Según las películas de Hollywood, el ejército estadounidense es lo más maravilloso que existe en esta vida. Protege al país de las amenazas e incluso lleva la paz al resto del mundo. Atendiendo a Green Beret, también.

Esta propuesta de Konami vio la luz en 1985. Combinó un argumento y una temática más que mejorables con las características propias de un beat ‘em up horizontal. ¿El resultado? Un reto adictivo, capaz de enganchar por sus mecánicas. Sin nada que envidiar a sus compañeros de la época en cuanto a jugabilidad y gráficos.

 

 

El conflicto en plena Guerra Fría

Green Beret, también conocido como Rush’n Attack (Russian Attack), fue lanzado en recreativas, Commodore 64, Amstrad CPC, DOS, MSX, ZX Spectrum y NES, entre otras plataformas. Le seguirían más en un futuro, fruto de la enorme influencia de Konami en el mundo de los videojuegos.

Sin un contexto previo, más allá de la imagen de un soldado con unos músculos tan potentes como para romper su camisa, comenzaba la acción. En la piel de ese personaje, nuestra misión era superar cada escenario. Estábamos en plena Guerra Fría y había prisioneros retenidos en la base principal de misiles enemiga, dispuestos a ser liberados.

Green Beret

El boina verde, cuyo diabólico rostro se perdió por completo dentro del juego (no tenía ni ojos, ni nariz ni boca), se dedicaría a matar en todas y cada una de las plataformas que recibieron al juego. Sin embargo, y a modo de curiosidad, en NES se vistió de azul. En ese caso, su misión cambió a destruir un arma secreta enemiga.

Al hacerlo, habríamos conseguido la paz mundial. ¡Qué menos! Éramos más que afortunados por estar en el bando de los “buenos” y, sin ningún motivo para creer lo contrario, teníamos órdenes para liarnos a tiros con los demás. Con ese arma destruida, terminaría cualquier conflicto mundial. Y nosotros preocupados por las guerras actuales…

 

 

Las habilidades del boina verde

Dejando a un lado el contexto en torno a Green Beret (si es posible), encontramos una aventura con una jugabilidad que hoy en día continúa siendo un auténtico reclamo. Se trata del avance hacia delante, pegando y disparando a todo el que se cruce en el camino.

A través de unos controles extramadamente sencillos, el jugador podía moverse hacia los lados, saltar e interactuar con el escenario. Estas habilidades le permitían alcanzar los lugares más altos, para evitar posibles ataques desde las alturas, o tumbarse en el suelo para seguir disparando. Dada su gran agilidad y rapidez, era una opción más que imprescindible para seguir con vida.

Green Beret

En la parte superior de la pantalla, se mostraban las vidas restantes, la munición y la puntuación. Como suele ocurrir en estos casos, a base de matar enemigos obteníamos una mayor puntuación.

Antes de su trágico destino, veíamos sus esqueletos hasta quedar reducidos a la nada. Por el camino, conseguíamos armas más potentes que los disparos simples. Por desgracia, eran bastante limitadas. ¡Con lo eficaz que era el fuego!

Uno de los puntos más atractivos del juego fue su carácter frenético. No teníamos ni un par de segundos de respiro, puesto que los enemigos aparecían desde todos los rincones posibles. Algunos corrían de lo lindo, mientras que otros realizaban acrobacias marciales. No faltaron los que llegaban con un paracaídas y los que también conocían el truco del siglo: disparar tumbados.

Si queríamos seguir con vida, debíamos poner en práctica la concentración, pero también los reflejos y la precisión. No apretar el botón a tiempo podía suponer una auténtica desgracia. No olvidemos que estaba en juego la paz mundial.

Por último, los escenarios también merecen ser recordados. Contaron con todo lujo de detalles, a pesar de los píxeles, y huyeron por completo de la monotonía. Cada nivel tenía unas características distintas al anterior, con sus vehículos militares incluidos. ¡Hasta el próximo Retromanía, talonianos!