necesario encontrarse en la misma localización (pantalla). Dado que cada uno tenía unos conocimientos y una habilidad, todos fueron de vital importancia. Ahora bien, ¿qué ocurría con los que no controlábamos?

A diferencia de otros juegos que combinan protagonistas, donde éstos se quedan quietos hasta ir a buscarles, en Everyone’s a Wally seguían con sus tareas. Dejar a un personaje en un escenario no implicaba que estuviera allí al necesitarle de nuevo. Haciendo uso de sus habilidades, seguía trabajando en lo suyo aunque no fuese observado (demostrando que no eran españoles).

Everyone's a Wally

Respecto a su rejugabilidad, no podemos decir que fuese demasiado interesante jugarlo en un corto período de tiempo, pero tendría una mayor vida que el juego original. Conocer la contraseña no implicaba abrir la caja fuerte (de lo contrario sólo habría tenido un único uso). Para completar el juego, debíamos obtener las letras una a una, habiendo completado las tareas.

 

 

¿Seguimos con la monotonía?

Wilma, la mujer de Wally, marcaría el inicio de la aventura. Nos mostraría que los obstáculos tenían que seguir siendo evitados. Los movedizos pondrían a prueba las reflejos del jugador, obligando a establecer pausas o a saltar a tiempo.

No tardaría en encontrar el primero de sus libros necesarios para finalizar con éxito la jornada. Los objetos recogidos quedarían marcados en la parte superior de la pantalla, junto al nombre del personaje y a su correspondiente vida y resistencia. Aunque el reto conjunto terminaba cuando uno se quedaba sin corazones, cada uno contaba siempre con su propia vida.

Pasar por todas y cada una de las puertas de los edificios resultaba fundamental para descubrir sus secretos y encontrar objetos, con los que desbloquear nuevos puzles, y así sucesivamente. Sin embargo, no bastaba con entrar en una localización y recoger todo lo que había en ella. Era preciso entrar una y otra vez.

Así, a los cientos de kilómetros que recorrer hacia los lados, se añadía la repetición de pasos. La monotonía, el punto débil de Pyjamarama, siguió manteniéndose en Everyone’s a Wally, de tal forma que su originalidad y el intenso cariño hacia sus personajes no parecen ser suficiente para considerarlo uno de los mejores juegos de todos los tiempos. ¿Lo serán los siguientes títulos de la serie? En los próximos Retromanía lo comprobaremos, talonianos.