El universo de El Shaddai vuelve convertido en un dungeon crawler que bebe mucho de Shin Megami Tensei y los mitos de Cthulhu.

El Shaddai: Ascension of the Metatron fue un juego de acción lanzado en 2011 que cuenta con un buen nutrido número de seguidores (entre los que se incluye un servidor), pero la desaparición de Ignition, estudio desarrollador de esta arriesgada propuesta, hizo que las probabilidades de ver unas secuela fueran escasas. Sin embargo, algunos de sus principales desarrolladores se unieron a Kadokawa Games y han lanzado recientemente The Lost Child en Playstation 4, PS Vita y Nintendo Switch

Nos encontramos por tanto, ante un spin-off de El Shaddai pero que abandona el hack ‘n’ slash psicodélico y se zambulle en el mucho más conservador género de los dungeon crawler. Eso si, el juego sigue rezumando mitología por los cuatro costados, y tal y como muchos ya sabréis las similitudes con Shin Megami Tensei son enormes. Eso si, The Lost Child busca diferenciarse de la saga de Atlus con su sistema de mazmorras y gestión de monstruos, aunque tiene algunos puntos negativos que le impiden brillar más que a su antecesor.

¿Es necesario haber jugado a El Shaddai para disfrutar de The Lost Child? Para nada, pero los que hayan disfrutado de la aventura de Enoch contra los Vigilantes disfrutarán de ciertos guiños y referencias. En esta ocasión controlamos a un joven llamado Hayato, que trabaja para una revista paranormal llamada LOST. Mientras investiga una serie de suicidios sospechosos, se encuentra con una mujer llamada Balucia que le da un dispositivo llamado Gangour antes de huir. Al volver a su oficina, Hayato se encuentra con una joven con ropas extrañas llamada Lua. Lua dice ser un ángel, enviado desde el Cielo para guiar a Hayato – el Elegido – al usar el Gangour para capturar los espíritus (Astrals) de los demonios que intentan apoderarse del mundo mortal. Y por su fuera poco, Lua también resulta ser la hermana de Balucia. Y todo esto ocurre más o menos durante los diez primeros minutos de juego.

¡Hazte con todos!

La gran mayoría del tiempo lo pasaremos en mazmorras situadas en dimensiones paralelas llamadas Layers, presentes por todo Japón. Hayato y Lua son los personajes “humanos” que controlaremos, pero contamos también con la posibilidad de controlar hasta tres Astrals que hayamos podido capturar con el Gangour.  Al mismo tiempo podemos tener hasta seis criaturas más en la recámara, listos para ser utilizados en caso de necesidad.

Los Astrals se dividen en tres tipos: ángeles, ángeles caídos y demonios, y existen cinco elementos que siguen un ciclo de eficacia circular (los Astrals de fuego son débiles al agua, los de agua al rayo, etc.). Su captura se lleva a cabo usando el Astral Burst, un ataque especial que combina los tres Astrals convocados con una bala especial. Eso si, solo un Astral de cada “especie” se puede emplear a la vez, y el rendimiento del Astral Burst está determinado por una mezcla de la balas empleada: muchas mejoran un elemento en particular o proporcionan bonificaciones adicionales en combate, etc.

Mientras que Hayato y Lua obtienen experiencia de la forma habitual a otros JPRG, con niveles que otorgan cinco puntos para gastar en determinados atributos, subir de nivel los Astrals requiere gastar karma. El karma se consigue principalmente a través del combate, aunque hay algunas otras maneras de obtenerlo, y hay tres tipos diferentes: bueno, dual y maligno, que corresponden a Ángeles, Ángeles caídos y Demonios, respectivamente. El karma funciona exactamente igual que la experiencia, pero los jugadores pueden almacenarlo libremente y repartirlo entre los Astrals que consideren adecuados. Casi todos los Astrals también pueden alcanzar diferentes formas según suben de nivel, cambiando su diseño y adquiriendo nuevos ataques. Y si no nos gusta el nuevo aspecto de nuestras criaturas también es posible reiniciarlas, devolviéndolas a su forma inicial, pero con un gran impulso a sus estadísticas base.

Otro elemento único que The Lost Child aporta es su enfoque para aprender nuevas habilidades. En lugar obtenerse automáticamente tras subir de nivel, estas se aprenden semialeatoriamente en combate a través de la aplicación Fruits of Wisdom del Gangour. Esto significa que los Astrals utilizados en combate obtendrán una amplia variedad de habilidades, mientras que los que se quedan al margen tendrán muchas. Hay una opción para transferir habilidades de un Astral a otro, pero mientras el sistema de Karma permite que los Astrals en reserva mantengan los niveles con el grupo principal como se desee, usarlos en batalla les permitirá alcanzar la mayor cantidad de habilidades.

