La simplicidad de controles es una de las mejores amigas de la máxima dificultad. Existen juegos donde resulta complicado aclararse con ellos, dadas las grandes posibilidades ofrecidas, y otros donde el avance y el salto son las únicas posibilidades. Pues bien, los segundos pueden ser auténticos retos.

Como ya vimos en toda la serie Game & Watch, cuando se ponen a prueba los reflejos y la capacidad de reacción del jugador, la única herramienta para la victoria es la relación causa-efecto. Ocurre lo mismo en Aztec Challenge, juego de habilidad e inspiración de muchas de las propuestas para móviles.

 

 

Los dos juegos de Aztec Challenge

A la hora de lanzar una remasterización, no siempre se opta por un cambio de nombre. Aztec Challenge vio la luz en 1982 en Atari 8-bit family. Ya contó con varias versiones, aunque en todas ellas, la sencillez era la gran protagonista.

Un año más tarde, se lanzó en Commodore 64. A diferencia de la anterior, ya no sólo contó con un avance horizontal, sino con siete desafíos distintos. Convirtieron Aztec Challenge en un juego completamente distinto, de ahí que la propuesta para este ordenador doméstico sea la más recordada.

Aztec Challenge

Ya en los 2000, aparecieron otros juegos que respetaron la esencia del clásico. Sin ir más lejos, no cuesta demasiado encontrar semejanzas entre éste y varios títulos para móviles. ¿No son claras las referencias en Temple Run?

 

 

Los siete desafíos

Al son de una melodía inolvidable, compuesta por Paul Norman, el mismo creador de Aztec Challenge, el jugador de Commodore 64 estaba a punto de iniciar una aventura inolvidable. No necesitaría grandes presentaciones ni elaborados contextos para comprender que tenía una meta a la que llegar.

Así, todo comenzaba con la clásica imagen del templo. Al fondo de la pantalla, su misión era llegar hasta ahí. Un grupo de aztecas abría un pasillo para arrojar sobre él tantas lanzas como fuera posible. Si era alcanzado por una, algo más que habitual, no quedaba más remedio que volver a empezar.

Fue aquí donde ya quedaba claro que, sin unos buenos reflejos, poco o nada podía hacerse. Era necesario anticiparse a los movimientos de los enemigos, saltando en el momento exacto para esquivar cada lanza. Ni antes ni después.

Aztec Challenge

Aunque este escenario fue su seña de identidad, aún había mucha más vida tras completarlo. Como si de minijuegos se tratasen, el siguiendo reto consistió en escalar paredes, esquivando las rocas que cayesen del techo. Al igual que en el anterior y en todos los que estaban por venir, un simple roce obligaría a iniciar el nivel.

Le siguió una visita de interior para alcanzar distintas puertas. La lluvia de pedruscos estaba acompañada de los agujeros en el suelo, construyéndose uno de los desafíos más complicados de la aventura. Si seguíamos con vida, practicaríamos el avance horizontal más clásico.

Así, el cuarto escenario nos trasladaba a un camino donde los bichos eran los grandes obstáculos. Las serpientes, los escorpiones y las arañas, con sus letales venenos, volvían a obligarnos a saltar en el momento exacto. Eran demasiados, por lo que la dificultad siguió estando ahí.

El quinto reto servía como respiro, en la medida de lo posible. El objetivo era llegar hasta la puerta mediante el avance hacia el fondo, nuevamente esquivando las lanzas. ¡Como si no hubiésemos tenido suficiente! Fue en el sexto donde el protagonista huiría a través del mar.

Aztec Challenge

Por lo visto, no debió de escoger las aguas más tranquilas. Las pirañas inundaban cada espacio, amenazando al personaje por ambos lados. ¿El resultado? Un auténtico caos o una dramática muerte a mano de los peligrosos animales.

Aztec Challenge finalizaba con un trayecto en puente. Como es habitual en estos casos, no sólo estaba roto, obligándonos a realizar los mayores saltos de todo el juego, sino que se movía cual cinta mecánica.

Al completarlo, no encontraríamos un final feliz, pero sí la satisfacción de haber formado parte de una aventura sin desperdicio. Con estos desafíos, se creaba uno de los juegos más completos de la época, capaz de seguir enganchando hoy en día. Demostró que, si verdaderamente se jugaba con los nervios, la tensión y la satisfacción, poco más se necesitaría. ¡Hasta el próximo Retromanía, talonianos!