Desde el principio de los tiempos, el fútbol ha estado presente en el mundo de los videojuegos. Trailblazer, Soccer Kid y Pokémon Party mini recurrieron al deporte rey como elemento clave en su temática y jugabilidad. Las sagas PES, FIFA, Football Manager y PC Fútbol, y sus ventas, demuestran que los jugadores disfrutan con esa combinación entre sectores.

La “originalidad” de Rocket League o ver a Mario y a Luigi corriendo detrás del balón son sólo otros ejemplos de esta incursión, junto al título que nos ocupa. Speedball, creado por Pantheon y publicado por Image Works en 1989, nos ofreció partidos de fútbol futuristas. ¿Acertaron con la fórmula? Las numerosas versiones posteriores nos llevan a pensar que sí.

 

 

Las paredes, las grandes aliadas de la competición

Al igual que el resto de propuestas de Commodore 64, Speedball también contó con su particular argumento. En esta ocasión, nos trasladaba al lejano siglo XXI, donde el Speedball acabaría por convertirse en el deporte más popular.

Fruto de la combinación de fútbol, baloncesto y hockey, sería a finales de la década de los noventa cuando evolucionó por completo. Pasaría a ser el juego de estrategia, agilidad y fuerza más aclamado del mundo, tras ser un mero pasatiempo de la prisiones de Siberia.

Speedball

Su misma portada ya nos indicaba que la competición iba a ser dura. Sus deportistas vestían uniformes blindados, curbiertos con afiladas púas. Dos equipos, compuestos por cinco jugadores cada uno, tendrían como objetivo marcar más tantos que el contrario, en una combinación entre velocidad y músculos.

Dañar al rival y utilizar las fichas de poder también jugarían un papel clave, aunque ya nos ocuparemos de eso más tarde. Por lo pronto, teníamos una pesada bola de acero que, en los pies de los “futbolistas”, parecía tener el peso de una pluma. El primer paso era escoger la modalidad.

Podíamos disputar pequeñas competiciones o apostar por una liga completa. ¿Acaso existe mayor satisfacción que quedarse primero tras una larga e intensa competición? La segunda resultaba tan atractiva como su opción para dos jugadores, repleta de insultos y de pequeños golpecitos al amigo.

El multijugador también permitió competir en ligas completas, organizadas por semanas. Tras escoger su duración, ambos equipos tratarían de lograr la máxima puntuación final. La victoria de un partido reportaría cien puntos, un empate veinte y cada gol cinco, tanto en las ligas contra la máquina como con un jugador real.

Tras seleccionar el modo escogido y comprobar que el uniforme era correcto, comenzaba la acción. El balón aparecía del centro del campo y, aleatoriamente, salía despedido en una dirección. Desde sus posiciones, los jugadores tratarían de hacerse con el control de la pelota para lanzarla hasta la portería contraria.

Speedball

El portero cumplía muy bien con su función, pero su principal dificultad no llegaba con él. La pelota rebotaba con las paredes como si no hubiera un mañana, sin ningún tipo de pausa. Con ello, volaba de jugador a jugador, convirtiéndose tanto en una ventaja como en un inconveniente.

Tras cada gol, todos volvían a sus posiciones. Al agotarse el tiempo, medido con una barra en la parte inferior, la victoria iría a parar al equipo que hubiese marcado más tantos (sencillez por encima de todo).

 

 

¿Qué fueron las fichas de poder?

Al igual que en la mayoría de juegos deportivos, la habilidad y la precisión desempeñaron un papel clave. Encontrar los mejores lugares para disparar o evadirse del rival iban acompañados de la victoria. Pero en este caso, no fueron suficientes. Un jugador menos experto podía vencer al especialista si utilizaba las fichas de poder de la mejor forma posible.

La estrategia se convirtió en una poderosa herramienta para la victoria, así como en uno de los grandes atractivos del juego. Durante el partido, irían apareciendo distintas fichas de poder, a utilizar en cualquier momento a modo de ventaja. Como si de drogas se tratase (de ahí el nombre del juego), podríamos mejorar las características iniciales de los jugadores.

Speedball

Un aumento de su fuerza o de su habilidad podía resultar clave en momentos decisivos. Reducir las características del rival también entraba entre las opciones, así como la compra de favores del árbitro. Conseguir tiempo extra o llevar un gol de ventaja para el siguiente encuentro fueron algunos de los chantajes que aceptaban a cambios de fichas.

Con todo ello, Speedball entretenía durante largos ratos. La buena combinación entre ataque y defensa y el dominio del balón no eran una tarea sencilla. Las fichas de poder harían que una partida no fuese igual a la anterior, potenciándose la rejugabilidad gracias a ese factor sorpresa. Esto se mantuvo en sus siguientes versiones, incluida en Speedball 2 HD, la más reciente. ¡Hasta el próximo Retromanía, talonianos!