Desarrollar un videojuego en la actualidad tiene varias ventajas. A las enormes posibilidades desde el lado de la comunicación y promoción, se les unen un mayor conocimiento de las nuevas tecnologías y un amplio catálogo sobre el que inspirarse. A cambio, es más complicado dar vida a una propuesta innovadora.

En la década de los ochenta, crear un videojuego implicaba más dificultades. Como ventaja, no todo estaba ya creado. El trabajo bien hecho, al introducir elementos originales y revolucionarios, podía dejarnos un hueco en la historia de los videojuegos. Para siempre. Uridium se lo ganó con creces.

 

 

La combinación entre el movimiento y lo estático

Uridium vio la luz en 1986 para Commodore 64. También formaría parte de Atari ST, ZX Spectrum, MS-DOS o incluso de la Consola Virtual de Wii. Su universo continuaría expandiéndose con Uridium 2, su secuela directa.

Uridium

Desarrollado por Andrew Braybrook bajo el sello Hewson Consultants, contó con todas las características propias de un shoot’ em up horizontal ambientado en el espacio: disparos, disparos y más disparos. Sin embargo, no pasaría a la historia por ello, sino por sus revolucionarios gráficos.

Lejos de mostrar una nave espacial y un entorno repletos de detalles, se apostó por una combinación entre escenarios estáticos y en movimiento. Así, a medida que el jugador avanzaba hacia los lados, la plataforma en la que se encontraba también lo hacía.

Mientras tanto, el fondo (el mismo universo estrellado) permanecía completamente quieto. La parte revolucionara de todo esto es que Commodore 64 no permitía este tipo de desplazamiento en paralelo.

Sus creadores tuvieron que recurrir a distintos trucos especiales, de tal forma que la plataforma fuera, en realidad, el fondo. El universo con estrellas quedaría, por tanto, en primer plano. Dicho de otro modo, se consiguió que los píxeles se desplazasen de forma inteligente, contrarrestando el desplazamiento de la pantalla.

 

 

La acción en quince niveles

Como ya hemos visto en otras ocasiones, un elemento revolucionario no implica ser recordado para siempre. Hay que acompañarlo de una jugabilidad divertida, capaz de enganchar al jugador de principio a fin.

Uridium

Uridium lo consiguió a lo largo de sus quince niveles. Con el nombre de diferentes metales, nos podríamos en la piel de una nave espacial. El Sistema Solar estaba en peligro, debido a los ataques enemigos en los distintos planetas. Buscaban recursos minerales para su uso en las unidades de potencia interestelar.

Para evitar que drenasen todos los recursos de los núcleos, y ya de paso destruir al enemigo, nos transportamos a esos planetas. Diferenciados por sus colores, la mecánica tiende a ser la misma: evitar obstáculos y ataques mientras disparamos a todo lo que se mueve.

Con la misión de acabar con todos, no sólo era necesario avanzar. Con gran frecuencia, teníamos que volver hacia atrás, para completar el trabajo. El sistema de vidas marcaría nuestro nivel de supervivencia.

Uridium

Los puntos, en base a los éxitos, serían la clave para su rejugabilidad. No había nada como volver a completar el juego entero, con una mejor puntuación, o retar a un segundo jugador.

Su cuidada jugabilidad, con un nivel de dificultad bastante aceptable, también es una de sus señas de identidad. Tanto es así, que no es extraño encontrar a gente hablando del metal inventado ‘uridium’, en lugar del real ‘iridium’. ¡Hasta el próximo Retromanía, talonianos!