Estamos demasiado acostumbrados a que nos lo den todo hecho en los juegos de carreras. No nos referimos a las competiciones en sí, donde sacar lo mejor de nosotros mismos, sino a los vehículos y accesorios. Por norma general, los títulos del género cuentan con un catálogo para personalizar el coche antes de comenzar la acción.

Como mucho, tienen una tienda donde adquirir esas mejoras. Tenemos que esforzarnos para desbloquear esos accesorios, pero al fin y al cabo, ya están perfectamente colocados y relucientes en la estantería, esperando ser comprados. ¿Pero y si fuera nuestra tarea salir a la ciudad a buscar cada parte del vehículo, cada mejora y cada accesorio para el conductor antes de iniciarse la carrera? Action Biker se basa en esta original idea.

 

 

La exploración en un juego de velocidad

Action Biker vio la luz en 1985, de la mano de Mastertronic. Se unió a los catálogos de Atari 8-bit family, Commodore 64 y ZX Spectrum, con bastantes diferencias en esta tercera plataforma. Como peculiaridad, tuvo como protagonista a Clumsy Colin, imagen de la marca de comida KP Skips. Ya hemos visto, en varias ocasiones, como la publicidad y los videojuegos han tenido siempre una estrecha relación.

Action Biker

Este personaje se disponía a formar parte de una importante carrera con su adorada moto. Sin embargo, no lo iba a tener sencillo. Le faltaban accesorios para poder montar, partes de la moto y mejoras necesarias, como el mismo aumento de la velocidad o de la capacidad para la gasolina. Así, antes de participar necesitaría reunir cada elemento.

La velocidad le dio la mano, en esta ocasión, a la exploración en un enorme mundo. Representaba una ciudad en armonía con la naturaleza. Los objetos a recoger tenían una imagen llamativa, por lo que sabríamos al instante cuáles eran. Lo mejor era que las mejoras podían utilizarse desde el momento de ser encontradas. La pena es que no todas aparecían en zonas de fácil acceso.

 

 

¡A la montaña rusa!

La ciudad contó con distintos caminos, carreteras, parques y gasolineras, pero su seña de identidad fueron las montañas rusas. A lo largo de la aventura nos toparíamos con varias de distintas formas. En las primeras, recogeríamos los objetos accediendo a su parte interna; conforme avanzásemos, tendríamos que subir por ellas.

La exploración no tardó en dar paso a la habilidad y al equilibrio como forma de prosperar. Estaríamos obligados a conducir por los más estrechos caminos, como los de esas montañas rusas, e incluso a saltar por peligrosos trampolines.

Action Biker

Lo que a priori se presentó como una tarea sencilla, daba paso a más muertes de las que podíamos imaginar. Un pequeño choque o una caída implicarían la pérdida de una vida o el inicio desde el principio, si ya no contábamos con más. La combinación entre la gestión del riesgo y la velocidad y la observación (para obtener buenos resultados) debían ir de la mano.

Por si no había suficiente con esas rutas imposibles, no debíamos descuidar la cantidad de gasolina que le quedaba a la moto. Para reponerla, bastaba con situarse en una gasolinera durante unos segundos. El problema era que, si apurábamos mucho, podíamos no encontrarla a tiempo.

En la parte inferior de la pantalla, además de la cantidad de combustible por colores, se mostraban la puntuación y el tiempo. Una vez más, su rejugabilidad llegaría al tratar de superar marcas anteriores. Ahora bien, ¿qué pasaba con la carrera?

Tras recoger todos y cada uno de los objetos, nos podríamos situar en la línea de meta. Al darle la señal, Clumsy Colin salía despedido, demostrando que había realizado una buena misión en un largo día. La decepción no tardaría en aparecer, puesto que la competición duraría tres segundos, sin ningún tipo de rival. Para colmo, sería una línea recta. ¿Necesitaba tanto sólo para eso? ¡Hasta el próximo Retromanía, talonianos!