Es habitual que los protagonistas de los juegos cambien desde el título original hasta su secuela. Sobre todo, si han pasado suficientes años como para aprovechar la mejora gráfica. Pueden haber cogido músculo o haber cambiado de peinado o de atuendo. ¿Pero cómo se explica que en dos años alguien haya cambiado el color de su nariz?

Esto es lo que le ocurrió a la rana-muelle protagonista de Thing on a Spring. En 1987, dos años después de su lanzamiento, Gremlin Graphics mostraba al mundo su secuela: Thing Bounces Back. Su personaje no sólo se había comprado una zapatillas más molongas, sino que había cambiado apostado por el rojo para su nariz y su muelle. Y le sentaba a las mil maravillas.

 

 

¿Tuberías y bloques sorpresa?

Disponible también en Commodore 64, y tras rescatar a un montón de juguetes de las garras de un malvado gremlin, nuestro colega volvía a la acción. Es lógico, ya que una vez más, se demostró que los enemigos nunca mueren.

Thing Bounces Back

A falta de juguetes robados, la criatura decidió crear los suyos propios con su potente ordenador. Prueba de su desorden (o para que la rana le visitase de nuevo), se dejó todos los componentes necesarios para crearlos repartidos por su fábrica. Así pues, había que regresar al lugar y encontrar todas y cada una de las piezas. ¡Robo inverso!

Las mecánicas propias de un juego de puzles y los largos paseos seguían manteniéndose. Sin embargo, fueron muchos los elementos nuevos que se incluyeron. Lo que más llamó la atención fue la inclusión de tuberías como medio de transporte entre salas o en ellas mismas, en sustitución del ascensor.

Por si fuera poco, también contó con ladrillos como decoración y con bloques sorpresa, marcados con una interrogación y con monedas en su interior, entre otros elementos (por algo eran sorpresa). ¿Casualidad o coincidencia premeditada?

 

 

El surrealismo, de nuevo protagonista

Una vez más, el surrealismo volvió a formar parte de un juego de la década de los ochenta. Al igual que su antecesor, Thing Bonces Back incluyó enemigos más que raros, que poco parecían encajar en los escenarios propuestos.

Pequeños seres con guantes y nariz roja, que nos llevaban a preguntarnos si había ofertas de narices en esa época, huevos de dinosaurio con ranas en su interior, perros saltarines, criaturas recién nacidas con cascos, aceitunas rellenas de anchoa (o algo parecido) y máscaras voladoras y sonrientes trataban de frustrar los planes de la rana-muelle.

Thing Bounces Back

Lo harían acompañados de obstáculos de todo tipo, esta vez, repetitivos. Las cintas transportadoras, las luces, los troncos movedizos y las plataformas que aguantaban poco peso cumplían al máximo su función.

Con todo ello, estamos ante una aventura corta, pero intensa. Apostó por una rejugabilidad a base de puntos, para conseguir más que en un intento anterior o que un amigo que también tuviera el juego. Esos puntos se mostraron en la parte inferior de la pantalla, junto a las vidas y al nivel de energía, tan necesario para que el prota pudiera seguir con su misión.

El que pudo considerarse uno de los juegos clave de la historia de Commodore 64, fue mejor que su antecesor al contar con un diseño mejorado y con más sorpresas en la fábrica. El original le superó en su mayor variedad de escenarios, rompiendo la monotonía, y al incluir esa especie de enfrentamiento contra el jefe final. ¿Están, por tanto, igualados? ¡Hasta el próximo Retromanía, talonianos!