Es muy habitual que en los juegos actuales se rinda homenaje a los clásicos, mediante distintos guiños. Los amantes de los títulos retro sabrán la felicidad que se siente al encontrar, por sorpresa, una referencia a uno de los entretenimientos de su infancia. ¿Acaso no adoramos Super Mario Odyssey por ello?

Ahora bien, ¿rendían homenaje los que ahora consideramos clásicos a otros aún más clásicos? Respuesta positiva. Un claro ejemplo lo encontramos en Pyjamarama, juego de puzles que homenajeaba a Space Invaders, el matamarcianitos por excelencia.

No importa que sólo estuviesen separados por un par de años. La propuesta de Taito ya había hecho historia. Aunque con una menor repercusión, Pyjamarama también marcaría un antes y un después. Prueba de ello es la creación de una saga de juegos independientes, con la misma jugabilidad, estética y protagonista (atentos a los siguientes Retromanía si queréis recordar cómo fueron).

 

 

¡Que me he dormido!

Pyjamarama es una creación de Chris Hinsley, publicada por Mikro-Gen en 1984. Contó con sus versiones para ZX Spectrum, Commodore 64 y Amstrad CPC, con sus diferencias en cuanto a tonalidades. Por suerte, su adorable protagonista fue el mismo en todas ellas, enamorando a sus jugadores.

Pyjamarama juego

Wally es el único personaje que apareció en la aventura, a diferencia de los siguientes títulos, que nos llevarían a conocer incluso a su señora. Se trata de un simpático hombrecillo barrigudo, al que el pijama le sienta mejor que a nadie (por algo da nombre al juego). Nos planteaba una situación más que realista: quedarse dormido al no sonar el despertador.

¿A quién no le ha pasado quedarse dormido más tiempo de la cuenta y ser consciente, en sueños, de que ocurriría? El bueno de Wally tiene que madrugar para ir al trabajo al día siguiente. De lo contario, será despedido. Su despertador no va a sonar, pero por suerte, parece haberse dado cuenta del problema mientras dormía. ¡Menos mal que existe un sexto sentido!

Así, sin despertar de su profundo sueño, recorrerá cada rincón de su casa en busca de la llave del reloj. Si lo consigue sin perder todas sus vidas, conseguirá despertarse a tiempo. De lo contrario, más le vale buscar un nuevo trabajo. A ser posible, con menos madrugones.

 

 

Realismo vs. Surrealismo

Los sueños acostumbran a presentarnos en un entorno realista y cotidiano, para después, dar paso al surrealismo. ¡La de veces que los monstruos de cinco ojos aparecen en la oficina para robarnos unas gafas de bucear! Lo mismo ocurre en Pyjamarama. La casa de Wally parece de lo más normal. Unas escaleras, un salón, una entrada, una cocina y un baño. Las criaturas que la habitan, no tanto.

Necesitaremos pocos segundos de exploración para comprender que es preferible evitar todo lo que se mueva (esta regla de oro se repetiría en las siguientes aventuras). Los objetos golpean al personaje, al igual que los enemigos, deseosos de hacerle perder las vidas. Y el trabajo.

Pyjamarama juego

Las manos que emergen del suelo, los puños de boxeo que aparecen de la puerta, las paredes que se mueven, los fantasmas e infinidad de objetos voladores tratan de frustrar sus planes. Recordamos que Wally busca la llave del reloj, lo que le llevará a encadenar tareas.

No sólo los obstáculos están desperdigados por su casa. También los objetos para recoger, como el combustible, el extintor, la pistola láser, la llave triangular, el ticket para la biblioteca, las tijeras o el imán. Su querida leche contribuirá en su nivel de energía.

Con ayuda de la lógica, tendrá que interactuar con los objetos y el entorno, de tal forma que vaya acercándose a su objetivo. El viaje en cohete (la estrella del surrealismo), con su escena de Space Invaders, también es clave en él. Así, los puzles son los grandes protagonistas de Pyjamarama.

No se puede negar la originalidad aportada por este juego, que serviría como entretenimiento durante un par de horas. Su dificultad lo convirtió en un título adictivo, cercano a una aventura gráfica, del que resultaría complicado despegarse si ya estábamos dentro de su historia.

Pyjamarama

Por desgracia, su rejugabilidad sería limitada. Aunque tal vez, fuese una suerte. Para muchos jugadores, supuso una caminata de kilómetros, con controles muy limitados (sólo se podía saltar y andar). El personaje contaba con un monísimo gorro de dormir, pero no con una velocidad suficiente como para que su aventura no resultase pesada.

Había que abrir y cerrar puertas para volver a aparecer, una y otra vez, en las mismas habitaciones. El colorido volvería todo más ameno, y también los obstáculos típicos de un juego de plataformas, pero serían insuficientes para quienes buscasen más dinamismo. ¿Ocurrió lo mismo con las entregas posteriores? En el próximo Retromanía lo descubriremos, talonianos.