A excepción de en El Ministerio del Tiempo, el simple aleteo de una mariposa es capaz de cambiar la historia. Dos personas podrían no haberse conocido nunca, si el insecto no hubiera estado en el lugar correcto. Alguien no hubiera nacido o Nobby podría haberse convertido en el nuevo Mario.

Al pensar en los personajes más populares de la historia de los videojuegos, nos vienen a la cabeza Super Mario, Pikachu, Link, Crash Bandicoot, Sonic, Kratos o Lara Croft. Todos ellos son capaces de atraer a millones de jugadores, tanto con sus juegos como con sus productos de merchandising.

Ahora bien, ¿hubiera ocurrido lo mismo si Nobby the Aardvark hubiera reemplazado a alguno de ellos? ¿Habríamos empapelado nuestras paredes con él? A falta de respuestas exactas, lo que queda claro es que no le faltaba carisma. Es lo que tiene ser un simpático cerdo hormiguero…

 

 

Un juego de plataformas sin desperdicio

Nobby the Aardvark vio la luz en 1993, de la mano de Thalamus. Lo hizo en Commodore 64, el ordenador doméstico que pudo presumir de tener un amplio catálogo de géneros. En esta ocasión, la propuesta nos introducía en un mundo de plataformas, con todas las características propias del género.

Nobby the Aardvark

Su misma portada ya nos dejaba varias cosas claras, tanto de su protagonista como de su objetivo. Así, nos presentaba a un cerdo hormiguero azul, que después pasaría a ser gris, con una amplia sonrisa. Tal vez, se debiera a que tenía ante él un delicioso manjar, en forma de hormigas. No tardaríamos en comprobar que eran su comida favorita.

En la búsqueda del paraíso para cualquiera de su especie, recorreríamos niveles muy distintos entre sí. Además de ambientarse en lugares completamente opuestos, como una ciudad, un palacio, el fondo del mar u otro planeta, contaban con objetivos distintos.

Lo que comenzó siendo un avance horizontal (hacia la izquierda como característica semirevolucionaria), se convirtió en vertical o hacia la derecha. El prota podía correr, saltar y disparar, siempre que tuviera munición. Así, tras absorber todos los bichos del hormiguero, habría recargado su hocico.

En la parte inferior de la pantalla, aparecían las “balas” disponibles, la vida y la puntuación. Nos invitaba a volver a rejugar la aventura para obtener mejores resultados. La clasificación final era la mejor muestra de su rejugabilidad.

 

 

Los enemigos más adorables de la historia

Los escenarios cambiaban, con todos sus elementos. En unos, disparábamos hormigas. No tardaríamos en sustituirlas por pequeños cohetes o incluso por oxígeno. Como es lógico, los enemigos también cambiaban. Sin embargo, su sonrisa no lo hacía.

Nobby the Aardvark

Por norma general, reconocemos a quién hay que matar por su malvado rostro o por sus malas intenciones. En este caso, cada rival era más adorable que el anterior, por lo que acabar con ellos suponía un esfuerzo extra (más allá de la puntería).

Así, nos enfrentábamos a castores, arañas, dragones, humanos, pájaros y ballenas, con cara de no haber roto un plato en su vida. Algunos necesitarían un disparo, mientras que otros sólo serían derrotados con varios seguidos. La gestión de la munición jugó, por tanto, un papel clave, junto a la interacción constante con el entorno.

En complemento de sus cuidadas posibilidades, donde se huyó por completo de la monotonía, sus responsables tenían preparadas varias sorpresas. Llegaban en forma de vehículos, ya fuera para atravesar cuevas oscuras o para volar por los aires. El maravilloso viaje en globo o en vagoneta no tuvieron desperdicio.

Nobby the Aardvark no tuvo nada que envidiar a sus compañeros de género, pero tal vez nació en la época o en la plataforma equivocada. Se echaron en falta enfrentamientos contra jefes finales o una mayor duración, pero bien podría haberse convertido en una de las sagas más populares de todos los tiempos.

Contaba con un original personaje y con un cuidado universo, repleto de divertidos detalles. ¡Hasta tuvo un humorístico final! Tal vez, la culpa fue de la mariposa… ¡Hasta el próximo Retromanía, talonianos!