Si hay algo capaz de llamar más la atención que una cabeza de cerdo y un teléfono como enemigos, es el cambio de posición de los indicadores en la pantalla. Thing on a Spring fue original por muchos motivos, empezando por esos gráficos de puntuación y de “salud”. Los que acostumbran a ocupar una posición fija en buena parte de los juegos, pasaron a cambiar de lugar entre pantallas.

Esta curiosidad nos sirve para presentar un colorido juego de aventuras, puzles y plataformas, lanzado en 1985 por Gremlin Graphics. Este primer título de la serie, exclusivo para un jugador, vio la luz en Amstrad CPC y Commodore 64, trasladándonos a un mundo de fantasía protagonizado por juguetes. ¡Porque también merecen ser salvados!

 

 

Contra el malvado gremlin

En Thing on a Spring, el jugador se convertía en una extraña criatura. Mitad muelle mitad rana y con espasmos constantes, ejercería de héroe en toda la aventura. ¿Su misión? Salvar a los juguetes de las garras de un malvado gremlin, adentrándose en su peculiar fábrica.

Thing on a Spring

Estaba al tanto de su presencia, por lo que no tardó en desplegar un buen ejército de enemigos para tratar de frustrar sus planes. Llegaban en forma de cabezas de cerdo, labios humanos, botas, teléfonos y demonios que, complementados con los obstáculos movidos por la electricidad, querían convertirse en un equipo invencible.

Por suerte para el bicho espasmódico, no lo fue. Esquivarlos era de lo más sencillo, por lo que podía dedicar todo su esfuerzo a su tarea. Consistía en encontrar distintos ‘gadgets’, que le permitieran activar la trampa mortal preparada para el gremlin. Si éste caía en ella, los juguetes serían liberados.

Siguiendo una mecánica de juego similar a la saga creada por Mikro-Gen y protagonizada por los distintos miembros de la familia Wally, tendríamos que recorrer kilómetros por un gran escenario. Sus salas de colores y sus ascensores fueron sus elementos característicos.

 

 

Una fábrica con una avanzada tecnología

Los ascensores servirían para llevarnos de un piso a otro, donde recorrer nuevas salas. Aunque eran diferentes entre sí, todas ellas tenían un elemento en común: el uso de una avanzada tecnología. Así, estaban dotadas de plataformas para elevarnos, de máquinas de transporte automáticas y de divertidas rampas.

Respecto a la temática de las salas, encontramos elementos tan diferentes entre ellas como surrealistas. Una con raquetas de tenis, barcos, patos y peces (tan verde que la cabeza de nuestro protagonista pasaba a desaparecer) podía dar paso a otra repleta de pociones. Con soldaditos de juguete demasiado entrañables.

Thing on a Spring

Además de recoger los ‘gadgets’, envueltos en atractivos paquetes de regalo, y esquivar osbtáculos y enemigos, el muelle debía preocuparse por su nivel de “salud”, representado mediante una barra de aceite. Como todo ser en este mundo, necesitaba llenar su depósito de combustible para seguir funcionando.

Por lo visto, el malvado gremlin pensó en ello, dejándole latas de aceite repartidas por toda la fábrica. ¡Por si los regalos no habían sido un detalle lo suficientemente grande! Bastaba con cogerlas para comprobar como volvía a tener suficiente energía como para seguir con el paseo.

Ahora bien, ¿cómo sabíamos cuál era el camino correcto? Aunque el prota nunca caminaba en la misma dirección, sí que seguía un camino más o menos lógico. El pequeño mapa serviría de orientación para momentos de bloqueo. Porque, aunque Thing on a Spring fuera corto y sin grandes dificultades, sí que podía llegar a ser un quebradero de cabeza. ¡Hasta el próximo rana-muelle Retromanía, talonianos!