Hubo una época donde contar con una popular marca detrás podía dar más alegrías que decepciones. Al combinarse la novedad con el trabajo bien hecho se crearon auténticos clásicos, basados en películas o dibujos animados.

La situación ha cambiado hoy en día. Las sagas más populares ya no llevan el nombre de una cinta o serie, pero no es impedimento para echar la vista atrás. En esta ocasión, recordamos Road Runner, juego que revolucionaba las características del género plataformas tomando como referencia las figuras de El Coyote y el Correcaminos.

 

 

¿Avance horizontal o vertical?

Road Runner vio la luz en 1985, de la mano de Atari Games. No tardaron en llegar las versiones para Amstrad CPC, Atari 2600, Atari ST, Commodore 64, DOS, ZX Spectrum o incluso NES. La enorme popularidad de El Coyote y el Correcaminos propició que muchos jugadores se sintieran atraídos por el juego.

Road Runner

Supo respetar al máximo la esencia de la serie. El Coyote perseguiría hasta el fin al Correcaminos. Se ambientó en el mismo escenario (las carreteras del desierto de Estados Unidos) y contó con las mismas trampas. El humor no cedió ni un solo minuto, con la torpeza del “malo”. Ahora bien, ¿qué aportó como juego?

Un perfecto contexto no sería nada sin una buena jugabilidad. Road Runner contó con ella, por lo que no provocaría decepciones a quienes lo compraron únicamente por el título. Tomó como referencia la mecánica de los juegos de plataformas para conferirle un estilo propio: el avance vertical y horizontal.

Por norma general, los juegos clásicos nos obligaban a avanzar hacia la derecha, con el objetivo de llegar hasta la meta. Hubo muchos otros caracterizados por ese avance vertical (sobre todo los espaciales) y alguno que otro con un movimiento continuo hacia la izquierda. Lo que no fue tan común es este movimiento cambiante cada pocos segundos. No podía ser de otra forma, dada la insistencia del Coyote en capturarnos.

 

 

Un viaje en monopatín

En Road Runner, nos poníamos en la piel del Correcaminos. ¿Su misión? Seguir con vida el máximo tiempo posible y, preferiblemente, alimentarse de la mejor comida y llegar al último nivel. Sólo podría hacerlo si escapaba del pesado Coyote.

Road Runner

Un sólo roce implicaba ser atrapado, con la reducción de una vida. Así, debíamos poner en práctica los reflejos, la rapidez y la capacidad de reacción. El enemigo se movía en base a nuestros desplazamientos y lo único que podía salvarnos era la posibilidad de recurrir a las trampas.

Con ellas, quedaba chamuscado e inmovilizado por unos segundos. También llegaban en forma de monopatín o de muelle saltarín, con los que perder precisión, a la vez que se ganaban situaciones humorísticas. No faltaban los pequeños helicópteros, aunque como ventaja para el Coyote. Le permitían lanzar explosivos, por lo que no le iba demasiado mal con ellos.

En ocasiones, esas ventajas acababan siendo todo lo contrario para el Correcaminos. No saber cómo iba a actuar su rival con los objetos podían suponer una trampa segura para él. Además, algunas carreteras llegaban a estrecharse muchísimo, con idas y venidas muy peligrosas.

Road Runner

Debe tenerse en cuenta que no fue un juego demasiado largo. Su duración quedó compensada con la rejugabilidad máxima, una vez más de la mano de la puntuación. En esta ocasión, el marcador engordaba con cada segundo que permanecíamos con vida, quedando claro que la supervivencia era la máxima prioridad.

Tal vez, tuvo algunas carencias (la posibilidad de cambiar de bando hubiera sido un auténtico puntazo), pero supo enganchar a los jugadores sin importar el número de veces que lo hubieran completado. Por ello, hoy en día continúa siendo un perfecto complemento a los dibujos animados. ¡Hasta el próximo Retromanía, talonianos!