Además del Astral Burst y de elementos únicos alrededor de los Astrals, The Lost Child usa un sistema de combate por turnos bastante clásico, con lo bueno y malo que eso conlleva, ya que el título hace gala de poca innovación en ese sentido. Cada combatiente obtiene una acción por turno, y el orden de actuación depende de la clásica estadística de velocidad. Hayato y Lua también tienen acceso a los clásicos equipos de este tipo de juegos. Por cierto, cada miembro del grupo también tiene un ojo en la parte inferior derecha de su retrato que indica la hostilidad del enemigo hacia ellos; cuanto más abierto esté un ojo, más probable es que ese miembro sea atacado.

Se aprecia también el equilibrio de la dificultad y la opción de cambiar libremente entre varios niveles disponibles en todo momento. Es más, para aligerar un poco el ritmo del juego también contamos con la función de batalla automática. De este modo, los siempre tediosos combates aleatorios se hacen más llevaderos.

El combate contra los jefes finales ya es harina de otro costal. Sin llegar a ser injustos, son enfrentamientos que obligarán a dar lo mejor de nuestro equipo, con poderosos ataques y habilidades que ya quisiéramos tener en nuestro poder. Es en estos enfrentamientos donde The Lost Child luce sus mejores galas. La mayoría de las mazmorras cuentan con dos jefes, el primero actúa casi como una forma de ponernos a prueba, y el segundo es el plato fuerte de la zona.

Mazmorras sin alma, un protagonista soseras y una historia farragosa

El principal problema con The Lost Child es que sus mazmorras se alargan demasiado. La exploración, los toques de aventura gráfica, los puzles y los diseños de las criaturas no están nada mal, pero estamos ante uno de esos juegos que habría ganado con unas mazmorras más breves. Cada una cuenta con numerosos niveles, todos ellos prácticamente idénticos y sin elementos destacables. Simplemente nos movemos en primera persona por pasillos interminables y laberínticos. Y aunque afortunadamente, el combate y el sistema de captura de Astrals es altamente entretenido durante todo el juego, los encuentros aleatorios y constantes no hacen más que alargar artificialmente las zonas.

En cuanto a nuestro protagonista, Hayato es el tipo callado y sin voz propio de estos juegos, aunque tenemos tienen la oportunidad de tomar ciertas decisiones a lo largo de la aventura. Pero no penséis que dichas decisiones afectan a la historia: simplemente dan una bonificación de Karma adicional según la respuesta que se haya dado. Afortunadamente, el personaje de Lua está ahí para hablar por los codos y cubrir la sosez del pobre Hayato.

La historia también nos da una de cal y otra de arena: Todo el argumento de The Lost Child parece muy épico y complejo, con numerosos panteones de dioses y criaturas, pero nunca se explica del todo qué es lo que realmente están tratando de lograr y cómo sus acciones pueden generar objetivos bastante oscuros para la humanidad. Muchas de las preguntas se responden al final, pero el título deja abierto muchos interrogantes debido a su confusa narrativa. Quizás se hayan dejado ciertas preguntas abiertas de cara a una hipotética secuela.

Técnicamente ya habréis visto que el título es bastante sencillote. Hay algunos personajes que tienen doblaje de voz (a elegir entre inglés y japonés), pero como en otros juegos de este tipo, leeremos toneladas de texto (en inglés). El apartado sonoro simplemente cumple, careciendo de la épica y la fanfarria de El Shaddai. Lo mismo se puede decir de los diseños de personajes, mazmorras y efectos de sonido. Sinceramente da la sensación de que estamos con un juego que no ha contado con el más holgado de los presupuestos, y que con un poco más ambición por parte de Kadokawa Games el juego hubiera ganado enteros, si bien el apartado técnico no es el principal reclamo de este tipo de propuestas.

Conclusiones infernales

Aquellos que tengáis un interés en los dungeons crawler, sabed que The Lost Child es una propuesta con la que seguramente disfrutaréis, si bien está lejos de la excelencia. Es posible caer en la tentación al considerarlo una imitación de Shin Megami Tensei, pero esto no sería del todo justo, ya que su sistema de combate busca aportar algo nuevo y distinguirse de otras propuetsas. Sinceramente, ciertos los aspectos técnicos podrían haberse pulido mucho más, pero eso no es óbice para que los más acérrimos fans de los JRPG se acerquen a este spin-off de esa disfrutable rareza que es El Shaddai.

6
Nota